Lo que nuestros padres hicieron

Lo que nuestros padres hicieron está disponible en Netflix.

“No duraría más de cinco minutos el interés que pudiera despertar un documental cuya premisa fuera ‘Dos hijos de jerarcas nazis discrepan sobre la responsabilidad moral de sus padres; ¿quién tiene razón?’. Nosotros preferimos transitar por un territorio más complicado, donde recordamos que los seres humanos solemos juzgar a nuestros padres más por su conducta dentro del marco familiar que por lo que hicieron fuera.

Nadie es árbitro desinteresado de sus seres queridos. Por eso hacia el final del film no se trata solamente de Niklas y de Horst, sino también de Philippe. La cámara los muestra actuando y hablando desde sus emociones más profundas. Esta tensa juxtaposición de desesperación, odio, perdón, dolor, esperanza es lo que le da vitalidad a la película.

En el material que filmé, descubrí una realidad que me reconfortó: una realidad confusa, hecha de carne y hueso que parece ganarles a las certezas morales en la pantalla, y acaso también en los tribunales”.

Así reflexionó David Evans al término de la entrevista que Tom Roston le hizo en noviembre de 2015 para uno de los sitios web de la cadena estadounidense de televisión pública PBS, y a propósito del entonces inminente estreno de What our fathers did. A nazi legacy. El director de varios capítulos de Downton Abbey y Shameless entre otras series británicas también dirigió el documental que cubre varios encuentros entre los dos hijos mencionados –Niklas Frank y Horst von Wächter– y el abogado especialista en Derechos Humanos, docente, escritor y descendiente de una familia diezmada por los nazis, Philippe Sands.

Lo que nuestros padres hicieron. Un legado nazi ofrece, ante todo, un retrato del ser humano como sujeto eminentemente histórico, no sólo porque construye gran parte de su identidad a partir de recuerdos personales, familiares, contextuales (de época, digamos) sino porque rara vez deja de vincular su aquí-y-ahora con algún retazo de pasado y/o con alguna apuesta al futuro. Como bien señala Evans, en este documental importa mucho menos la confrontación entre el hijo que condena a su padre y aquél que excusa/defiende al suyo, que las posturas de estos hombres casi octogenarios frente a sus progenitores muertos hace más de seis décadas y sin embargo siempre atentos a la invocación desde nuestro presente.

En las antípodas de aquellos periodistas televisivos que azuzan a sus invitados para que peleen como gallos de riña, Sands pone paños fríos sobre la indignación que ciertas declaraciones del imperturbable von Wächter provocan en Frank. De esta manera el aquí guionista y conductor evita asumir los roles de abogado querellante y/o juez. A lo sumo, el nieto de un único abuelo sobreviviente del Holocausto reconoce sus limitaciones a la hora de comprender y aceptar la fidelidad ciega de Horst.

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También como sostiene Evans, el documental sugiere que los recuerdos de infancia de Niklas y Horst influyen notablemente en la opinión que estos hijos tienen del desempeño de sus padres durante el Tercer Reich. El niño rechazado (Hans Frank sospechaba que Niklas era el fruto de una infidelidad de su mujer) se convierte en adulto severamente crítico; el niño amado se afana por proteger el buen nombre y honor de Otto von Wächter.

La hipótesis corre el riesgo de sonar pretenciosa –o apresurada– en un documental que retrata a sólo dos hijos de genocidas, y al menos en las cabezas de algunos espectadores argentinos choca con un caso que la relativiza: el de la hija del subcomisario y torturador Eduardo Emilio Kalinec. Según este artículo de InfoBAE, Analía Kalinec consiguió ver más allá del amor filial y así reconocer las aberraciones que el apodado Dr. K cometió en tres centros clandestinos de detención entre 1977 y 1979. A diferencia de Niklas Frank, esta otra hija de un verdugo al servicio de un Estado terrorista no tuvo una infancia desdichada y, a diferencia de Horst von Wächter, no niega la conducta criminal de su progenitor.

La hipótesis sobre la relación entre los recuerdos de infancia y la capacidad crítica de los hijos con respecto a sus padres plantea tres preguntas básicas. La primera: ¿la reacción de Frank (como la de Kalinec) constituye(n) una excepción a la regla que parece encarnar von Wächter? La segunda: ¿es posible que la negación de Horst y otra prole en situación similar responda menos al principio de fidelidad que a cierto instinto de autopreservación? La tercera, muy vinculada con la anterior: ¿existirá peor amenaza para la salud mental de un hijo buscado, querido, mimado que descubrir que su progenitor es un criminal de masas?

Además de retratar al ser humano como sujeto eminentemente histórico, Lo que nuestros padres hicieron… ofrece una inquietante aproximación a nuestra capacidad de negación. Ante la percepción de cierta relación entre esa aptitud individual y el negacionismo histórico que prolifera en distintos países, incluido el nuestro, algunos espectadores no encontramos en el trabajo de Evans y Sands un documental precisamente reconfortante.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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