Sandro y Eduardo

Espectadores cierra su cobertura del 20º BAFICI con el recuerdo de los tributos a dos ídolos de la música romántica o melódica en castellano, que alcanzaron su mayor pico de éxito continental en los años ’60 y ’70, y que fallecieron hace algún tiempo: el argentino Sandro (de América) y el uruguayo Eduardo Franco, compositor y vocalista de Los Iracundos. Mientras Yo, Sandro. La película del porteño Miguel Mato integró la sección Noches Especiales, Un tal Eduardo del montevideano Aldo Garay participó de la competencia oficial latinoamericana.

De Miguel Mato.

Antes de que algún lector relacione la película de Mato con la serie de Adrián Caetano que Telefé emitió en marzo, corresponde aclarar que el proyecto cinematográfico empezó a gestarse en 2012 –quizás un poco antes– según declaraciones del autor a la agencia Télam. La mayor virtud del largometraje radica en el material de índole privada que el realizador supo encontrar y reutilizar: un audio donde Sandro reconstruye en primera persona del singular su trayectoria profesional (la voz en off es hilo conductor de la película), filmaciones caseras de vacaciones con los integrantes de la banda, mensajes de admiración incondicional enviados por las famosas Nenas, extractos de películas, recitales, grabaciones de discos en estudio.

Mato articuló esta materia prima con entrevistas breves al Puma Rodríguez y a Lucecita Benítez, y con pequeñas pinceladas de ficción. En líneas generales, el realizador simula el género autobiográfico: Sandro revive y (se) cuenta su historia. Los espectadores lo reconocemos en el uso de latiguillos varios –por ejemplo el insistente “¿Te das cuenta?”–, en las bocanadas de cigarrillo, en ciertas entonaciones a cappella, en las proyecciones de la cámara Súper 8.

De Aldo Garay.

Es diferente la aproximación de Garay a Eduardo Franco, pues al autor de El casamiento parece importarle menos la figura retratada que las diversas maneras de evocarla y homenajearla. La esposa, una hija, el peluquero, amigos, admiradores del cantautor sanducero, bandas que recogieron el legado de Los Iracundos son los verdaderos protagonistas de este documental que también le rinde un pequeño tributo a la localidad de Paysandú.

El realizador uruguayo convierte el nombre de una de esas bandas en título de su película. De esta manera adelanta la decisión narrativa de prestarles atención, no sólo al legado de Franco, sino al ejercicio de memoria colectiva que mantiene vivo a ese tal Eduardo.

En otras palabras, Mato y Garay eligen distintos lugares de enunciación para retratar a estos astros con seguidores tanto o más fieles que antes. El primero esculpe a Sandro a partir de los testimonios autorreferenciales que Roberto Sánchez dejó archivados en su residencia de Banfield; el segundo prefiere rendirle un homenaje coral al vocalista de Los Iracundos.

Para el próximo 3 de mayo está anunciado el estreno comercial de Yo, Sandro. La película. En cambio cuesta encontrar información sobre un segundo desembarco porteño de Un tal Eduardo.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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