«No nos interesa copiar la realidad»

La nueva película de los hermanos Dardenne se estrena hoy en Bélgica.

Poco más de 45 minutos duró la conferencia de prensa que Luc y Jean-Pierre Dardenne ofrecieron el lunes pasado en el 72º Festival de Cannes tras la première de El joven Ahmed. Acompañados por el productor Denis Freyd y por integrantes del elenco –incluido el debutante Idir Ben Addid, a cargo del rol protagónico– los cineastas belgas justificaron un final que, a juzgar por las preguntas formuladas, desconcertó a una parte de la crítica. «Cuando decidimos tratar el tema del fanatismo, nos propusimos hacerlo, no desde la realidad, sino a través de una ficción que invite a reflexionar sobre la realidad».

«Escribimos otros finales pero nos quedamos con éste» explicó el Dardenne más sonriente, Luc. Acaso los hermanos habrían evitado referirse al desenlace si dos periodistas no hubieran insistido en señalar un cierre inverosímil para uno y pesimista para otro. En respuesta a esta segunda apreciación, Jean-Pierre reconoció: «Ésta es la primera vez que no encontramos un personaje capaz de provocar un cambio positivo en el protagonista. De hecho, las alternativas que intentamos nos resultaron muy noveladas; no estaban a la altura del tema abordado».

Al borde del spoiler, Luc precisó: «Nuestro desafió consistió en rescatar a Ahmed de la radicalización y en tratar de devolverlo a la vida. Hacia el final del largometraje, mostramos dos manos que se entrelazan. En este sentido hicimos una película de paz». Enseguida su hermano distinguió entre una «película de paz» y «una película de ingenuidad imbécil».

«Pensamos que la vida es siempre más fuerte», prosiguió Jean-Pierre. «De ahí que todos los fanatismos son derrotados. A veces es difícil pues tienen tendencia a volver, pero terminan sucumbiendo tarde o temprano».

Ni tribunal ni acto de acusación
En varias ocasiones los Dardenne comentaron que, a la hora de escribir el guion y sobre todo de caracterizar al chico que encarnó Ben Addid, se asesoraron con psicólogos, educadores, imanes. «Hay que ser humilde cuando se filma una película» sostuvo Jean-Pierre antes de advertir que Le jeune Ahmed «no es un tribunal ni un acto de acusación».

Por su parte Luc habló sobre el sentimiento de empatía que despierta Ahmed. «Si uno no quiere al protagonista de su película, ésta termina siendo un mal trabajo. Por eso, para que nuestro protagonista sea querible, elegimos a un joven con rostro, manos, gestos de niño».

El realizador consideró que a Ahmed le toca vivir una desgracia. «Aún cuando el pre-adolescente está contento y siente admiración por su imán, éste le inflige un daño. En algún punto el espectador debe reconocer que no es posible que un púber diga lo que dice el protagonista. En esta incompatibilidad se revela la profundidad del adoctrinamiento, y hay que llegar a lo profundo de ese malestar para hacer revivir al chico».

Luc prosiguió: «A diferencia del fanático adulto, un menor sí puede desarmarse ante la cercanía de la muerte. Esta característica permite alcanzar cierta noción de reconciliación con la vida que podría salvar a nuestro personaje. Quizás eso no ocurre en la realidad; por eso la nuestra es una ficción que en todo caso invita a reflexionar sobre la realidad».

Por si cupiera alguna duda, Jean-Pierre insistió: «No nos interesa copiar la realidad. Cuando decidimos hacer una película sobre el fanatismo, nos propusimos iluminar el tema desde otro lugar».

El fanatismo no es un fenómeno exclusivo del Islam 
Antes de responder a la pregunta sobre el tema central del film, Luc enseguida aclaró que el fanatismo religioso no es un fenómeno exclusivo del Islam. «La Historia nos lo ha demostrado y recuerdo que (el primer ministro israelí) Isaac Rabin fue asesinado por un fanático judío».

El hermano sonriente prosiguió: «El joven Ahmed habla del Islam porque nosotros nos inspiramos en los atentados que conocemos desde 2001. Vimos otros films sobre fanatismo religioso, terrorismo, sobre la llamada Radicalización, y observamos que ese cine suele abordar la red económica y social que existe detrás. También nos dimos cuenta, y esto nos interesó en especial, de que ningún realizador tomó en serio la cuestión religiosa».

Continuó Luc: «Nadie se detuvo en este fenómeno imaginario, de fe, que puede ocupar el espíritu de alguien al punto de impulsarlo a matar al diferente. Esto es lo que queríamos filmar y por eso neutralizamos el contexto económico-social de Ahmed, y nos concentramos en la relación que este joven fanático entabló con su imán y con nociones de pureza y muerte».

Otra vez al borde del spoiler, Jean-Pierre explicó: «Todos los jóvenes tienen un ídolo que está muerto, y el de Ahmed es su primo. Por otra parte existe el culto de los muertos en los fanáticos religiosos. Abordamos esto también».

Además de los educadores, psicólogos, imanes consultados, Luc nombró a Günter Grass y recordó las palabras del escritor alemán cuando intentó explicar por qué decidió, a sus 14 años, en el tardío 1944, servir en las Waffen-SS. La expresión «Me sedujo un ideal» da cuenta del tipo de vulnerabilidad que los Dardenne le atribuyeron a Ahmed.

«Cuando la película empieza –reflexiona Jean-Pierre– Ahmed ya es fanático; no interesa por qué. A lo sumo podemos decir que el protagonista conoce al imán justo en esa edad en la que todos empezamos a separarnos de nuestra familia, y en la que los ideales pueden desarrollarse con intensidad».

Más allá del joven Ahmed
Al término de la conferencia, una periodista japonesa les preguntó a los hermanos cineastas sobre su adhesión a la carta abierta que Claude Lelouch y Radu Mihaileanu, presidentes de la Sociedad Civil de Autores Realizadores y Productores, publicaron a principios de abril pasado para pedirle al Presidente Emmanuel Macron una «política cultural fuerte, ­capaz de asegurar la soberanía creativa» de Francia y Europa.

En el petitorio figura la expresión Excepción cultural, que data de 1993, cuando la Unión Europea decidió, sobre todo por sugerencia de Francia, instaurar un status especial para la producción audiovisual con la intención de protegerla de las exigencias del libre comercio. Esta medida se basa en el concepto de que la creación cultural es irreductible a un bien comercial y por lo tanto debe ser protegida por normas ajenas a la lógica del Mercado.

«El cine europeo, e incluso aquél producido fuera de Europa, le debe su diversidad a la excepción cultural francesa que realizadores y actores quisimos defender a través de esa petición», explicó Jean-Pierre. «Si ese status desaparece, la actividad cinematográfica correrá peligro en nuestro continente y en buena parte del mundo. Eso supondría una gran pérdida para los seres humanos que somos, porque el cine no es sólo un hobby«.

Por su parte, Luc recalcó: «Aquí están en juego el rol del Estado y la noción de servicio público, que hay que defender en las próximas elecciones europeas. Porque sin la financiación de los Estados-Nación y del Estado europeo, no tendríamos cine. De hecho, ya estamos viendo que, si no fuera por la coproducción con Francia, algunos países europeos que prefiero evitar nombrar no podrían filmar películas. Esto sucede porque sus Estados no tienen la capacidad de –o no quieren– invertir en cultura».

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