Haiek, un facilitador

«Para facilitar las tareas propias de la transición, solicito tenga a bien considerar como fecha de mi resignación la del día lunes 9 de diciembre de 2019″… Anoche comenzó la difusión mediática de la carta de renuncia que Ralph Haiek le envió a Mauricio Macri justo una semana antes.

Si se tratara de otro funcionario, podríamos sacarle el cuero por pretender que su renuncia en la víspera del traspaso presidencial simplifica la mentada transición. Pero –recordemos las declaraciones públicas, los comunicados, los informes hechos por referentes atendibles de la comunidad audiovisual nacional– Haiek presidió el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de una manera nefasta, tanto que su gestión es la más criticada de los últimos 35 años. Entonces, en este marco, una jornada menos podría representar un ínfimo consuelo o alivio ante el daño provocado a lo largo de dos años y medio.

El INCAA quedará acéfalo a partir del lunes 9 de diciembre.

Los pesimistas (u optimistas bien informados) discreparán. Argumentarán que el sucesor de Alejandro Cacetta puede retirarse un día antes del recambio gubernamental porque cumplió con eficacia la misión encomendada, y por lo tanto no le queda nada más por desmantelar, entregar, destruir.

Sin Haiek facilitó algo, fue la adaptación del INCAA a las necesidades de la industria globalizada y de sus socios locales. Tras su partida, los productores, distribuidores, exhibidores independientes de esa red concentrada quedan más debilitados y desamparados que en otros contextos críticos.

A partir del lunes próximo, el INCAA quedará acéfalo pues carece de vicepresidente desde que Fernando Juan Lima abandonó el cargo en diciembre del año pasado. El Presidente de la Nación electo, Alberto Fernández, deberá designar cuanto antes a las autoridades correspondientes si quiere poner en marcha el Instituto, es decir, si entiende que ésta es condición sine qua non para encarar la reconstrucción del sector audiovisual desde el Estado.

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