Retrato de una familia (ya no tan) alemana

Afiche original del film de otro Verhoeven, que desembarca en nuestra cartelera luego de haberse proyectado en el 17° Festival de Cine Alemán en Buenos Aires.

El cine europeo le presta cada vez más atención al éxodo masivo que la prensa occidental llama drama o crisis “de los refugiados”, y que alimenta el temor del viejo continente al descontrol migratorio, a la pérdida de identidad cultural, al terrorismo perpetrado en nombre de Alá, a las reacciones extremistas de la ultraderecha blanca. Entre los realizadores sensibles a esta porción siniestra de realidad figura Simón Verhoeven, autor de comedia que en 2016 fue éxito de taquilla en su país de origen, y que hoy se estrena en Buenos Aires, Rosario, Córdoba: Bienvenido a Alemania.

En Münich transcurre esta ficción que primero amaga con girar en torno al nigeriano Diallo Makabouri, pero sobre todo retrata a la deutsche Familie que lo alberga mientras el Estado germano resuelve acordarle o negarle asilo. Esta suerte de desplazamiento protagónico obedece a la aplicación de una conocida fórmula narrativa que consiste en describir los cambios que un grupo humano experimenta ante la aparición de un agente externo.

Aquí, el grupo en cuestión está conformado por el matrimonio Hartmann, una hija y un hijo treintañeros y un nieto pre-adolescente. El agente externo es un extranjero joven y soltero, flojo de papeles, subempleado y bajo la lupa policial. El desembarco del extraño de pelo mota en el hogar muniqués exacerba una crisis familiar pre-existente, hasta entonces silenciada.

Desde que empieza, la película sugiere que –como la familia protagónica– Alemania también atraviesa una crisis irreductible al problema que encarnan los refugiados. El paralelismo evidente gira en torno a las debilidades de los personajes principales: Diallo provoca situaciones confusas, algunas enojosas (eso sí, sin querer); los esposos Angelica y Richard y sus descendientes tardan en reconocer las verdaderas razones de su infelicidad.

Verhoeven incluye en este panorama a los fundamentalismos árabe y (neo)nazi pero lo hace con sumo cuidado. Por un lado, ubica a los referentes de ambos extremismos fuera del nuevo círculo íntimo que los Hartmann conforman con el joven nigeriano. Por otro lado, les impone una suerte adversa, a modo de moraleja que exculpa al grueso de la sociedad teutona.

A todas luces, Bienvenido… fue concebida con clara intención pedagógica o concientizadora. De ahí la condición arquetípica de sus personajes, y una constante bajada de línea a favor del amor, la diversidad y la integración. Algunos espectadores preferimos fábulas más matizadas, por ejemplo El otro lado de la esperanza del finlandés Aki Kaurismäki.

La película de este Verhoeven sin relación sanguínea (tampoco cinematográfica) con el holandés Paul entretiene sobre todo al público que, o no reconoce, o acepta que esta comedia en principio conciliadora naturalice unos cuantos prejuicios eurocéntricos. Es posible que dicha limitación o concesión haya contribuido al éxito cosechado en Alemania.

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PD. Ésta es una versión apenas retocada de la reseña que Espectadores publicó en el marco del 17° Festival de Cine Alemán en Buenos Aires.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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