El título del presente post se inspira en este twit de la Dra. Alcira Pignata, personaje de ficción que -no termina de quedarme claro- ridiculiza o sintetiza la ideología de nuestra derecha más rancia. «Bala para este juez amigo del cannabis» reza el mensaje original, acompañado por el link al refrito que La Nación Online publicó, ayer a media mañana, en base a las coberturas de Página/12 y de Télam sobre la charla que el ministro de nuestra Corte Suprema Eugenio Raúl Zaffaroni brindó el martes pasado en la tercera jornada del ciclo Poder Económico y Terrorismo de Estado, a cargo de la Comisión por la Reconstrucción de la Memoria de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (dicho sea de paso, Perfil y Todo Noticias hicieron lo propio aquí y aquí).

La expresión de deseo evoca el fotomontaje que Espectadores diseñó más de un año atrás para ilustrar este otro post sobre la inquina de un sector de nuestro periodismo vernáculo contra el también director de la “Revista de Derecho Penal y Criminología” y autor de La cuestión criminal, Crímenes de masa, La Pachamama y el humano entre otros libros de lectura recomendable.

Si la Dra. Pignata fuera un personaje capusottiano como Arnaldo Pérez Manija o Micky Vainilla, entonces podríamos entender el reclamo «Bala para Zaffaroni» como una caricatura de los exabruptos que el título y la bajada de La Nación («Para Zaffaroni, los medios construyen `miedo y terror´/ El juez de la Corte Suprema dijo que `se intenta crear una realidad amenazante, caótica´y pidió `tener cuidado´») provocaron en varios compatriotas twitteros.

Entre estos argentinos indignados, figuran el secretario de redacción de La Nación Pablo Sirvén, el crítico de cine Gustavo Noriega, el ¿panelista o co-conductor? de Hora Clave Pablo Rossi (aquí, la captura de sus respectivos twits). También opinaron el ex diputado nacional en representación de la Ciudad de Buenos Aires por la Coalición Cívica Fernando Iglesias (podemos leerlo aquí) y el periodista Esteban Schmidt (aquí su intervención).

De los últimos posts que Paul Krugman le dedica a la campaña electoral en los Estados Unidos (el economista norteamericano tiene un blog en el New York Times), éste del 14 de octubre debería sembrar alguna duda entre los argentinos convencidos de que los Estados Unidos son un país modelo. «Muerte por ideología» se titula el texto que refuta otra afirmación polémica del candidato republicano Mitt Romney, y de paso advierte a los norteamericanos sin acceso a un mínimo seguro médico sobre el futuro negro que se esconde detrás de una eventual victoria conservadora.

«(En los EE.UU) nadie se enferma y muere en su departamento por no tener seguro» fue la declaración que detonó la elaboración del artículo en cuestión, y que refuerza la idea de que «las salas de emergencia ofrecen una atención básica a quienes carecen de cobertura». Por esta simple razón, que al parecer también habría esgrimido George W. Bush, ningún ciudadano americano fallece por falta de atención profesional, según el rival de Barack Obama.

Krugman contesta con un dejo de indignación: «la sola idea de que la gente recibe la debida atención urgente en las salas de emergencia se revela falsa. Es cierto que los hospitales deben atender toda urgencia por ley, sin importar si el paciente puede pagar o no. Pero esta asistencia no es gratuita en realidad. Al contrario, tras acudir a una sala de emergencias, uno recibe una factura con un monto que puede ser sorprendentemente alto. Independientemente de si pueden pagarlo o no, algunas personas sin seguro médico dejan de recurrir a las guardias por miedo a estas facturas y aún cuando su salud corre peligro. Así es como a veces terminan muriendo».

El economista norteamericano advierte además que «las salas de emergencia no sustituyen la atención regular, especialmente en el caso de ciertas enfermedades crónicas. Cuando estos problemas no son tratados -cosa frecuente entre los ciudadanos sin cobertura- el traslado a una sala de emergencia puede convertirse fácilmente en un fallido intento de salvar vidas».

«¿De cuántas muertes estamos hablando?», se pregunta Krugman para luego señalar la dificultad en responderla. «A los conservadores les encanta citar las estudios que convenientemente cuestionan la capacidad de las coberturas para salvar vidas. Sin embargo, existe una evidencia irrefutable: quienes poseen un seguro médico tienen más chances de salvar sus vidas que quienes no. Por ejemplo, los Estados que expanden la cobertura médica a una mayor parte de la población experimentan un notable descenso del índice de mortalidad, en contraste con los vecinos que se abstienen de ampliarla».

La denuncia contra la presunta manipulación del prólogo de la octava edición del Nunca Más alimenta la sospecha que algunos oyentes de Magdalena Tempranísimo -sin dudas una ínfima minoría- rumiamos hace tiempo: la Sra. Ruiz Guiñazú se aparta cada vez más del ejercicio periodístico riguroso. Esta suerte de alejamiento llama la atención en una profesional de trayectoria que además sigue defendiendo los principios de la prensa seria, objetiva, neutral, independiente.

Ayer lunes, Magdalena aprovechó su espacio en AM Continental para reforzar la indignación expresada en la columna de opinión «Robar a los muertos«, que el diario La Nación publicó esa misma mañana y que Eudeba contestó horas más tarde (la versión más extensa de la respuesta figura en InfoNews). Hoy, en tanto conductora radial, insistió en acusar al kirchnerismo de haber borrado la firma de Ernesto Sábato del prólogo original, y de confundir el informe de la Conadep con un «programa» de vigencia actual.

Ruiz Guiñazú ignoró olímpicamente el PDF que Eudeba difundió para probar la ausencia de firmas en el prólogo de la primera edición del Nunca Más. En cambio, eligió citar el link a esta página web «donde la versión digital del prólogo en cuestión no sólo lleva la rúbrica del escritor argentino sino su foto».

Evidentemente Magdalena es poco ducha con Internet. De lo contrario, se habría dado cuenta de que la página en cuestión pertenece a una revista virtual, Derechos Humanos, que -como tal- admite la edición e ilustración de sus contenidos. En otras palabras, la publicación de la firma y la(s) foto(s) en esta mera transcripción (a no confundir con «versión digital») es exclusiva responsabilidad de quien llevó adelante esa pequeña publicación online.

En su programa de esta mañana, la periodista leyó la última frase del segundo prólogo agregado en 2006 («El Nunca Más es un vasto programa a realizar por el Estado nacional, por las provincias y municipios y por la sociedad argentina en su conjunto, si queremos construir una Nación realmente integrada y un país más justo y más humano para todos») para probar la apropiación kirchnerista del trabajo que la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas realizó en 1984, bajo la Presidencia de Raúl Ricardo Alfonsín.

Por respeto a la ecuanimidad profesional que tanto reivindica, Magdalena debería haber leído el segundo párrafo del mismo segundo prólogo, que desmiente la presunta intención negacionista de la administración K. Atención por favor: «A partir del restablecimiento de las instituciones constitucionales, el 10 de diciembre de 1983, hubo grandes hitos como el informe de la Conadep, que hoy vuelve a reeditarse, y el juicio a los integrantes de las tres primeras juntas militares, entre otros procesos judiciales».

La foto que ilustra este post es una de las tantas que Robert Weide incluyó en su tributo Woody Allen: a documentary. Así de íntimo parece este trabajo presentado en dos versiones: una televisiva (que se estrenó en 2011 como parte de la serie American masters, y que dura más de tres horas) y otra cinematográfica (de 113 minutos, que ahora se encuentra de gira internacional). A propósito, si Brasil figura entre los destinos elegidos (en este caso, para febrero de 2013), ¿por qué no pretender que -en cualquiera de sus formatos- el film también llegue a nuestro país?

Productor y director de varios capítulos de la exitosa Curb your enthusiasm y otra vez director de la aquí comentada Cómo perder a tus amigos y alienar gente. Éstos son los principales antecedentes profesionales de quien consiguió que el cineasta neoyorkino accediera a conversar sobre su carrera, su filmografía y un poquito sobre su vida privada. El logro no es menor, tratándose de una figura tan fóbica a la exposición pública.

En esta entrevista que Caroline Frost le hizo en junio pasado para el Huffington Post, Weide explica que esta reticencia «no tiene nada que ver con una cuestión de control» sino con una manera de concebirse a sí mismo. De hecho, Allen considera que «sus películas no garantizan ningún tipo de discusión seria o de tratamiento documental: él no es Kurosawa, Fellini ni Bergman, realizadores que admira y que según su opinión sí son dignos de un estudio como éste».

El autor del homenaje cuenta que Woody le sugirió hacer el film sin entrevistarlo: otras personas podrían hablar en su lugar. «Le contesté que no me interesaba esa alternativa -recuerda- y, aún después de haber aceptado la propuesta, siguió dudando sobre la idea de participar en su propio tributo».

En esta otra entrevista concedida al New Zealand Listener en marzo pasado, Weide también cuenta que Allen impuso una sola condición para la realización del documental: poder echarle un vistazo una vez terminado, «por si hubiera algo terriblemente inapropiado o sacado de contexto». Robert recuerda que, ante uno o dos extractos de sus viejos stand-ups, Woody dijo: «por favor, no soporto que esto aparezca en el film; ¿no podés reemplazarlo?».

Por lo demás, la predisposición fue tan buena que el homenajeado aceptó referirse al escándalo mediático de los ’90 cuando se separó de Mia Farrow. De todos modos, Weide le retaceó protagonismo a este tema dada la intención de concentrarse en la trayectoria profesional de su admirado Allen.

El trailer del largometraje anticipa algunos testimonios de actores y miembros del equipo técnico que trabajaron con el cineasta neoyorkino: Diane Keaton, Scarlett Johansson, Owen Wilson, Josh Brolin, Naomi Watts, Mariel Hemingway entre otros. Martin Scorsese también aportó lo suyo.