Cuidado, agrotóxicos

La película de Grieco se estrenó el jueves pasado en salas de Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mendoza y en el Espacio INCAA Victoria de Entre Ríos.

En torno a la madre de una niña envenenada con agrotóxicos gira el nuevo largometraje de Emiliano Grieco, El rocío. La falta de contención familiar, vecinal, institucional, el costo económico del tratamiento, el accionar patotero de los dueños de los campos fumigados, la presión de estos mismos terratenientes sobre el médico de pueblo que documenta el alcance del daño conforman las circunstancias de la joven entrerriana interpretada por Daiana Provenzano.

El guion co-escrito con la salteña Bárbara Sarasola Day presenta virtudes y aspectos cuestionables. Entre las primeras, sobresale la decisión de apostar a la elocuencia de la imagen. Por momentos, la economía de palabras parece reeditar el «silencio de las mayorías» que el también entrerriano Fabián Tomasi denunció antes de morir. Por otra parte, el director de fotografía Alejandro Baltasar Torcasso ofrece postales de una zona agrícolo-ganadera en principio luminosa, que contrastan con el presente oscuro de la protagonista y su pequeña hija.

La actuación de la debutante Provenzano constituye otra arista destacable de esta ficción que circuló por una decena de festivales de cine, incluido el 33º de Mar del Plata. A cargo de roles secundarios, la acompañan Tomás Fonzi y la siempre impecable Eva Bianco.

El rocío pierde pie cuando pretende abarcarlo todo: el daño irreversible que los agrotóxicos provocan en la salud de seres humanos y animales, la impunidad de quienes fumigan sus campos, la presión de laboratorios y terratenientes sobre los médicos que denuncian la aparición de patologías atribuibles al uso indiscriminado de pesticidas, las exigencias del tratamiento que –dato nada menor– sólo se realiza en Buenos Aires, las implicancias de la solución que la protagonista encuentra para financiarlo.

Dicho esto, algunos espectadores celebramos el estreno de la primera ficción argentina que aborda un tema apenas visibilizado por nuestra prensa. Cuando la relacionamos con el –más o menos reciente– documental de Fernando Pino Solanas, Viaje a los pueblos fumigados, volvemos a valorar el compromiso que una buena porción de realizadores argentinos asume en tanto cronista de nuestra compleja realidad nacional.

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Contenidos complementarios
Atención al bosque detrás del Pino
Deshora de Barbara Sarasola-Day