La obra secreta de la factoría Cohn-Duprat. Anticipo de una película coral en honor a Le Corbusier

Taquini considera un “regalo de la vida” la invitación a dirigir esta ocurrencia de Cohn y los hermanos Duprat.

El próximo 25 de enero, casi ocho años después del estreno comercial de El hombre de al lado, desembarcará en la cartelera porteña otra producción cinematográfica de Mariano Cohn y Gastón Duprat, ambientada en la Casa Curutchet de La Plata. La obra secreta se titula esta ficción que también escribió Andrés Duprat. La dirigió la investigadora, gestora cultural y pionera en videoarte Graciela Taquini, a quien Espectadores entrevistó con intención de adelanto exclusivo.

Tal como sugiere el trailer, el film gira en torno a un arquitecto argentino que conduce visitas guiadas a la vivienda unifamiliar y consultorio médico que Le Corbusier diseñó a mediados del siglo XX para el doctor Pedro Domingo Curutchet. De la admiración que el protagonista siente por el bautizado Charles-Édouard Jeanneret-Gris se desprende otro relato además de aquél que recrea la rutina laboral de Elio Montes, interpretado por Daniel Hendler: la crónica de la aparición post mortem del Maestro suizo, primero en La Plata actual, luego en la Casa que concibió a distancia y que nunca conoció en persona (estuvo una sola vez en nuestro país, veinte años antes del comienzo de la edificación dirigida por Amancio Williams).

El mismo trailer adelanta que Montes tendrá la oportunidad de conversar con su referente. “¿Por qué esta casa nunca pudo ser habitada? ¿Alguna autocrítica? ¿Algo para cuestionarte?” le espeta el guía a un Le Corbusier representado de dos maneras: por el actor Mario Lombard y por una voz en off que reproduce textos originales del Maestro en un francés delicioso.

En algunos espectadores, el plano de Elio a bordo de una motoneta evoca el recuerdo de Nanni Moretti en Caro diario. Otros pensamos en el falso documental alemán Ha vuelto cuando asistimos a los fragmentos que sugieren la curiosidad –a veces el desconcierto– que Le Corbusier experimenta como pasajero de su propio viaje en el tiempo.

En comunicación telefónica con este blog, Taquini cuenta que conoció a Andrés y Gastón Duprat primero y a Mariano Cohn después en los años ’90. “Trabajamos juntos por primera vez en el canal de TV por cable del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Ciudad Abierta”.

Oriundos de Bahía Blanca, los hermanos Duprat estudiaron en la Universidad Nacional de La Plata. Andrés –fanático de Le Corbusier– se recibió de arquitecto en 1988; Gastón empezó a hacer cine y video experimental con Cohn a principios de la década siguiente.

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Apenas comienza la charla con Espectadores, la artista y curadora advierte que La obra secreta “no es una película de autor sino una película colectiva, de encargo”.

E: ¿Qué representa este primer largo para usted?

GT: Se trata de algo que no busqué; no es que yo hubiera aspirado a dirigir un largometraje. Pero de alguna manera es una culminación de treinta años de trabajo con la imagen y con el arte, porque me toca hacer una película que invita a pensar sobre la transición de lo contemporáneo al mundo de hoy. Entonces se trata de una experiencia súper interesante para mí.

Tras contar que le puso “mucha garra” al proyecto, Taquini aclara que se encontró con una producción “bastante armada”. Y agrega: “La idea principal, que es genial, consiste en analizar una obra en profundidad desde un lugar de ficción y con un personaje imaginario pero basado en gente que Andrés, Gastón, Mariano conocieron en su entorno. Me refiero al guía que interpreta Daniel Hendler”.

Hendler y Taquini durante el rodaje.

La realizadora elogia al actor uruguayo en reiteradas oportunidades. “Me reuní varias veces con él y el muchacho anda solo. Yo lo único que quería es que su personaje no resultara un perdedor total. En la primera versión del guión, Elio era demasiado loser pero Daniel le puso una cuota de locura y de obsesión basada en su propia inteligencia y sensibilidad. ¿Qué tengo que decirle yo a un tipo que además es director de cine?”.

Para Taquini el proyecto es un “regalo de la vida” que la llenó de satisfacciones a sus 75 años. “Se trató de una experiencia muy placentera y amorosa” comenta antes de bromear: “Espero no creérmela con esta ópera prima”.

E: ¿Le picó el bichito de la dirección cinematográfica?

GT: No sé qué decir… Por ahora celebro la continuidad de un diálogo, de un intercambio generacional que empezó hace tiempo. Por otro lado quiero disfrutar de esto; todavía tengo mucho futuro en este film.

La directora adelanta que “el guión mecha cinco visitas guiadas con la aparición de Le Corbusier como un flâneur que pasea por una ciudad posmoderna; justo él que es un moderno”. Taquini habla con entusiasmo de esta propuesta que considera “muy didáctica porque muestra la Casa Curutchet en toda su profundidad” y “una comedia muy divertida, cuyo protagonista obsesivo, un poco loquito, es un arquitecto aparentemente fracasado pero a la vez un guía buenísimo”.

E: Además está Le Corbusier…

GT: Exacto. Le Corbusier sale de la tumba y visita La Plata. Es un fantasma pero no quisimos darle un carácter esotérico. Ahí es donde intervengo yo desde el punto de vista visual. Traté de enrarecer las imágenes, de volverlas muy experimentales para que se entienda que el Maestro llega de otro mundo.

E: Resulta interesante la doble representación de este personaje, a partir –por un lado– de la personificación encomendada al actor Mario Lombard y –por otro lado– de una voz en off que habla un francés hermoso.

GT: En un principio se pensó que Lombard dijera parlamentos escritos por Andrés pero en una reunión de producción Hendler dijo: ‘No… Es mejor que Le Corbusier hable a través de sus textos’. Entonces convocamos para la voz en off al esposo de la Agregada Cultural de la Embajada de Francia, Roland Bijlenga, con experiencia en locución radial.

Lombard vio muchos documentales de Le Corbusier para estudiar hasta la manera de caminar. Si bien es un poco más robusto que el arquitecto suizo, el actor platense logra una interpretación muy convincente… Por su parte Andrés seleccionó los textos traducidos al castellano, y luego los hicimos retraducir al francés. Eso demandaba menos tiempo que encontrar los textos originales en francés.

Lombard caracterizado como Le Corbusier.

Taquini vuelve a definir a Le Corbusier como un flâneur. El sustantivo en francés remite al verbo flâner que significa callejear, recorrer sin rumbo determinado. En el marco de la película, se trata de un tributo a las personas que entre fines del siglo XIX y principios del XX visitaban las ciudades y las caminaban un poco a la deriva.

E: El trailer adelanta un encuentro entre Le Corbusier y Montes, y un diálogo donde el discípulo aparece enojado con el Maestro. ¿Qué puede precisar al respecto?

GT: El Le Corbusier de Lombard ni siquiera mueve los labios. Es como si el personaje lanzara sus textos de manera telepática. Eso irrita a Elio que hace preguntas muy concretas, por ejemplo sobre un pasado presuntamente colaboracionista.

Taquini también comenta que la película “está llena de guiños”, no precisamente a los seguidores de Moretti ni a los espectadores de Ha vuelto, pero sí a los amantes del videoarte y a los conocedores de la serie Padre e hijo del pintor entrerriano Roberto Aizenberg. Además el film les hace por lo menos dos guiños al público que vio El hombre de al lado.

“En un momento Le Corbusier entra a un negocio de electrodomésticos, se pone a jugar con el circuito cerrado, y la película que están pasando en las pantallas de televisión es aquélla que protagonizaron Rafael Spregelburd y Daniel Aráoz… Por otra parte, La obra secreta está dedicada a la memoria de Alejandro Cohn, hermano de Mariano que murió por mala praxis en julio de 2015. Un afiche que Ale hizo de El hombre de al lado aparece en un plano general de Elio almorzando de pie en el marco de una ventana de la casa Curutchet”.

Asimismo Taquini revela algunos cameos. Por ejemplo, uno de ella misma y de Andrés Duprat como visitantes que asisten al tour de Montes y otro del director de la Casa Curutchet, el arquitecto Julio Santana.

E: ¿Cuándo filmaron la película y cuánto duró el rodaje?

GT: La película se filmó en febrero de 2017. La filmación en exteriores, de Le Corbusier recorriendo La Plata, duró una semana. El rodaje en la Casa Curutchet, diez días.

Hacia el final de la charla, Taquini insiste en la autoría coral de La obra secreta. “Mi mano derecha fue el asistente de dirección Jerónimo Carranza que hizo toda la planificación y se encargó por completo de la cuestión técnica. Después estuvieron los aportes increíbles de Hendler, el guión y las decisiones y elecciones de Andrés, el detallismo de Gastón que intervino como una especie de ghost director. También está Mario Chierico que hizo la fotografía fija de cada una de las cinco visitas, y que mostró la Casa Curutchet como nunca se mostró… Ahora sólo falta conocer la reacción del público”.

Taquini según Taquini
El estreno de La obra secreta coincide con el 30° aniversario de la presentación de Roles, el primer trabajo de videoarte de Taquini, que además “es el primer autorretrato performático en la historia del videoarte argentino” según define la propia autora. Por teléfono, la entrevistada repasa su carrera de la siguiente manera.

Taquini en la Casa Curutchet.

“En 1970, apenas me recibo de Licenciada en Historia de las Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, me voy becada a Barcelona para estudiar arte medieval. La experiencia me resulta difícil porque está muy condicionada por el franquismo. Además, a mis entonces 29 años, no sé latín ni griego y me doy cuenta de que debería convertirme en una especie de ratón de biblioteca. Entonces decido que no quiero seguir, porque el arte de los vivos me interesa más que el arte de los muertos.

Cuando vuelvo a Buenos Aires empiezo a dar clases de Historia del Arte general. En 1975 descubro la obra del realizador Jorge Prelorán, que me dedico a difundir en plena dictadura. Al mismo tiempo conozco al crítico de cine uruguayo Alberto Farina, que luego se convierte en mi pareja, y entonces rumbeo para el lado del cine antropológico, del cine independiente.

En 1986 cuando entro a trabajar en el Centro Cultural San Martín, Elena Oliveras –crítica a cargo de la parte de artes visuales– me dice ‘¿Por qué no ves qué pasa con el videoarte, vos que tanto te interesa el cine?’. Podría decirse entonces que llego al videoarte de la mano de Prelorán, de Farina, de la cinefilia alimentada desde mi niñez ¡y en una época sin Internet!

Del video me encanta la posibilidad de trabajar la imagen en movimiento y de ver enseguida los resultados. Es un proceso menos artesanal que con el Super-8, que exige esperar la salida de la película del laboratorio. El videoarte tiene una cosa de inmediatez, de simultaneidad bien posmoderna que siempre me interesó.

Yo hago arte conceptual. No manejo la cámara ni hago edición. Lo mismo pasó con La obra secreta. Yo no estoy en la cuestión técnica; en cambio me interesan las imágenes-ideas. Es una cosa más mental”.

Taquini confiesa que le costó mucho “hacer obra” después de haber ganado el Gran Premio Adquisición del Salón Nacional de las Artes Visuales en 2014. Y en este punto de la conversación con Espectadores, considera: “Hay que hacer un elogio de la gente grande. Si bien creo que el arte no tiene edad, sexo ni nacionalidad, también hay que ver qué importante es seguir haciendo cosas, sentirse con ganas y fuerza”. Luego le rinde homenaje a la pionerísima Narcisa Hirsch que “en este 2018 cumplirá 90 años y está fantástica”.

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PD 1. Para conocer mejor a la directora de La obra secreta, los lectores interesados pueden (re)encontrarla en esta semblanza que el canal Encuentro emitió en abril de 2017. El retrato incluye secuencias del rodaje del largo que se estrenará el 25 de enero.

PD 2. Las imágenes que ilustran este artículo son gentileza de Taquini y fotos de prensa.

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Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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