Foto de InfoBAE.

Además de comentar el trabajo en líneas generales, el ministro de la Corte Suprema Eugenio Raúl Zaffaroni analizó brevemente algunas cifras y porcentajes del informe sobre violencia homicida, que presentó ayer miércoles en el Palacio de Tribunales. A continuación, Espectadores transcribe una síntesis de esta parte de la exposición.

La Ciudad de Buenos Aires posee unos 2.9 millones de habitantes. En 2011 fueron asesinados 190, cifra que remite a una tasa de criminalidad de 6.57 por mil. Se trata de un índice bajo, que un aumento mínimo puede alterar notablemente.

La tendencia observada en el informe de 2010 se mantiene en 2011: una mayor incidencia de criminalidad en la denominada «medialuna sur» porteña, donde se concentran los barrios de emergencia. La tasa delictiva en esta zona azul según muestra el siguiente mapa es de 13.8 por mil, en contraste con el resto de la ciudad cuya tasa desciende a 2.68 por mil, similar a las registradas en Europa occidental y Canadá.

 

Sin embargo, la implementación -el 4 de julio de 2011, por parte del Ministerio de Seguridad- del denominado «Plan Unidad Cinturón Sur» provocó una disminución de los homicidios en la medialuna conflictiva, aunque también cierto desplazamiento del delito hacia la Comuna 9 (conformada por los barrios de Mataderos, Liniers y Parque Avellaneda).

El título del presente post se inspira en este twit de la Dra. Alcira Pignata, personaje de ficción que -no termina de quedarme claro- ridiculiza o sintetiza la ideología de nuestra derecha más rancia. «Bala para este juez amigo del cannabis» reza el mensaje original, acompañado por el link al refrito que La Nación Online publicó, ayer a media mañana, en base a las coberturas de Página/12 y de Télam sobre la charla que el ministro de nuestra Corte Suprema Eugenio Raúl Zaffaroni brindó el martes pasado en la tercera jornada del ciclo Poder Económico y Terrorismo de Estado, a cargo de la Comisión por la Reconstrucción de la Memoria de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (dicho sea de paso, Perfil y Todo Noticias hicieron lo propio aquí y aquí).

La expresión de deseo evoca el fotomontaje que Espectadores diseñó más de un año atrás para ilustrar este otro post sobre la inquina de un sector de nuestro periodismo vernáculo contra el también director de la “Revista de Derecho Penal y Criminología” y autor de La cuestión criminal, Crímenes de masa, La Pachamama y el humano entre otros libros de lectura recomendable.

Si la Dra. Pignata fuera un personaje capusottiano como Arnaldo Pérez Manija o Micky Vainilla, entonces podríamos entender el reclamo «Bala para Zaffaroni» como una caricatura de los exabruptos que el título y la bajada de La Nación («Para Zaffaroni, los medios construyen `miedo y terror´/ El juez de la Corte Suprema dijo que `se intenta crear una realidad amenazante, caótica´y pidió `tener cuidado´») provocaron en varios compatriotas twitteros.

Entre estos argentinos indignados, figuran el secretario de redacción de La Nación Pablo Sirvén, el crítico de cine Gustavo Noriega, el ¿panelista o co-conductor? de Hora Clave Pablo Rossi (aquí, la captura de sus respectivos twits). También opinaron el ex diputado nacional en representación de la Ciudad de Buenos Aires por la Coalición Cívica Fernando Iglesias (podemos leerlo aquí) y el periodista Esteban Schmidt (aquí su intervención).

El maestro Eugenio Raúl Zaffaroni vuelve a abrirnos la cabeza con La Pachamama y el humano, libro que anoche presentó formalmente en la Biblioteca Nacional*. En su nuevo trabajo, el penalista y ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación cuestiona la condición exclusiva -por lo tanto excluyente- de los derechos que hombres y mujeres nos arrogamos en tanto especie pretendidamente superior, y que les negamos a los demás hijos de nuestra madre Tierra.

Como La cuestión criminal, esta publicación también invita a repasar ponencias filosóficas y jurídicas que construyeron el andamiaje de un sistema cuyo potencial destructivo nos empuja al borde de la extinción. Además permite descubrir pensadores, comunidades e iniciativas que impulsan un cambio a favor de una convivencia armoniosa con la naturaleza, llámese «buen vivir» o «sumak kawsay» según la voz quichua ecuatoriana.

Descartes, Hegel, Spencer, el antropocentrismo, el etnocentrismo blanco, el ejercicio salvaje del capitalismo son algunos de los autores y fenómenos conocidos que Zaffaroni contrapone con un enorme caudal de información que los legos en la materia ignoramos: desde citas y observaciones de especialistas como Aldo Leopold, Peter Singer, Tom Regan hasta considerandos innovadores de las Constituciones de Ecuador de 2008 y Bolivia de 2009, pasando por los postulados de las ecologías ambientalista y profunda (o deep ecology).

De esta manera, el Maestro desarticula verdades supuestamente reveladas que la escuela y demás medios de difusión formal nos inculcan en detrimento de nuestra propia (sobre)vida. En este sentido, resulta muy interesante el apartado sobre la desconfianza política hacia el movimiento ecológico.

Es más… Vale transcribir los siguientes párrafos que parecen inspirados en el exabrupto del gobernador de San Juan, José Luis Gioja, sobre la supuesta inclinación nazi de los asambleístas de Famatina

Dado que la ecología profunda necesariamente debe criticar el sistema productivo actual, no faltan quienes la creen una tentativa de legitimar un nuevo stalinismo con diferente discurso legitimante. Por otro lado, como muchas veces reivindica un localismo que revaloriza la vida austera, otros sospechan que oculta una nostalgia fascista (o petainista en Francia).

(…)

Es muy fácil pervertir el discurso ecológico, en particular profundo, hasta caricaturizarlo y convertirlo en un discurso contrario a las declaraciones de derechos humanos y presentar el geocentrismo o cualquier otra tentativa de reconocer el carácter de sujeto de derechos a la naturaleza, como un discurso antihumanista que, por quitar al humano del lugar de titular del dominio absoluto de la naturaleza, lo degrada a microbio eliminable si se opone a su conservación.

(…)

En definitiva, la objeción contra el reconocimiento de la titularidad de derechos de la naturaleza en base a estas posibles perversiones discursivas no es más que la reiteración de la primaria reacción que a lo largo de la historia se ha registrado ante cualquier noticia que le advierte al humano que no es tan centro ni tan privilegiado como se ha creído: desde Copérnico hasta Darwin o Freud viene pasando lo mismo.

La Pachamama y el humano es un libro tan necesario como La cuestión criminal. Aprovechemos esta oportunidad de seguir aprendiendo y de liberarnos de otras enseñanzas falsas que atentan contra nuestra integridad.

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* Presentación en la Biblioteca Nacional. Cobertura
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