El sucesor de Aguirre

La película de Lucrecia Martel se estrenó el jueves pasado en salas de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, de Santa Fe, Córdoba, Salta.

¿Queda algo original por escribir sobre Zama? ¿Alguna reflexión sin relación con aquéllas que Lucrecia Martel compartió sobre su nueva película en incontables entrevistas concedidas a medios nacionales y extranjeros? ¿Alguna observación que no aparezca en las críticas difundidas por esa misma prensa?

Quizás, si tomamos distancia de aquello comentado hasta el hartazgo. Primero, que ésta es una versión libre de la novela corta que Antonio Di Benedetto publicó en 1956. Segundo, que esa crónica literaria de una espera estéril inspiró en la realizadora salteña una suerte de fábula sobre la fragilidad de la identidad. Tercero, que la autora de La ciénaga, La niña santa, La mujer sin cabeza volvió a conferirle al sonido o a la sonoridad un rol narrativo infrecuente en buena parte de los relatos cinematográficos contemporáneos. Cuarto, que no hay mejor actor para el rol protagónico que el mexicano Daniel Giménez Cacho.

Acaso resulte provechoso diferenciar a Zama del cine con pretensiones historiográficas, no tanto para coincidir con ciertas declaraciones de Martel sino para contradecirlas un poco. Es cierto que este largometraje retrata a un “hombre que está solo y espera”, al decir de Raúl Scalabrini Ortiz, en la frontera dieciochesca entre el Virreinato del Río de La Plata y el Virreinato de Brasil. La elección de ese contexto remoto parece responder –antes que al afán por reconstruir un pasado regional– a estrategias narrativas como articular la precariedad comunicacional de la época con la angustia ante la demora del anuncio de un traslado solicitado.

En otras palabras, la ambientación es funcional a los planteos existencialistas, de envergadura universal, de Di Benedetto y Martel. Esto explica las licencias poéticas que el escritor y la cineasta se tomaron a la hora de describir el aquí y ahora de Don Diego de Zama.

En este punto, el largometraje es fiel al libro original. Y tal vez porque también privilegia el criterio narrativo, consigue algo que la mayoría de las películas suscriptas al género histórico no: convencer al espectador de que realmente viajó en el tiempo y aterrizó en otra centuria.

En Zama, la historia de América Latina aparece disfrazada de caballo y de llama. Con el primer atuendo, mira a cámara –es decir al público– en soledad. Con el segundo, lo hace desde la retaguardia del letrado protagonista. En ambos casos parece guiñar un ojo en alusión a la arista absurda de la existencia y de algunas empresas humanas, por ejemplo, la ocupación violenta de territorios lejanos y ya habitados, y el exterminio de los pobladores originarios.

Por si cupiera alguna duda sobre la (poca) importancia que le acuerda a la tantas veces santificada rigurosidad histórica, Martel musicaliza su versión periférica del Nuevo Mundo en el siglo XVIII con melodías de boleros del siglo XX (Amapola por ejemplo). Sin embargo, esta recreación tan disruptiva como atrevida revela mucho más sobre la compleja convivencia intercultural que los manuales escolares y las películas hechas con intención pedagógica.

Werner Herzog causó una sensación similar cuando estrenó Aguirre, la ira de Dios a fines de 1972. Con aquella ficción inspirada en la expedición que el conquistador español Lope de Aguirre comandó por la selva amazónica en busca de El Dorado, el cineasta alemán hizo historia en más de un sentido y también lo logró gracias a las libertades creativas que pudo tomarse, entre ellas, la banda de sonido encomendada a Popol Vuh.

Desde esta perspectiva, Zama es un sucesor legítimo de Aguirre. Por este linaje cinematográfico, es posible que la nueva obra de Martel se convierta en película de culto. El documental Años luz de Manuel Abromovich y el diario de rodaje El mono en el remolino de Selva Almada suenan a antesala de ese destino consagratorio.

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Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

10 thoughts on “El sucesor de Aguirre

  1. Ah, María, esta entrada tendrá decenas de comentarios, y celebro ser el primero: yo no soy cinéfilo, pero la novela me pareció lo mejor que se publicó en Argentina en los últimos 100 años, y he podido ver la película sin comparar, alejado de esa pretensión tan aburrida de que la lectura de Martel coincida con la nuestra.

    Estoy muy de acuerdo con tu mirada sobre la peli, supongo que terminará siendo “de culto” (Di Benedetto y Martel ya lo son) pero eso no estoy seguro si eso es bueno o malo. Sí me parece que las críticas que le hacen por las licencias que se toma son justamente lo que màs me gustó , y en lo que realmente se pareció a las licencias que también se toma Di Benedetto en la novela. Es gracioso escuchar a los que vieron “Aguirre…” subtitulada y hablada en alemán decir que la manera de hablar de “Zama” los sacó de clima…

    Bueno, beso.

  2. Ojalá esta reseña inspire más comentarios, Jorge. Zama ofrece mucha tela para cortar, aún cuando tengamos la sensación de que ya se dijo todo sobre la película de Lucrecia Martel. [Dicho sea de paso, me sentí un poco abrumada por la campaña de prensa que instrumentó Rei Cine, y que incluyó la invitación a jugar a un mini-videojuego en Facebook días antes del estreno comercial.]

    Las versiones cinematográficas “inspiradas en” un libro son liberadoras, a diferencia de aquellas películas que se declaran adaptaciones fieles. Yo no soy una gran lectora y, perdón por la insolencia, soy más sensible al cine que a la literatura, pero lo cierto es que, entre una adaptación cinematográfica fiel y el libro que la inspiró, siempre elijo el libro.

    Disfruté muchísimo de la novela corta de Di Benedetto. Debo confesar que la leí cuando me enteré del proyecto de Martel de filmarla ( he aquí otra prueba de mi amor por el cine, superior al afecto que siento por la literatura 😛 ). Siempre confié en la capacidad de la realizadora salteña pero sufrí ante cada anuncio de postergación, es decir, ante la posibilidad de que este proyecto corriera la misma suerte que el proyecto de una versión cinematográfica del Eternauta.

    Me fui de tema, perdón.

    Yo tampoco sé si el escalafón ‘de culto’ es bueno o malo. Sospecho que a Martel le importa tan poco alcanzarlo como competir por un Oscar y un Goya. En cambio sí me atrevo a decir que verá con buenos ojos la relación que algunos espectadores establecimos con Aguirre, la ira de Dios.

    Querido Jorge, muchas gracias por tus intervenciones en torno a Zama. Me recuerdan los viejos buenos tiempos en que Espectadores inspiraba largos y provechosos intercambios de palabras dentro del mismo blog. Te mando un abrazo.

  3. Me encantó tu reseña .No había notado la metáfora de la llama y el caballo.
    La variedad de acentos es muy llamativa ,hay muchos acentos americanos y pocos castizos .Es cierto q el protagonista es muy expresivo y esta bien elegido. (Me pase media peli pensando q era sumamente parecido a Daniel Fanego )
    Ya opiné en el posteo de junio q creo q la la peli tiene excelentes actuaciones ,vestuarios ,fotografía ,manejo de la luz ,producción y metáforas pero me pareció lenta y sofocante Lo curioso es que realmente me estan comenzando a gustar los pensamientos q se derivan luego de charlar con otros espectadores y leer tus post y comentarios Como pensé al ver La Cordillera, creo una buena película se termina de armar en la cabeza y en el sentir de los espectadores y esa sensación me resulta placentera .

  4. Me alegra que la reseña te haya gustado, Mabel. Me costó escribirla.

    Me impresionaron, incluso me causaron gracia, la escena del caballo que termina mirando a cámara y aquélla de la llama que curiosea detrás de Don Diego. Se me antojó pensar que ambos animales son una representación de la Historia, que hasta Martel niega pero que sin embargo se cuela en la película, a mi juicio, de la mejor manera.

    Debo confesar mi absoluta admiración por Daniel Giménez Cacho, actor mexicano que descubrí gracias al realizador (también mexicano) Arturo Ripstein. Es cierto que tiene un aire a Daniel Fanego. ¡Además son tocayos!

    PD. No vi La cordillera pero si invita a una discusión enriquecedora como señalás, entonces la experiencia vale la pena. 🙂

  5. Si termino viendo Zama, y cada vez tengo más ganas, va a ser por tu culpa, María. Me gustó tu reseña 🙂

  6. Totalmente de acuerdo con tu comentario,María. Zama me impresionó mucho.Hasta sentí olores,calor y sabores del siglo XVIII.

    Ahora me apresto a leer el libro. Seguramente encontraré a Daniel Giménez Cacho en sus páginas pues no podré imaginar otro Zama.

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