Radiografía de la desmemoria (en Beirut)

A contramano de esta selfie, Reine Mitri se deja ver apenas en su reciente documental.

La proyección de Lost paradise, anunciada para este miércoles a las 22:30 en el Gaumont, cerrará el cuarto Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires. Difícilmente los porteños tengamos otra oportunidad de ver el trabajo más reciente de Reine Mitri, que llama la atención de los espectadores al tanto de la trayectoria de la realizadora libanesa, en especial de la censura estatal decretada en 2015 contra una película anterior, En esta tierra yacen las tumbas de los míos.

En la entrevista que le concedió el año pasado a la revista Al Jadid, la documentalista mencionó apenas el entonces proyecto “íntimo” que terminó meses atrás. Sin embargo, sus observaciones sobre la relación “visceral” y “cada vez más fuerte” que mantiene con su país de origen resultan un adelanto significativo de Paraíso perdido.

El relato en primera persona constituye la columna vertebral de esta reflexión sobre la pérdida de la memoria, y por lo tanto de identidad, nacional. Mitri evoca un pasado reciente –el recuerdo de su primer marido, que falleció hace seis años– para relacionarlo con un tiempo anterior: los años ’80, signados por la muerte de otro ser querido, su padre.

En el plano discursivo, la realizadora articula su testimonio con declaraciones de su propia madre, y con una voz masculina que lee en off un poema de autoría y fecha inciertas pero generoso en versos conmovedores sobre la relación entre el ayer y el hoy. En el plano visual, contrasta imágenes actuales de una Beirut brutalmente occidentalizada (en apariencia angloparlante) con fotos viejas de la ciudad que en épocas remotas fue crisol de comunidades cristianas y musulmanas, pero que terminó reducida a escenario de guerras fratricidas, enfrentamientos con países ocupacionistas, diásporas, atentados terroristas.

Entre ambos frescos urbanos, Mitri desliza registros del trabajo de remoción de restos humanos que un equipo de antropólogos realiza en un terreno baldío. El protagonismo acordado a esos profesionales evoca el recuerdo del siguiente pasaje de este libro de Marc Augé:

“Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. La hipótesis aquí defendida es que la sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que contrariamente a la modernidad baudeleriana, no integran los lugares antiguos”.

A juzgar por los textos propios y ajenos que amalgama Mitri, sólo la memoria puede devolverles a los libaneses el paraíso perdido en tiempos de guerra y de paz aparente. El desafío de conservarla y eventualmente restaurarla es enorme porque, como en otros países, en esa tierra lejana el olvido también se disfraza de reconstrucción para despersonalizar ciudades y poblaciones.

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Contenido complementario
– Panzada de cine documental

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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