Mesa entre nuestros libros

Mesa se dio el gusto de escribir su autobiografía.

Permítaseme la licencia de asumirme como un elemento multiuso. Escribí tangos, folclore, humor, poemas, comedias; actué distintos personajes; hice avisos comerciales; inventé muletillas; tuve novias, mujer, hijos, nietos, televidentes… Pero me estaba faltando el lector, el que me guarde en un anaquel apretado entre sus libros.

Solía decir mi amigo Pepe Biondi que a veces los empresarios que lo contrataban le pedían que tratara de cerrar su discurso de humor con un chiste ¡fa! Esa onomatopeya significaba que el final, el mutis, el telón debía tener la fuerza de un cierre expresivo, contundente, superior. Y Pepe me confesaba: ‘Querido gordo, ¡me he pasado buscando el chiste fa! Si algún día lo encontrás, te felicito porque es el más difícil de hallar’.

Como ya no tengo tiempo para buscarlo, declino en otros ese compromiso. En lugar de terminar mi libro con un chiste, prefiero hacerlo con un soneto:

La memoria que es frágil se disloca
cuando cuenta las vueltas de la vida
regresando a su punto de partida
como pasa en el juego de la oca.

Se resiste a llegar. La luz es poca
y vacilante su lámpara encendida
nos descubre la dicha prometida
pero advierte: se mira y no se toca.

Y bien. Enhorabuena por lo andado,
por tanto buen recuerdo trajinado
y por vibrar con ellos como vibro,

le doy gracias a Dios que me ha inspirado
para cumplir al fin con su legado
del árbol, de los hijos y del libro“.

Así termina Mesamorfosis, la autobiografía que Juan Carlos Mesa se dio el gusto de escribir a sus 84 años, y que Libros del Zorzal publicó en junio de 2015. Quienes disfrutamos de estas memorias volvimos a ojearlas ayer, luego de que diarios, radios, canales de noticias, sitios web, cuentas de Twitter, muros de Facebook anunciaran la muerte del humorista cordobés. Nos reconocimos entonces como la encarnación de aquel lector deseado.

Algunos también nos recordamos fanáticos de Mesa de noticias, el exitoso ciclo televisivo que marcó nuestra infancia entre 1983 y 1987. Por eso nos detuvimos en el pasaje transcripto a continuación, a modo de homenaje.

Gianni Lunadei y Juan Carlos Mesa en Mesa de noticias.

Estaba trabajando en Mar del Plata, y Fernando Marín y Carlos Montero me citaron con urgencia para una idea de televisión. Nos encontramos un mediodía en la confitería Cabo Corrientes y me contaron su proyecto de hacer una tira de hora diaria que describiera desde el humor la otra cara de los sucesos en el ámbito de un informativo de TV. Carlos Montero era un conspicuo referente de la información del país, creador entre otros grandes éxitos de Telenoche. La idea era ubicar el ciclo de lunes a viernes a las 20 horas en Canal 7.

Me volví a mi casita de la costa con el compromiso de armar un elenco que encajara en ese marco. Fueron surgiendo los nombres y las propuestas que se canalizaron a través de quien sería el productor ejecutivo del nuevo programa, Gustavo Yankelevich.

A las pocas semanas entregué un libro tentativo. Nunca imaginé que era el primero de otros mil capítulos que por cinco años consecutivos se consolidarían: cuatro años en el 7 y uno final en Canal 13. Por esa razón resigné mi continuidad con Tato y mi ciclo de radio en Belgrano; prácticamente me mudé al canal de Alcorta y Tagle, donde era el primero que llegaba y el último en irme.

Teníamos que escribir con el querido Faruk los ochenta gags de cada capítulo, y luego yo debía componer mi personaje de director para jugar sus escenas. Fue Gustavo, en los tiempos fundacionales, quien me propuso para el personaje de jefe de personal a Gianni Lunadei.

No bien nos encontramos con Gianni se estableció una fuerte corriente de afecto mutuo. Su villano de comedia fue un acierto tan grande que trascendió el ciclo y continué trabajando con él durante dos años en El Gordo y el Flaco de Canal 11, y luego en Rompenueces para Alejandro Romay.

Imposible recopilar los momentos que vivimos con este singular actor dentro y fuera de la ficción. Cada uno y todos los que desfilaron por Mesa de noticias participaron como yo de sus diabluras: desde hacer sacar de los goznes la puerta de mi despacho en el decorado sin que me enterara, y al grabar una escena y llamarlo por el intercomunicador entrar derribando la puerta, hasta recibirme al salir del ascensor para una escena y, al ponerse de pie (sin que el televidente se enterara por la complicidad del director), descubrir que se había quitado el pantalón y estaba de saco y corbata pero en calzoncillos con sus largas piernas enfundadas en medias negras con ligas. Eso era Gianni, una máquina de divertir”.

————————————————————————————————————
Contenido complementario
 Tato Bores

Published by

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

¿Con ganas de opinar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s