Ojo con los bichos

En Buenos Aires, la película de Bong se estrenará el 23 de enero en los complejos Cinepolis, Showcase, Hoyts, Cinemark, Multiplex, Atlas y Cinema City General Paz.

Con perdón de quienes consideran que la crítica de una película no debe empezar con la mención de otra, la autora de esta reseña siente la imperiosa necesidad de relacionar la premiada, nominada y esperada Parásitos con Los dueños, que se estrenó en abril de 2014. Seis años antes que el surcoreano Bong Joon Ho, los tucumanos Agustín Toscano y Ezequiel Radusky convirtieron la casa de una familia adinerada –una estancia, concretamente– en escenario para una representación satírica de la lucha de clases en el siglo XXI. También jugaron con la ambivalencia del título elegido: ¿quiénes son los verdaderos dueños en esa crónica de una disputa por la propiedad y el poder?

El humor juega un papel clave en uno y otro largometraje, pero varía el estilo. Mientras Toscano y Radusky desarrollaron una veta más bien simpática, Bong apostó a una versión negra, corrosiva, con grandes salpicones de violencia explícita. Esta característica lo aleja de la dupla argentina y lo acerca al japonés Takeshi Kitano y al estadounidense Quentin Tarantino.

Aún bajo la luz de referencias virtuosas, el nuevo film del realizador asiático parece insuperable. Por un lado, el guion escrito con Han Jin-won derrocha precisión en cuanto a la caracterización de los personajes y a la superposición de capas narrativas que sostienen el duelo progresivo entre los Kim y los Park. Por otro lado, los actores ofrecen un desempeño individual y colectivo notable: nadie desentona en esta fábula feroz sobre la desigualdad social y su contracara, la fantasía de (meritorio) ascenso piramidal.

El también autor de Snowpiercer invita a reconocer la grieta sociológica a través de tres sentidos: visual (contrasta la espaciosa residencia de los Park con la suerte de sótano comprimido e inundable que habitan los Kim), auditivo (el uso de expresiones en inglés impostado en boca de la familia burguesa) y olfativo (en al menos dos ocasiones los patrones aluden al perfume de su chofer). La idea de un plan en este contexto invita a la reflexión filosófica: quizás el discurso de Kim Ki-taek sobre la incompatibilidad de la vida con las estrategias habría llamado la atención de Jean-Paul Sartre y Albert Camus.

Aquí también vale preguntar quiénes son los verdaderos… parásitos en este caso. Antes de arriesgar una respuesta, los espectadores harán bien en esperar que Bong exponga todas sus jugadas, que son originales, variadas, inteligentes y por lo tanto poco o nada previsibles.

El realizador parece haber pegado un gran salto cualitativo desde su película anterior, Okja. Aunque muy ocurrente, aquella otra fábula que también cosechó nominaciones y premios transita un camino menos sorprendente.

Obra redondita por donde se la mire, Parásitos también alude a la división irreconciliable entre las dos Coreas. La imitación de un conductor de noticiero de la República Popular Democrática alimenta la sensación de que Bong entiende que la mejor manera de abordar el presente –local y globalizado– es con un sentido del humor descarnado.

Días atrás, The Hollywood Reporter informó que HBO inició negociaciones para producir una versión televisiva de Gisaengchung (así se pronuncia el título original). El proyecto de mini-serie hablada en inglés quedaría a cargo del mismo Bong y de Adam McKay, productor de la exitosa Succession.

A priori esta sociedad creativa suena auspiciosa para quienes celebramos la película surcoreana y la serie estadounidense. Dicho esto, conviene ver la primera antes de que la adaptación para TV le retacee singularidad.