Pisar el fango

Pantanal se estrenó el jueves pasado. Desde entonces, se proyecta en el cine Gaumont a las 13.50 y 21.15 y, a partir del 3 de marzo, a las 15:05 y 23:20.
Pantanal se estrenó el jueves pasado en el cine Gaumont. Desde entonces, se proyecta a las 13.50 y 21.15. A partir de mañana 3 de marzo, será a las 15:05 y a las 23:20.

«Ojalá tengas una vida de mierda» escupe la postal, a esta altura maltrecha, que un hermano le mandó a otro en circunstancias y por razones desconocidas. A través de la opera prima de Andrew Sala, los espectadores acompañamos al destinatario de la maldición en un viaje solitario, al borde de la ilegalidad, con presumible intención de fuga y expiación. Pantanal es el título de esta road movie nacional, que aprovecha el nombre de una de las paradas recónditas en el derrotero del cuarentón Andrés Cáceres para, de paso, anunciar la (riesgosa) invitación a pisar el fango.

Mientras el protagonista intenta encontrar a ¿y reconciliarse con? su hermano despechado, ¿policías, acreedores, sicarios o ex cómplices? le siguen de cerca los pasos. Sala convierte a remiseros, camioneros, almaceneros, kiosqueros, changarines de la vida real en personajes al servicio de una ficción generosa en interrogantes y centrada en la figura del buscador buscado.

De los testimonios recabados, así como de las escasas y escuetas llamadas que Andrés hace por teléfono, surgen datos insuficientes, en principio irrelevantes pero ricos en términos de suspicacia. De esta manera, el realizador azuza al espectador para que participe de la (re)construcción de un relato adrede incompleto.

El laconismo narrativo contrasta con la variedad -a veces exuberancia- de los escenarios que pisa el hermano execrado, a cargo del actor profesional Leonardo Murúa: un desfile de carnaval en un pueblo entrerriano, la selva misionera con su alfombra roja, los riachos que permiten burlar el control de la frontera con Paraguay, la entrada a Ciudad del Este, las inmediaciones del Mato Grosso brasileño.

A juzgar por la suerte grela que corre Andrés en su intento de fuga y (re)encuentro, la maldición fraterna parece haber hecho mella. Desde esta perspectiva, Pantanal ofrece una mirilla por donde asomarnos a una existencia signada por el destierro, la clandestinidad, la imposibilidad de recuperar afectos. Para algunos espectadores, éste es el retrato de una porción de vida de mierda, con pinceladas de documental y relato policial.