Sobre la linyerización de Santiago Maldonado

«Como que le sobran seis ceros para lo que vale el linyera».

«Por ahí el linyera era supervisor de las FARC y encontró a los mapuches mexicaneando algún cargamento».

«Denle(s) 2 millones a los perros. Oler las pilchas del linyera éste tiene que tener su premio».

Santiago Maldonado, un linyera para unos cuantos lectores de La Nación.

Estos comentarios de lectores todavía acompañan la entonces primicia que Loreley Gaffoglio publicó el jueves pasado en La Nación Online, sobre el aumento de la recompensa estatal prometida a quien contribuya con datos precisos a encontrar a Santiago Maldonado. Ese día, la nota inspiró otras intervenciones que mencionaban al joven desaparecido desde el 1º de agosto, no por su nombre y apellido, sino como linyera. Entre ellas, había dos versiones de una misma queja disfrazada de pregunta: ¿cuánto más dinero gastará el gobierno en la búsqueda del ciruja? Es posible que los moderadores del diario centenario las hayan borrado a pedido de algún otro lector que las reportó.

Por si hiciera falta, corresponde explicar que los administradores de la plataforma web de La Nación pueden desactivar los campos donde los lectores escriben sus mensajes. De hecho, usan esta opción para cada editorial, para cada columna de Joaquín Morales Solá, y cuando reconocen «la sensibilidad del tema» abordado.

La desaparición forzada de un ciudadano no cabe en la tercera categoría. Es cierto que, sin invocar la sensibilidad del tema, La Nación Online cerró la nota de Gaffoglio. Pero también es cierto que se tomó su tiempo antes de hacerlo, y que dejó visibles 1527 comentarios.

La prensa ahora oficialista sigue declarándose apolítica como cuando fue opositora. Modera poco los comentarios de su público en nombre del derecho a la libre expresión, y de paso ilustra su pretendida imparcialidad por contraste con la opinión del vulgo. Sin embargo, una parte significativa de los lectores expone de manera brutal la línea editorial de su medio.

En los comentarios lanacionistas, el uso del sustantivo Linyera parece dar cuenta del afán por despolitizar la desaparición forzada de Santiago. En efecto, un indigente solitario que vive de prestado en el subsuelo de la pirámide social suena bastante más apolítico que un artesano y tatuador crítico del sistema capitalista y sensible al reclamo mapuche en nuestra Patagonia.

A partir de la voz lunfarda, esos lectores despersonalizan todavía más al desaparecido sin nombre y apellido (para ellos). De hecho, le niegan domicilio, ocupación, familia, afinidad con una comunidad militante, además de convicciones y un modo de vida contrarios al statu quo.

Sin embargo, estos connacionales pretendidamente informados traicionan su discurso despolitizador cuando exigen –de manera solapada pero exigen al fin– que la alianza Cambiemos deje de gastar dinero en la búsqueda de un ciudadano de cuarta. Además de interpelar al gobierno (he aquí un primer grado de politización), desenmascaran su mentalidad oligárquica. Ésa que, parafraseando la máxima ‘Todos los hombres son iguales pero algunos son más iguales que otros’, sostiene que los menos iguales no son dignos de atención estatal.

Según contó Ailín Bullentini en este artículo que Página/12 publicó ayer, justo el jueves la abogada de los Maldonado reclamó «más respeto» por la familia de Santiago. «La falta de información clara atenta no sólo contra la investigación sino contra los familiares, que tienen que estar todo el tiempo escuchando barbaridades de los medios», sostuvo Verónica Heredia en una reunión que ella y sus representados mantuvieron con la fiscal de la causa, Silvina Ávila, y Fernando Vallone de la Procuraduría contra la Violencia Institucional. La letrada repitió el pedido en una conferencia de prensa convocada después de ese encuentro.

Aunque apuntó a la necesidad de dejar bien en claro que actualmente la Justicia no investiga otra hipótesis que aquélla que incrimina a la Gendarmería Nacional, la solicitud de Heredia es extensible a otras aristas de la cobertura periodística acordada a esta desaparición forzada. Por ejemplo, el espacio que La Nación Online les concede a los lectores linyerizadores de Santiago, en sintonía con cierta conducta periodística consagrada a –según la ocasión– apoyar, justificar, minimizar, excusar, invisibilizar el secuestro y asesinato de ciudadanos a manos del Estado.