Las caras del exilio

El film de Pahn inauguró oficialmente el 3° FIDBA.
El film de Panh inauguró oficialmente el 3° FIDBA.

“El exilio y la infancia nunca se miran a la cara; yo conocí más al primero que a la segunda” recuerda Rithy Panh en el nuevo poema que le dictó su experiencia como sobreviviente del genocidio perpetrado por los Jemeres Rojos. En esta oportunidad, el realizador camboyano recurre a un solo actor (Sang Nan) y a la voz en off de Randal Douc -el mismo narrador de La imagen perdida– para representarse en un pasado cada vez más lejano, pero siempre dispuesto a hacerse presente.

En Exilio, el silencioso Nan encarna al joven Rithy que resistió, primero, el hambre, la enfermedad, el terror, el agotamiento en un campo de trabajo esclavo del régimen polpotiano, luego, el insomnio y el dolor anímico que le causó el desarraigo. Por su parte, Douc le cede su voz al Panh cineasta que repasa esos años, a veces en primera persona (del singular y del plural), a veces como si los hubiera vivido otro.

El realizador enriquece esta narración doble con decorados teatrales, con fotos, cartas, documentos oficiales de su archivo personal, con registros audiovisuales de Camboya y portadas de periódicos franceses, con la música de Marc Marder. Por otra parte desliza en el guión que escribió con Christophe Bataille pasajes de autores tan disímiles como Mao Zedong, Maximilien Robespierre, Louis Antoine de St-Just, Alain Badiou, Octavio Paz. También evoca a la mitología griega y/o a Albert Camus cuando imagina que su joven alter ego empuja rocas destinadas a evaporarse y a regresar a su lugar original.

Si lo conociera, seguro Panh coincidiría con el siguiente párrafo que el argentino Eduardo Grüner escribió en El sitio de la mirada: “Después de Auschwitz, a la poesía y al arte sólo les queda la recurrente, inútil, tarea de Sísifo: hablar incansablemente de lo indecible. O, como decía un personaje de Samuel Beckett, el escritor al que (Theodor) Adorno quiso dedicarle su Teoría Estética, ‘No hay nada que decir; pero es necesario seguir hablando‘”.

“A veces el exilio está en los sueños” dice -también- la voz de Douc, y entonces entendemos que el dolor infligido por el desarraigo rara vez da tregua. Así como atenta contra el descanso y la ilusión, ese sufrimiento también resiste el paso del tiempo. De hecho, Panh filmó este poema casi cuatro décadas después de aquel 13 de septiembre de 1979 en que pisó territorio francés como refugiado (por si algún espectador desconociera este dato, la cámara muestra el documento que el Estado galo le extendió al joven Rithy, entonces sin familia y con apenas 15 años de edad).

Con su nueva película, el cineasta abre un juego de mamushkas que excede el ejercicio autorreferencial. La experiencia personal libera a las demás víctimas del régimen polpotiano, que a su vez liberan a las víctimas de otras masacres, que a su vez liberan una profunda discusión sobre humanidad, libertad, dignidad, revolución.

Con la ayuda de los autores que cita, Panh contrasta teoría, retórica y práctica políticas, y enumera algunos de los riesgos que los espíritus revolucionarios corren en el mundo entero y en todas las épocas: derrocar un orden para imponer otro tan o más injusto que el anterior; reducir la lucha contra la inequidad -y las iniquidades- a la mera inversión de cierta relación de fuerzas sociales; imponer una verdad dogmática para anular las contradicciones de la realidad (y de la condición humana), ejercer el terror en nombre de cierta reparación histórica y/o social.

Justo en 1979, poco antes de la llegada del joven Rithy a Francia, Eduardo Galeano publicó El exilio: entre la nostalgia y la creación. En ese artículo escribió: “El exilio proporciona no sólo experiencias dolorosas. Cierra unas puertas, pero abre otras. Es una penitencia y, a la vez, una libertad y una responsabilidad. Tiene una cara negra y una cara roja”.

El exilio tiene dos caras, como la luna que Panh representa e interpela tantas veces en su nuevo poema visual, acaso para consolar a aquel niño camboyano sin infancia, sin familia, sin patria.

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PD. Panh presentó Exilio en la edición más reciente del Festival de Cannes. “Después de aquel debut, ésta es su segunda exhibición” dijo la productora Catherine Dussarte antes de la (accidentada) proyección que el miércoles pasado inauguró formalmente el tercer Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires. Habrá una tercera y última función el próximo martes 2 de agosto a las 20.30 en la sede que la Alianza Francesa tiene sobre la avenida Córdoba.

El 3° FIDBA se extenderá hasta el 4 de agosto en cuatro salas porteñas: el cine Gaumont, la Filmoteca Metropolitana, la Casa Nacional del Bicentenario y la mencionada Alianza Francesa. Todas las funciones son gratuitas.

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Contenidos complementarios
 Rithy Panh ilumina el FIDBA
 Vivir para contar (reseña de La imagen perdida de Rithy Panh)

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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