El viernes pasado Dakota del Sur se convirtió en el primer estado norteamericano en promulgar una ley que autoriza de manera explícita la portación de armas por parte de empleados de escuelas, entre ellos maestros. Según el New York Times, otros estados cuentan con leyes que admiten -o no prohiben- que los docentes vayan a trabajar armados (de hecho esto es habitual en más de un establecimiento, por ejemplo en la Harrold Independent School District de Texas desde 2008) pero -insiste el periódico- Dakota del Sur es el único con una autorización específica.

El gobernador Dennis Daugaard firmó la ley que entrará en vigencia el próximo 1° de julio, y que se gestó tras este atentado contra una escuela de Connecticut registrado a fines del año pasado y la inmediata convocatoria de la National Rifle Association a garantizar la seguridad de los establecimientos escolares de una docena de estados. El republicano Scott Craig, promotor de la norma, la calificó ante el mismo NYT como «preventiva» y «proactiva».

Siempre según el diario neoyorkino, la ley establece que cualquier escuela de distrito puede autorizar la portación de armas o bien a un empleado (docente, administrativo, de maestranza), o bien a un agente de seguridad contratado o bien a un voluntario dispuesto a capacitarse y a servir como vigilador (un padre de alumno, por ejemplo). Pero atención: antes debe contar con el permiso gubernamental necesario para implementar la iniciativa.

Quizás ahora lo escuchemos con menos frecuencia pero hubo un tiempo en que un prototipo de argentino solía afirmar con toda seguridad que nuestra suerte habría sido muy distinta (nos habríamos convertido en potencia mundial) si hubiéramos sido colonia inglesa en vez de española. Estos compatriotas ¿sarmientinos? evocan entre suspiros la potencia de Estados Unidos, Canadá, Australia para probar la pertinencia de su teoría político-sociológica. Rara vez se les ocurría repasar con atención la historia de los tres países ejemplares y/o confrontarla con la menos elogiable evolución de otras ex colonias británicas: India, Sudáfrica, Nigeria, Kenia entre tantísimas otras.

Este mismo determinismo anglófilo rige el pensamiento de los compatriotas que hoy piden respetar la voluntad de los kelpers respecto de Malvinas. Muchos se sintieron representados por el manifiesto que Beatriz Sarlo y su esposo Rafael Filippelli, Jorge Lanata, Juan José Sebreli, Pepe Eliaschev, Santiago Kovadloff entre otros «17 intelectuales, constitucionalistas y periodistas argentinos» publicaron a principios de 2012 en el diario La Nación.

Detrás del argumento basado en el derecho a la autodeterminación de los pueblos, vuelve a asomar la convicción sobre las ventajas de la tutela inglesa. Cómo pretender que los kelpers la rechacen cuando se trata de la mejor alternativa. Si lo sabremos quienes convivimos con las secuelas de una corona española incompetente y con todo lo que vino después, incluidos el fenómeno de mestizaje, el desembarco de inmigrantes de la Europa atrasada, el advenimiento del peronismo y su hijo (bastardo para algunos), el kirchnerismo.