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Especial. Cobertura DerHumALC 2013
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Exhibida en el marco de la Ventana Alemania, Carte blanche es una de las películas encargadas de cerrar el 15º Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos la noche del miércoles próximo. El documental de Heidi Specogna gira en torno a la investigación que la fiscalía de la Corte Penal Internacional realizó para llevar a juicio al congoleño Jean-Pierre Bemba Gombo en tanto responsable de los crímenes de lesa humanidad cometidos entre 2002 y 2003 contra la población de la República Centroafricana. La directora se concentra especialmente en uno de los cargos presentados: la perpetración de violaciones sistemáticas contra mujeres, hombres y niños.

El título del largometraje sintetiza la explicación de uno de los integrantes de la fiscalía que al momento de la investigación dirige el argentino Luis Moreno Ocampo: los ideólogos y/o altos mandos de masacres como Bemba evitan «dar órdenes» pues en el futuro éstas pueden ser rastreadas, verificadas y utilizadas como pruebas judiciales; en cambio sí «dan señales» o hacen gestos que en general sugieren la entrega de una «carta blanca» a los soldados para que se sientan libres de arrasar con el enemigo, es decir, de violentar todo tratado en defensa de los derechos humanos de las poblaciones civiles.

Aunque por medio de una aproximación más convencional u ortodoxa, Carte blanche coincide con la recién comentada The act of killing en desmentir la pretendida condición monstruosa o diabólica de los criminales de masa. El testimonio de la esposa e hijos del acusado, los argumentos de la defensa en torno a la naturaleza noble -por no decir heróica- de la intervención de las milicias congoleñas en territorio extranjero confirman que las prácticas de exterminio constituyen un fenómeno tan complejo como universal, irreductible al accionar circunstancial de un grupo de individuos perversos, enfermos, poseídos por el Mal (aquí otra vez irrumpe la teoría de Hannah Harendt).

Specogna y su co-guionista Sonja Heizmann trabajan con coraje, rigurosidad, sensibilidad, a partir de entrevistas realizadas a algunas víctimas de la masacre, a miembros del equipo de investigación, a los fiscales que presentaron los cargos y a familiares de Bemba (sobre todo a su esposa). El testimonio del médico forense es uno de los más conmovedores, por ejemplo cuando define la autopsia como oportunidad concedida a los muertos para que -ellos también- puedan contar su calvario y aportar pruebas a la causa.

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Especial. Cobertura DerHumALC 2013
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Quien alguna vez se preguntó qué pasa por la cabeza de un torturador, cómo convive con el recuerdo de la gente que martirizó y asesinó, de qué manera entiende su participación en un plan sistemático de exterminio encontrará en The act of killing la oportunidad de conocer algunas respuestas en boca de varios criminales de masa que gozan de la impunidad necesaria para expresarse con absoluta libertad. En este caso, los testimonios emanan de miembros de la fuerza paramilitar que a mediados de los años ’60 mató cerca de un millón de «comunistas» en Indonesia.

Antes de seguir, cabe aclarar que el director Joshua Oppenheimer es hijo de una de las víctimas de aquel genocidio cuyos ideólogos y autores materiales no sólo nunca fueron enjuiciados sino que siguen siendo funcionales al poder de turno. Para establecer contacto con el sicario Anwar Congo y sus secuaces, y para conseguir que declaren con total comodidad, el cineasta les propuso -sin revelar su historia personal- la realización de un proyecto cinematográfico destinado a rendirles homenaje por los servicios prestados. Dicho de otro modo, El acto de matar registra los entretelones del rodaje correspondiente, el intercambio de opiniones en torno a lo que debe mostrarse (y cómo debe mostrarse), a lo que realmente sucedió, y a los diferentes modos de lidiar con los fantasmas del pasado.

Las circunstancias de estos testimonios se oponen diametralmente al contexto del juicio histórico que enmarcó las declaraciones del nazi Adolf Eichmann, y sin embargo las observaciones de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal se revelan tan pertinentes como medio siglo atrás. Dicho de otro modo, la conducta de estos personajes derriba las hipótesis en torno a la perversión como obra de una fuerza suprahumana (diabólica o monstruosa según el caso) y en cambio confirma la terrible constatación de que el acto de matar en serie es exclusivo de nuestra especie, e incluso es ejecutado por individuos de apariencia normal, a veces vecinos, esposos, padres, abuelos ejemplares.

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Especial. Cobertura DerHumALC 2013
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Proyectado en el marco de la sección Memoria del 15º Festival Internacional de Cine y Derechos HumanosTodavía cantamos. Coro ‘Quiero retruco’ contribuye a difundir el propósito de la muestra, es decir, celebrar la capacidad transformadora del arte. De hecho, el documental dirigido por Modesto López y producido por Marta de Cea gira en torno al canto y al encuentro coral en tanto actividades reparadoras, al menos para dieciocho argentinos ex presos políticos, hijos, hermanos y familiares de desaparecidos provenientes de distintas organizaciones políticas que hace años se reúnen para cantarles a la vida, a la lucha, a los compañeros que ya no están, y para de paso terminar de curar heridas y renovar su compromiso por una sociedad inclusiva, con sentido de trabajo y bienestar colectivos.

Por si el nombre del coro no hubiera bastado, el director argentino radicado en México incluyó la célebre canción de Víctor Heredia en el título de su trabajo. De esta manera refuerza el homenaje a estos compatriotas víctimas de la represión, y sin embargo con una fortaleza a prueba del sufrimiento infligido y de un presente todavía atravesado por recuerdos dolorosos y cierta pena insuperable. Sin dudas, ante el testimonio de los entrevistados y ante esa suerte de omnipresencia conformada por los rostros de los desaparecidos, cuesta evitar el uso de un término tan de moda como «resiliencia«.

López recurre a material de archivo para enmarcar el retrato del coro y de algunas de sus voces. Al principio del film, impresiona la ocurrencia de proyectar imágenes hacia atrás, desde registros televisivos del trío conformado por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Orlando Ramón Agosti hasta filmaciones de José Félix Uriburu y Agustín P. Justo. La edición acelerada de este viaje en el tiempo hasta la década del ’30 resume de manera efectiva la pesadilla que gran parte del siglo XX representó para el pueblo argentino, sobre todo para quienes militaron en la izquierda peronista y no peronista.

A medida que transcurren los 78 minutos de película, los espectadores nos topamos con discursos de Massera y Videla que hemos olvidado o que desconocíamos. En este sentido, el trabajo de contextualización histórica resulta muy atinado, en parte por la inclusión de estas perlitas, en parte porque hace gala de una capacidad de síntesis saludable para quienes vimos tantos documentales sobre nuestras dictaduras, en especial la última.