Crónica de una convivencia intensa en la casa paterna

La docuficción de Castro se estrenó a principios de marzo en la sala Lugones y en el Malba.

Familia de Edgardo Castro es una de las últimas películas argentinas que se estrenaron en Buenos Aires, antes de que las salas de cine cerraran por respeto a la cuarentena anti-coronavirus. Porque gira en torno a la convivencia cuerpo-a-cuerpo que el también autor de La noche sostiene con sus progenitores y una hermana en el seno de la casa paterna, este largometraje se resignifica en nuestro presente claustrofóbico y ¿apocalíptico?

El actor y realizador chubutense, radicado en Buenos Aires, aprovecha una visita navideña a su ciudad natal para retratar a los suyos y a él mismo. La mayor parte del film transcurre en la cocina, el living, las habitaciones, el baño, el garage del hogar familiar. Son excepcionales los momentos de soledad y es frecuente la coincidencia de dos o más parientes en un mismo ambiente.

Algunas secuencias –por ejemplo aquélla donde Castro abre la puerta del baño y se topa con su progenitora tan instalada sobre el inodoro como indiferente a la irrupción– sugieren que este ejercicio se ubica más cerca de la ficción que del documental. La hipótesis se refuerza ante la importancia que el realizador les acuerda a los entretelones de la novela turca que su mamá y hermana miran con sistematicidad pero sin retacearle atención al teléfono celular.

No parece inocente la decisión de convertir los aposentos del sultán Suleimán en una suerte de extensión del living-comedor chubutense. Las dramáticas revelaciones que la pantalla del televisor dispara, y que mamá Castro comenta en voz alta, contrastan con la rutina insípida y tediosa de la familia retratada.

A principios de marzo, cuando el coronavirus nos amenazaba a distancia, Familia demolía sin piedad toda representación romántica –léase publicitaria– de la llamada «piedra angular de la sociedad». También señalaba el límite difuso entre compañía y soledad o, en otras palabras, el sentimiento de soledad que la convivencia obligada a veces exacerba.

Castro monta su laboratorio sobre cierta tradición navideña. La naturaleza acotada o estacional de su estadía limita la duración el experimento, que en cambio parece perpetuarse cuando se lo recuerda en plena cuarentena. Si el realizador decidiera imitar a los colegas que en estos días (re)estrenaron sus largometrajes más recientes en alguna plataforma online, Familia seguiría siendo un docudrama recomendable pero –atención– no apta para los espectadores adultos que cuarentenean con varios integrantes de su parentella.

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Contenidos complementarios
Reseña del primer largometraje de Castro, La noche
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