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El desafío de la autorreferencialidad

Alek se proyecta los sábados a las 16 en la Fundación Proa. Entrada gratuita hasta agotar capacidad de la sala.
Alek se proyecta los sábados a las 16 en la Fundación Proa. La entrada es gratuita hasta agotar la capacidad de la sala.

En una sociedad signada por la proliferación de producciones escritas y audiovisuales en primera persona, parece aumentar la envergadura del desafío que enfrenta toda obra con fuerte impronta autobiográfica: despertar el interés -con suerte la sensibilidad- del público sin relación afectiva con el autor. También da la sensación de que ese creciente fenómeno cultural influye notablemente en el juicio de algunos espectadores/lectores: para bien en aquéllos fanáticos del género (en parte porque les ofrece algún eco de su historia personal o familiar); para mal en aquéllos cansados de una tendencia azuzada -y en general malograda- por las redes sociales.

Vale esta introducción para advertir que Alek de Alejandro Chomski gustará o no según la relación que cada espectador mantenga en líneas generales con el documental autorreferencial. Seguro disfrutarán del film de cuarenta minutos aquéllos interesados en toda invitación a repasar la historia de nuestros antepasados europeos (aquí, a partir del relato de inmigrantes judíos provenientes de Europa del Este y afiliados al Partido Comunista) y aquéllos identificados con el amor y la admiración que el realizador argentino expresa por su abuelo materno.

Estos espectadores valorarán la oportunidad de ver fotos familiares de antaño, escuchar relatos de juventud, textos recitados o leídos en idish y en polaco. También podrán asomarse a fragmentos de la filmación casera del viaje que abuelo y nieto hicieron juntos a Moscú en 1994. Sin dudas, Alek ofrece un material de archivo atractivo.

La porción de público cansado del género autobiográfico se fijará, en cambio, en los costurones del entramado que Chomski tejió para articular fotos color sepia con filmaciones menos viejas: de Alek en su casa, de su 80° cumpleaños, de ciertas entrevistas informales hechas a sus hermanos, de la deslucida visita a Rusia. Es posible que a estos espectadores les resulte especialmente irritante escuchar las instrucciones que el director les imparte, cámara en mano, a su abuelo y a un entrevistado.

Sin dudas, el mediometraje que el sábado pasado desembarcó en la Fundación Proa registra los primeros pasos profesionales del autor de Hoy y mañana, Dormir al sol, Maldito seas Waterfall, Existir sin vos. Una noche con Charly García. Difícilmente esta otra manera de entender Alek seduzca a los detractores de una época empachada de autorreferencialidad.

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María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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