Una mujer, de Camilo Medina y Daniel Paeres

La opera prima de Paeres y Medina se proyecta hoy por última vez en el BAFICI.

Entre las películas que participan de la competencia oficial latinoamericana del 19º BAFICI, la colombiana Una mujer inspira unas cuantas preguntas e hipótesis. El dato de que fue escrita y dirigida por dos varones, Camilo Medina y Daniel Paeres, es el principal disparador de tanta inquietud y especulación: ¿la caracterización de la protagonista responde a constataciones, prejuicios o deseos masculinos?; ¿los realizadores invitan a celebrar o a rechazar la libertad que se arroga su criatura?; ¿dejaron la historia inconclusa para que el espectador pueda cerrarla según su propio esquema de estereotipos y valores?

A Gabriela le gusta mucho el sexo. Bebe y fuma más de lo que come. A menudo improvisa viajes. Rara vez da explicaciones.

Su madre le pide amablemente que siente cabeza. La solicitud apunta a la necesidad de resolver el conflicto central del film, que este blog evita contar por respeto a los lectores alérgicos a los adelantos excesivos. En cambio, sí vale señalar que esta complicación también es más frecuente en la vida de un hombre que de una mujer.

Gabriela es pelirroja como tantas veces la pintaron a Eva. Para algunos espectadores también será pecadora y manipuladora (otra coincidencia con la mujer del bíblico Adán). Desde este punto de vista, Diana Giraldo encarna el prototipo de fémina egoísta, calculadora, transgresora, en suma, peligrosa. El arquetipo antagónico es Paula, a cargo de Tatiana Santacruz.

Los tantos parecen invertirse bajo una mirada feminista: Gabriela cuestiona y desobedece los mandatos patriarcales que Paula acata con bonhomía. Por eso los amigos varones de ambas –en especial Javier– elogian en reiteradas ocasiones la buena madera de la segunda.

Aunque también le retacean felicidad a su criatura, Medina y Paeres son menos severos que Dios con la suya. Por lo pronto, encuentran en el final abierto la manera de evitar el castigo que habría impuesto un creador proclive a las parábolas aleccionadoras. Mediante esta decisión narrativa, los realizadores trasladan la responsabilidad de la condena o salvación al público.

Una mujer relativiza las máximas del bolero homónimo, o al menos sugiere que la conducta ardiente, apasionada, frenética no corresponde necesariamente a un saber querer. Otra vez, da la sensación de que los realizadores colombianos proponen preguntas antes que definiciones. Acaso por eso su película tarda en abandonar la cabeza del espectador.

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María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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