Mi mejor amiga

La película de Sallitt se estrenó el último jueves de mayo en una de las tres salas virtuales que la asociación de directores de cine PCI habilitó semanas atrás.

De las escasas películas estadounidenses indies que llegan a la Argentina, la mayoría se proyecta en festivales de cine únicamente. Los administradores de las salas comerciales no parecen interesados en realizadores poco o nada conocidos, ni en obras ajenas a los criterios narrativos y estéticos de Hollywood. A contramano de esta costumbre, la Asociación de Directores de Cine PCI estrenó Fourteen en una de las salas virtuales que activó en su sitio web. Lo hizo seis meses después de que el quinto largometraje de Dan Sallitt se proyectara en la sección Autores del 34º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

El título Catorce remite a un punto de inflexión en la vida de Jo y por carácter transitivo de Mara. Sin embargo, esa edad clave es mencionada una sola vez en el film, como referencia temporal de la amistad histórica que mantiene unidas a las jóvenes adultas interpretadas por Norma Kuhling y Tallie Medel.

A Sallitt le importa el ahora de esa relación, un ahora laxo pues abarca casi una década. Ese present continuous –tal como conjugan los anglosajones– permite asistir a la evolución del vínculo afectivo y a las maneras diferentes en que maduran las dos muchachas primero veinte, luego treintañeras.

Catorce representa un desafío para quienes les huimos a las películas verborrágicas, afectas a los duelos discursivos. Vale la pena enfrentarlo, pues más allá de los parlamentos suculentos, asoma una Nueva York y un Estados Unidos distintos a los que conocemos a través de las producciones hollywoodenses y de autores tan opuestos como Woody Allen y Spike Lee.  

En otras palabras, entre los largometrajes made in USA que copan nuestras pantallas grandes y chicas, es excepcional aquél que aborda la amistad –progresivamente conflictiva– entre dos ex compañeras de colegio secundario que se ganan la vida, una como aspirante a trabajadora social y la otra como asistente escolar en jardines de infantes. Ni Jo ni Mara –ni los congéneres que las rodean– buscan triunfar en un buffet de abogados, en Wall Street, en un emporio mediático o en la industria audiovisual.

Lejos de estos estereotipos, Sallitt puede tomarse el tiempo necesario para retratar a las protagonistas dentro y fuera de la relación que iniciaron a sus catorce años. Pincel fino en mano, el realizador también expone la capacidad (auto)destructiva de algunas personalidades tóxicas.

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