«Me gustaría que mi documental se convirtiera en herramienta de lucha»

Vassallo filmó su documental a partir de un guión escrito por Marta Dillon, fundadora del movimiento NiUnaMenos.

«Línea 137 es uno de esos documentales que conviene hacer con un equipo muy unido, que sepa bancarse en muchos aspectos» reflexiona Lucía Vassallo a propósito del largometraje que estrenará en abril próximo después de más de tres años de trabajo. En diálogo con Espectadores, la realizadora argentina conjuga el verbo Bancar cada vez que menciona las «situaciones de mucha tensión» que ella y su equipo filmaron para esta aproximación a la rutina diaria de los trabajadores del programa Las Víctimas contra las Violencias y su línea telefónica gratuita 137, que nuestro Estado nacional creó en 2006 y que Eva Giberti coordina desde entonces para atender, asesorar, acompañar a mujeres, adolescentes, niños sometidos a abusos físicos y/o sexuales en o fuera de sus hogares.

«Al principio pensé que, además de dirigir y de trabajar en la producción, yo también podría hacer la cámara. Me hizo desistir el miedo que sentí la primera jornada de rodaje, cuando quise cubrir el allanamiento a la casa de un agresor presuntamente armado»… Con estas palabras, Vassallo vuelve a dar cuenta de la envergadura del proyecto que presentó ante el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales en octubre de 2016, y que busca llamar la atención sobre las dimensiones de la violencia machista en nuestro país. 

«No es un documental institucional» aclaró la realizadora cuando este blog la entrevistó por primera vez, a principios de 2018. En aquel entonces, la también autora de La cárcel del fin del mundo explicó que el riesgo de burnout –o agotamiento por estrés– es el tema central de esta producción de Pensilvania Films, con guion de la periodista, escritora y activista feminista Marta Dillon.

Dos años atrás, Vassallo también se refirió a un plan de rodaje que contemplaba viajes a las dos provincias cuyos gobiernos implementaron una versión local de Las Víctimas contra las Violencias: Chaco y Misiones. Finalmente el proyecto se circunscribió al funcionamiento del programa en CABA y en Resistencia.

E: Además de anunciar que Línea 137 se concentraría en el riesgo de burnout, en enero de 2018 contaste que el guion original de Dillon estaba dividido en cuatro episodios, cada uno centrado en un profesional de Las Víctimas… y en la resolución de un caso. ¿La película terminada respeta esta estructura narrativa y aquel objetivo central? Si se apartó, ¿en qué medida lo hizo?

LV: El corte final respeta el objetivo mencionado aquella vez. Filmamos guardias; seguimos casos; conseguimos que el burnout se perciba en las miradas y en las conversaciones de los profesionales retratados. Hay que tener en cuenta que las guardias son de doce horas, en las que a veces se resuelve más de un caso.

En cuanto a la estructura del guion, respetamos la elección de cuatro protagonistas: tres agentes –dos mujeres y un varón– de la Línea 137 que funciona en Capital Federal y una agente de la Línea 137 que funciona en Resistencia. Desde este punto de vista, cumplimos con los cuatro episodios.

En cambio, los casos con los que nos topamos superan en cantidad a aquéllos contemplados por el guion de Marta. Entonces, en lugar de abordar cuatro casos atendidos por personal del programa Las Víctimas…, el documental ofrece cuatro hilos conductores representados por los trabajadores elegidos: Liliana, Marcela y Adrián de CABA, y Macarena de Chaco.

Estos psicólogos o asistentes sociales trabajan de a dos. En términos narrativos, el otro integrante de la dupla equivale a un coprotagonista.

E: ¿Dillon intervino en alguna instancia del proyecto?

LV: Sí. Además de investigadora y guionista del documental, Marta es una amiga. Fue viendo el material mientras íbamos rodando y asistió a algunas jornadas de montaje... Ahora está pendiente del cronograma de presentaciones del largo.

E: A principios de 2018 ya habías empezado a filmar en la Ciudad de Buenos Aires y estabas por viajar a Resistencia. ¿Qué le aportó la edición chaqueña del programa a Línea 137?

LV: Estuvimos en el Chaco en dos ocasiones. La primera vez nos quedamos una semana para hacer un trabajo de aproximación; la segunda vez filmamos durante quince días. Dicho esto, tuve más tiempo de desarrollo e investigación en Buenos Aires, donde vivo.

La cobertura porteña de Las Víctimas… termina en la Avenida General Paz, es decir, no llega al conurbano bonaerense. Por lo tanto, el contraste con Resistencia fue grande. Una vez que me acostumbré –si es posible acostumbrarse– a las complejidades de los casos filmados en CABA, una vez que sentí que contaba con las herramientas necesarias para afrontar este proyecto sin quebrarme, apareció el Chaco.

La experiencia chaqueña le aportó al film una porción de realidad más cruda, que se ve en algunos vínculos interpersonales y en el tipo de violencia ejercida.


E
: Tal como sugiere el nombre del programa, Las Víctimas contra las Violencias busca empoderar a la víctima. Por otra parte, en 2018 adelantaste tu decisión de preservar la identidad de las personas violentadas: «Quiero contar los casos atendidos sin mostrar rostros ni revelar datos», dijiste… ¿Cómo les acordaste protagonismo a quienes preferiste no exponer?

LV: Lo hice desde la puesta de cámara. Como el trailer, la película tampoco muestra las caras de las víctimas. Además las voces fueron un poquito distorsionadas. Con el director de fotografía Fernando Marticorena, trabajamos mucho con los encuadres, cosa complicada cuando filmamos en camionetas en movimiento o en comisarías u hospitales con gente transitando.

A las víctimas se las escucha siempre pero nunca se las muestra. Además de poner el foco en los protagonistas que son los psicólogos y asistentes sociales a cargo de la Línea 137, trabajamos mucho distintas opciones de recorte, sobre todo los planos detalles. De esta manera, Fernando logró manejar un nivel estético que a mí me interesaba, y que surgió de toda una búsqueda porque no queríamos recurrir al blur, es decir, a la técnica que consiste en desenfocar rostros en la instancia de posproducción.

E: El trailer parece anunciar una película consecuente con el concepto de intervención urgente, donde cada minuto transcurrido puede resultar vital (o mortal). ¿Qué recursos utilizaste para expresar la noción acuciante del tiempo?

LV: El montaje es el recurso que utilizamos para trabajar el paso del tiempo, ya sea en situaciones de tensión como en situaciones opuestas: en las guardias, las horas y sobre todo las noches se hacen un poco eternas. El trabajo a cargo de Martín Blousson fue muy bueno, fruto del proceso de muchos meses.

E: ¿Qué encontraste cuando viste todo el material filmado?

LV: Encontré un montón de películas porque… tenía un montón de material, mucho más del que esperaba. En las guardias de doce horas a veces se atendía más de un caso; entonces tenía que decidir qué casos contar.

E: ¿Cuánto material filmaste, y cuánto dura el largometraje?

LV: Línea 137 dura 82 minutos pero no puedo precisar en horas la cantidad de material grabado. Sí puedo decir que filmamos dos semanas seguidas en Resistencia y alrededor de tres en Buenos Aires, pero no de corrido sino a lo largo de bastante tiempo.

Filmamos guardias, aún cuando no pasaba nada, y filmamos mucho en el call center. Cuando un llamado activaba alguna intervención in situ, sacaba la cámara para cubrirla en tiempo real.

Filmamos entre cinco y ocho horas de material por jornada. Sacá la cuenta

E: Si multiplicamos el promedio diario de seis horas y media por cinco semanas, es decir, por 35 días, el resultado ronda las 227 horas. Te quedó muchísimo material afuera del corte final…

LV: Así es. Como quedó tanta tela por cortar, estamos trabajando en la serie Línea 137 a través del programa Ibermedia.

E: Cuando hablamos a principios de 2018, contaste que tuviste que buscar reemplazo para la jefa de producción inicial, que se asustó y abandonó el proyecto. ¿Hubo otras deserciones a medida que avanzó el rodaje?

LV: No… Al contrario, cuando me di cuenta de que no iba a poder hacer todo yo, se sumó el director de fotografía. En cuanto a la jefa de producción que se fue, la reemplazó Inés Vera, que se la súper bancó.

La verdad es que armamos un equipo técnico súper unido donde nos bancamos en muchos aspectos. Línea 137 es uno de esos documentales que conviene hacer con un alto nivel de compañerismo.

E: Mientras se encontraba en etapa de posproducción, Línea 137 participó de los meetings de DocMontevideo y de la sección Work in Progress de ChileDoc Conecta. ¿Qué aportaron estas experiencias al proyecto original?

LV: Estos encuentros se dieron cuando ya teníamos un primer armado de material, y estábamos por ponernos a editar. Yo asistí al de Chile, que estuvo buenísimo porque proyectamos un work in progress en un cine donde asistieron personas que viven de festival en festival y de mercado en mercado. También participamos de rondas one-on-one y cronometradas, donde contamos con veinte minutos para mostrar un teaser y exponer el proyecto ante productores, programadores de festivales, distribuidores.

Tanto la proyección como las rondas me sirvieron mucho porque yo acababa de filmar, había visionado el material pero todavía no me había sentado con el montajista a cortar y pegar. Algunas devoluciones me ayudaron a reconocer las repercusiones del trabajo realizado en hombres y mujeres de diferentes edades, nacionalidades, culturas.

E: ¿Línea 137 tuvo su première mundial en el 41° Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. ¿Cómo reaccionó el público?

LV: La experiencia en La Habana fue increíble. Para empezar, yo tenía el sueño de estrenar ahí porque este festival me parece muy importante a nivel documental, y porque me gustaba mucho la idea de presentar el film en Latinoamérica (Línea 137 es una película muy latinoamericana).

Por otra parte, éste es un festival particular porque asiste un público no necesariamente cinéfilo que llena salas gigantes. De repente hay quinientas personas mirando una ficción de Ken Loach.

En cuanto a la exhibición de nuestro trabajo, fueron dos funciones con la sala bastante llena. Asistieron alumnas de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños y estuvimos hablando a la salida; una de ellas lloraba y me agradeció mucho el documental. También se acercó un hombre sensibilizado que dijo haber sufrido mucha violencia por su condición gay.

E: Según esta gacetilla de prensa, Línea 137 se estrenará en nuestro país en abril próximo. ¿Cómo imaginás este momento?

LV: La idea es estrenar cuando empiecen a solucionarse los problemas de exhibición. A mí me encantaría estrenar en el Chaco, porque parte de la película fue filmada ahí, y en Buenos Aires, en el Gaumont y en el Malba.

Me cuesta imaginar qué pasará porque las películas tienen vida propia, pero sí  puedo decir qué me gustaría… Me gustaría que Línea 137 se convierta en una «herramienta de lucha» como dijo Marta cuando me entregó su guion. Quisiera que la exhibición del film ayude a difundir un servicio estatal mucho más abarcativo que aquél que ofrece la más difundida Línea 144.

Ojalá nuestro documental sirva para que Las Víctimas contra las Violencias se extienda al resto del país. Cuando presenté el proyecto ante el INCAA, una estadística nacional registraba la muerte de una mujer por violencia de género cada treinta horas. En lo que llevamos de 2020, la frecuencia se redujo a 23 horas. Entonces deseo que después del estreno local de Línea 137 haya voluntad política para que Las Víctimas… se implemente en todo nuestro territorio.

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PD. Paula Montenegro tomó la foto de Vassallo.

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