El negocio de la sustitución

Ésta es la película más reciente de Herzog. El realizador alemán ya se encuentra trabajando en dos nuevos proyectos.

Cuando Family Romance LLC se proyectó en Cannes, algunos críticos tildaron de «obra menor» el docudrama de Werner Herzog. Seguro, la película filmada en Tokio es pequeña al lado de las monumentales Aguirre, la ira de Dios y Fitzcarraldo, o de la serie de retratos de presos condenados a muerte en Texas, o del documental sobre las pinturas en las cuevas de Chauvet. Ahora bien, el tamaño de la producción no la hace menos relevante que sus antecesoras.

En noviembre de 2017, The Atlantic publicó esta entrevista a Ishii Yuichi, dueño de la compañía que inspiró en Herzog la ocurrencia de este largometraje. Las explicaciones del empresario sobre el servicio que brinda –ofrecimiento de personas que sustituyen a seres queridos ausentes o a uno mismo en situaciones delicadas– despejan dudas sobre el trabajo del realizador alemán: no es un documental, pero tampoco obra de la imaginación.

El también autor de Conociendo a Gorbachov reconoció el interés social, cultural, filosófico del emprendimiento Family Romance, y convenció a Yuichi para que hiciera de sí mismo en una ficción muy parecida a la realidad o, dicho de otro modo, ante actores no profesionales que encarnaron a clientes con necesidades muy parecidas a las de aquéllos de carne y hueso.

La relevancia de la película radica en la exploración de la manipulación detrás del servicio ofrecido. ¿Hasta qué punto el ser humano es reemplazable en términos afectivos? ¿Cuáles son los efectos colaterales de la sustitución destinada a ocultar, disimular, maquillar ausencias significativas? ¿Cuánto más podemos comprar en nombre de nuestro bienestar emocional?

Si bien ocurren en Japón, las transacciones entre Yuichi y sus clientes responden a una lógica comercial que avanza en el mundo con la consigna de que el dinero descomplejiza y resuelve todo, incluidas las relaciones interpersonales. La intervención de la robótica es la arista más burda de esta mentalidad, y la más explotada por la ficción (recordemos series recientes como Real humans y Better than us). Herzog la señala pero prefiere poner la lupa sobre la faceta menos conocida y acaso más perversa.