Cualquier cosa menos

El título de este post debería llevar una coma después de la palabra cosa y tres puntos suspensivos al final pero, sin ninguna puntuación, recrea mejor la concatenación sin pausa de las palabras “Cualquier cosa menos el peronismo (o en su defecto el kirchnerismo)” y su variante menos frecuente, y a esta altura más bien extemporánea, “Cualquier cosa menos el comunismo“. Por si no lo hizo, corresponde pedirle al lector extranjero que se imagine en la Argentina, país donde nació, se formó y gobernó el líder del también llamado justicialismo, y donde se le teme al marxismo-leninismo más por inducción que por experiencia propia.

El cualquier-cosismo-menos no es un fenómeno exclusivo ni de nuestro país ni de nuestro presente. En Francia, por ejemplo, se lo registró con intensidad cada vez que el lepenismo llegó a la instancia de ballottage presidencial. La última vez ocurrió meses atrás, y sin dudas inclinó la balanza a favor del triunfo electoral de Emmanuel Macron.

Claro, el peronismo no constituye ninguna amenaza en territorio galo y al comunismo ortodoxo siempre se lo mantuvo a raya. Por eso, en su mayoría, los franceses cualquier-cosistas ubican después del menos a la derecha extrema. Por lo visto, les hizo mella la experiencia de sus antepasados con el nazismo y con el pétainismo colaboracionista de los años ’40.

Como algunos franceses y otros tantos ciudadanos europeos, una buena porción de argentinos está convencida de que el peronismo fue –y sigue siendo– tan totalitario como el nazismo, el mussolinismo, el stalinismo, el franquismo. Acá y allá convierten el término Populismo en una lápida pesada que bloquea cualquier discusión histórica interesante, es decir, abierta a la posibilidad de revisar ciertas viejas (y nada inocentes) homologaciones.

En contra de lo que podría pensarse, el argentino cualquier-cosista no apunta contra la pata derecha o reaccionaria del peronismo, ésa que –en nombre de la lucha anticomunista– aplastó vidas e infundió terror tras el desplazamiento de Héctor Cámpora a mediados de 1973 y hasta el golpe de Estado de 1976. No… El argentino cualquier-cosista repudia la pata izquierda o con pretensiones revolucionarias, aquélla articulada con la meta de justicia e inclusión social.

Esos compatriotas prefieren cualquier otra alternativa política porque el movimiento que fundó Juan Domingo Perón les resulta una incubadora inagotable de prácticas clientelares, violentas, delictivas, miserables. Los más sinceros también señalan la arista subversiva de un cáncer que consideran endógeno, y por lo tanto difícilmente extirpable: el peronismo, un engendro exclusivamente argentino, supone una amenaza permanente (y mutante a juzgar por la derivación K) contra nuestro statu quo blanco y burgués.

Entre los argentinos cualquier-cosistas, algunos desconocen, otros no le temen, un tercer segmento siente admiración por la derecha que administró nuestro país por períodos mucho más extensos que los casi tres años transcurridos entre julio de 1973 y marzo de 1976. Durante una centuria por lo menos, esa facción que prefirió llamarse conservadora, liberal y/o de centro se valió de comicios fraudulentos, de la proscripción partidaria, de golpes de Estado, de leyes y tribunales hechos a medida, de las fuerzas autoproclamadas de seguridad pero en realidad represivas, para ejercer el poder político en función de sus intereses económicos.

Curiosamente, los compatriotas cualquier-cosistas no ven en esa conducta histórica ningún indicio de corrupción, clientelismo, vaciamiento, patoterismo. La capacidad de discernimiento se les nubla todavía más en pleno siglo XXI, en parte porque esa derecha consiguió (re)tomar las riendas del gobierno –primero porteño, luego nacional– por mandato popular, es decir, tras ganar elecciones sin haber fraguado resultados ni usufructuado de alguna proscripción.

Esos argentinos celebran las victorias electorales de la alianza conservadora, liberal y/o de centro que se autodenominó Cambiemos, y que desde 2015 se muestra como la única fuerza capaz de mantener dividido al justicialismo y de limitar el campo de acción de los K cristinistas. “Cualquier cosa menos el peronismo (o kirchnerismo o comunismo)” dicen de corrido mientras les extienden un cheque en blanco a los nuevos representantes de la vieja derecha autóctona que sistemáticamente mintió, lucró, desmanteló, vació, endeudó, robó, ajustó, recortó, empobreció, hambreó, reprimió, encarceló, desapareció, asesinó.

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Contenidos complementarios
Va a estar buena la Argentina
Little Argentina
Ensayo y error
Mugre(s)
La derecha argentina en su closet
South America
Declaración de adhesión

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

4 thoughts on “Cualquier cosa menos

  1. Querida María: tu nota es excepcional. Aclara posiciones y reparte lo que le corresponde a cada quién. Aquellos que se sientan tocados que se pongan el sayo. El cualquier-cosismo parece ser de momento un depòrte nacional que compite con el fútbol -ahora con ventaja- ya que es gratis. Este gobierno es algo más que neo-liberal, es decididamente de la ás feroz derecha. Cínicos, mentirosos, sobradores, y sobre todo muy pero muy burros. Todos los días se pierde o diluye algún derecho, todos los días estamos más cerca del S IXX que del XXI. El acto eleccionario del domingo no hace más que demostrarnos el daño que el marketing ha producido en su nefasta inclusión dentro de la política. La verdad siempre será la verdad y la llamada pos-verdad es un invento maléfico que certifica la mentira. Abrazo fuerte.-

  2. Querido Julio,
    Justo la semana pasada empecé a leer un monumental trabajo de investigación sobre la producción fotográfica oficial y periodística en la Argentina de fines del siglo XIX. En este libro encuentro que la posverdad actual tiene un interesante antecedente en la Campaña al Desierto.
    Es regresivo hasta entonces el cambio implementado por la alianza de derecha que nos gobierna desde el 10 de diciembre de 2015. La constatación lleva a recalcular la dimensión del daño causado.
    Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte para vos.

  3. Apenas resisto los titulares de los medios… recitando un catecismo impecable.
    Así que espere ilusionada tus palabras…
    Vivo lejos de la gran ciudad y no puedo aprovechar todo aquello que tu mirada recomienda, pero valoro profundamente estos espacios en los que aparecen las convicciones firmes y tranquilas.
    Gracias María por tanta claridad.

  4. Estimada tocaya,
    Siento mucha responsabilidad cuando leo que mis palabras son esperadas. Muchas gracias por la expresión de confianza y por la calidez del mensaje.
    Espectadores se pretende un espacio de comunicación alternativa. Con sus (muchas) limitaciones, se empeña en respetar el compromiso asumido con una manera de mirar y entender la realidad. Es muy gratificante imaginar que la luz de la llamita atraviesa distancias y resulta convocante.
    De nuevo, gracias por el comentario amoroso. Un abrazo grande.

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