A magical substance flows into me, de Jumana Manna

Cobertura de Espectadores.
Cobertura de Espectadores.

Jumana Manna es de origen palestino pero nació (en 1987) en Estados Unidos y ahora reside en Alemania. El dato ayuda a presentar un largometraje excepcional sobre Medio Oriente, concretamente sobre la historia de la música de esa región tan vapuleada. Acaso sólo una persona que se cría a miles de kilómetros de un conflicto puede filmar algo más que el conflicto y, en este caso, algo opuesto a la noción de enfrentamiento. La realizadora aprovecha esta ventaja para pedirles a palestinos, yemeníes, marroquíes, samaritanos, beduinos, kurdos que cuenten, ejecuten y/o canten la partecita que les compete.

Algunas de las piezas de este rompecabezas son autobiográficas. Para botón de muestra basta la frase que Jumana dice cuando intenta explicar su amor por las canciones y la tierra de sus ancestros. La declaración se convierte en título de su película: Una sustancia mágica fluye en mí.

'A magical substance...' compite en la sección internacional del 18º BAFICI.
‘A magical substance…’ compite en la sección internacional del 18º BAFICI.

Además de aparecer ante cámara y de compartir sus reflexiones, la realizadora entrevista a su padre historiador, Adel Manna. Este testimonio recuerda la existencia de la histórica enemistad israelo-palestina, que apenas se nombra y que, quizás por eso mismo, nunca empaña la intención de homenaje. Por otra parte, las escasas referencas que asoman (por ejemplo aquélla sobre el intercambio de cartas entre los líderes Yusuf al Khalidi y Theodor Herzl) se diluyen en cuanto los entrevistados cantan y/o tocan algún instrumento en sus casas, al aire libre, en una oficina.

Fotos y grabaciones de archivo completan este film conmovedor no sólo porque nos acerca a un acervo cultural en peligro de extinción (ay, el daño cultural que provoca la globalización) sino porque nos recuerda la definición de música en tanto comunión espiritual con el prójimo y con la madre naturaleza. En algunos espectadores, este tributo evoca el recuerdo de la historia de la Orquesta West-Eastern Divan, que Daniel Barenboim y Edward Said fundaron con la intención de desandar el camino del odio y la violencia que palestinos e israelíes transitan hace ya más de sesenta años.

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Contenidos complementarios
– Los deseos de Daniel Barenboim
– La conveniencia de (re)leer a Edward Said, veinte años después

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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