Las reseñas que faltaban

Tarde pero seguro, Espectadores completa su cobertura del 19º BAFICI con una serie de reseñas breves que seguro reeditará, y eventualmente ampliará, en la medida en que las películas en cuestión –ocho en total– vuelvan a exhibirse en Buenos Aires. Harán bien en tomar nota los lectores atentos al desembarco de producciones independientes, o ajenas a la factoría industrial, dentro y fuera de nuestro circuito comercial.

The fixer de Adrián Sitaru
El ejercicio inescrupuloso del periodismo es el tema central de esta coproducción franco-rumana dirigida por el mismo autor de Ilegítimo, y proyectada en la sección Trayectorias del festival. Para abordarlo, el cineasta nacido en Deva narra los entretelones de la cobertura que un equipo de periodistas de la televisión gala le dedica al desmantelamiento de una red de trata de menores rumanas en París. Con crudeza, el realizador desenmascara a la prensa canalla que dice trabajar “para la opinión pública”, y en nombre de la verdad y la justicia.

A partir del guión que escribió con Claudia Silisteanu, Sitaru también aborda la superficialidad con la que los Estados enfrentan el delito de explotación sexual, el desamparo de las víctimas de esta mafia internacional, la relación entre esta desprotección y la venalidad de algunos funcionarios, la desigualdad entre algunos Estados miembro de la Unión Europea, las imposiciones aparentemente inofensivas−y sin embargo nocivas− que los chicos padecen por parte de los adultos. El cruce de denuncias suena ambicioso, y sin embargo el cineasta vuelve a hacer gala de la destreza que demostró en su film anterior, cuando recreó el escándalo familiar que suscita el descubrimiento de una relación incestuosa entre hermanos.

Como en Ilegítimo, en Fixeur también descollan las actuaciones. Conmueven especialmente los primeros planos acordados a Anca Hanu, que encarna a la madre de una de las adolescentes prostituidas. En algunos espectadores, esta escena evoca el recuerdo de las observaciones que el actual juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Raúl Zaffaroni, desarrolla en su libro La cuestión criminal sobre los interrogatorios que los conductores y movileros de TV suelen hacerles a las víctimas de la tan mentada “inseguridad”.

Álbum de Mehmet Can Mertoglu
Tras circular por –y cosechar premios en– distintos festivales de cine, esta notable coproducción turco-franco-rumana se proyectó en el 19º BAFICI fuera de competencia, en calidad de “première argentina”. Hay esperanzas, entonces, de que más compatriotas puedan descubrir al autor de esta opera prima sumamente prometedora, que retrata de manera mordaz a un matrimonio al parecer representativo de la clase media otomana y, porqué no, de tantos países en vías de desarrollo (incluida el nuestro).

El Estado turco es el otro gran objetivo en la mira de Mertoglu, acaso porque desde su perspectiva los empleados públicos pertenecen a la misma clase ridiculizada. El despliegue de esta crítica social causó reticencia entre los connacionales del realizador, contó el crítico Christopher Vourlias en Variety.

La apertura del largometraje adelanta la principal estrategia narrativa del realizador, que consiste en desconcertar al espectador o, en otras palabras, en presentarle un escenario que parece seguro (al menos reconocible) pero que en realidad depara más de una sorpresa (algunas hilarantes; otras tragicómicas). El juego es legítimo porque los desvíos del sentido común distan de ser artificiosos o forzados.

Aquí también son fundamentales las actuaciones, sobre todo de Sebnem Bozoklu y Murat Kiliç, que componen a los esposos protagónicos. Este blog se permite dedicarle un aplauso al ganso que interrumpe la conversación entre el matrimonio y el administrador de un orfanato.

Lai de Rusi Millán Pastori
La semblanza que Millán Pastori hizo de Alberto Laiseca cala profundo en el corazón de los admiradores del escritor argentino que falleció en diciembre pasado. El realizador egresado de la ENERC participó de uno o varios talleres de escritura que Lai dio en un monoambiente abarrotado de colillas de cigarrillos, botellas, libros y manuscritos; quizás por eso, supo capturar destellos de la imaginación frondosa, pícara, irreverente del autor de Los Sorias, por ejemplo, la mención de dos hitos biográficos clave: una resolución tomada a los 17 años de edad y, más tarde, el pacto sellado con una diosa egipcia protectora de los gatos.

Por momentos, los espectadores reencontramos al Laiseca que actuó y narró ante cámara bajo la dirección de Mariano Cohn y Andrés Duprat. Por momentos, descubrimos aristas menos o nada conocidas: el hijo sufrido, el padre con alguna asignatura pendiente, el jornalero. Por si esto fuera poco, también asistimos al adelanto de una incipiente novela ambientada en la llamada “Guerra de Vietnam”, y que por motivos obvios nunca leeremos.

Entonces recordamos cuánto quisimos –y ahora extrañamos– a Lai. Seguro volveremos a ver el sentido homenaje de Millán Pastori cuando lo proyecten en alguna sala del circuito off, o con suerte en algún canal de nuestra televisión paga.

La guerra dei cafoni de Davide Barletti
Como La guerra de los botones que Yves Robert filmó a principios de los años ’60, La guerra de los pueblerinos, campesinos, patanes según distintas traducciones también es la adaptación cinematográfica de una novela que gira en torno a dos bandas de pibes enfrentados. En la película que se estrenó el 27 de abril en Italia, y que los programadores del 19º BAFICI incluyeron en la sección Hacerse Grande, la rivalidad da cuenta de una grieta ancestral.

El guión inspirado en el libro homónimo de Carlo D’Amicis propone una introducción ambientada en la Edad Media. Se trata de un relato breve que le da perspectiva histórica (y acaso política) a la crónica de un verano más o menos contemporáneo, donde una nueva generación de andrajosos resiste las bravuconadas de los herederos de los antiguos Signori.

Sólo dos adultos intervienen apenas en esta historia protagonizada por chicos no tan chicos. Los jóvenes actores de entre 10 y 17 años están estupendos. Para todos ellos éste fue su primer trabajo ante cámara, reveló Chiara Urgolini en el diario La Repubblica.

La guerra dei cafoni está hablada en italiano, en dialecto y un poquito en griego. La condición trilingüe aumenta el interés que despierta este encantador retrato de una infancia que a veces parece en vías de extinción.

Casting de Nicolas Wackerbarth
La película de apertura del 19º BAFICI fue producida por una emisora pública de radio y TV del sudoeste alemán, y presentada en la sección Forum de la edición más reciente del Festival de Cine de Berlín. Curiosamente, la puesta en escena es más bien teatral y recrea el proceso de selección de actores para un proyecto de remake –oh, casualidad televisiva– de Las amargas lágrimas de Petra von Kant de Rainer Werner Fassbinder.

No es imprescindible haber visto la película del cineasta bávaro para disfrutar de este impresionante juego interpretativo que lidera Andrea Lust, protagonista de la memorable El Ladrón de Benjamin Heisenberg que se proyectó en el BAFICI de 2010. La invitación a repasar y eventualmente resignificar aquel film de 1972 es una excusa para señalar las relaciones de poder que productores, directores, actores parecen tejer mientras intentan trabajar juntos.

Antes de la proyección que tuvo lugar el miércoles 24 de abril en la sala 10 del Village Recoleta, Wackerbach subrayó la apuesta a la improvisación actoral. Sin dudas, Casting se destaca gracias al notable desempeño de un elenco a la altura de un guión ocurrente, inteligente, por lo tanto consecuente con el genio del homenajeado Fassbinder.

♣ La loi de la jungle de Antonin Peretjatko
En algunos espectadores, el discurso sobre la francophonie en boca de los funcionarios Galgaric (Mathieu Amalric) y Rosio (Jean-Luc Bideau) podrá sonar a tiro por elevación contra la película más reciente de Aleksandr Sokurov. Pero no: Peretjatko no pretende ir tan lejos en su afán por tomarles el pelo a algunos aspectos de la idiosincrasia francesa, por ejemplo, el culto a la norma, la añoranza de ciertas pretensiones napoleónicas, la subestimación de lo que hay y/o sucede en el extranjero. A lo sumo, el realizador nacido en Grenoble (a no dejarse llevar por la sonoridad de su nombre y apellido) parece sugerir que los franceses contemporáneos se parecen más a los romanos que a los galos inmortalizados por Albert Uderzo y René Goscinny.

Sin dudas, hay mucho de historieta –para empezar, el título– en La ley de la jungla. Algunas de las aventuras que la Guyana (francesa, obviamente) les depara a los pasantes Marc Châtaigne y Tarzan se parecen un poco a aquéllas que Tintin protagonizó en otras ex colonias francófonas.

Peretjatko causa menos gracia cuando parece rendirles tributo a comedias made in Hollywood como aquéllas escritas y/o dirigidas por Jim Abrahams, sobre todo La pistola desnuda y Locos del aire 2. En cambio, se luce cuando retrata a los funcionarios del Estado francés dentro y fuera de la metrópoli, cuando parodia las reuniones de trabajo convocadas por organismos internacionales, y cuando sugiere que tampoco se toma en serio su propia película.

La loi de la jungle propone además un feliz reencuentro con Vincent Macaigne. El actor que encarna al mencionado Châtaigne es tan bueno para la comedia (lo vimos en La chica del 14 de julio del mismo Peretjatko y en Noticias de la familia Mars de Dominik Moll) como para el drama (encarnó al médico obstetra de Las inocentes de Anne Fontaine).

Maison du bonheur de Sofia Bohdanowicz
En las antípodas de La ley de la jungla, La casa de la felicidad proyecta una imagen entrañable de la idiosincrasia francesa, a partir de la semblanza de una encantadora astróloga parisina que hace más de cincuenta años habita un departamento en el 18è arrondissement o distrito de Montmartre. Los espectadores descubrimos a Juliane Seman al mismo tiempo que su retratista, Sofía Bohdanowicz: por lo pronto, ambas mujeres recién se conocen cuando la realizadora canadiense llega a Francia para convivir un mes con esta tía lejana de una amiga.

Sofía no entrevista ni pinta formalmente a Julianne. Ésta es la crónica de una convivencia circunstancial, hecha de charlas, de encuentros con otras personas, de rescates de fotos familiares, de intercambio de recetas de cocina, de pequeñas caminatas por el barrio y de la lectura de una carta astral (la de la joven realizadora).

A contramano de los dichos y proverbios que la imaginan en viaje permanente, este hermoso documental sugiere que la felicidad tiene morada. Los espectadores atentos reconocerán el balcón florecido que asoma sobre una esquina del distrito parisino de Montmartre.

Liberami de Federica Di Giacomo
Por si cupiera alguna duda sobre la fragilidad de la psiquis humana y sobre los límites que nuestra sociedad encuentra a la hora de protegerla y eventualmente fortalecerla, Liberami visibiliza ambos fenómenos desde una perspectiva infrecuente, montada sobre dos plataformas incómodas: el sufrimiento de creyentes católicos que se sospechan poseídos por el diablo, y el compromiso que sacerdotes especializados asumen para exorcizar a estos fieles.

Es absolutamente respetuosa la aproximación de Federica Di Giacomo a esta suerte de terapia religiosa contra padecimientos que ningún médico (ni clínico ni psiquiatra) ha sabido tratar, mucho menos curar. Acaso por eso la realizadora consiguió seguir de cerca a cuatro feligreses en pena, filmar sesiones de conjuro completas, e incluso registrar momentos breves de una capacitación auspiciada por el Vaticano.

Las risotadas que ciertas escenas de Liberami provocaron en parte del público baficiano dan cuenta de los prejuicios y/o insensibilidad de algunos espectadores. También de cuán profundo ha calado la explotación de este fenómeno por parte del cine de terror y de sus parodias.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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