Retrato de un humanista

Hasta el 30 de septiembre, el documental se proyectará en la sala 3 del cine Gaumont, a las 12:55 y a las 16:15.
Hasta el 30 de septiembre, el documental se proyectará en la sala 3 del cine Gaumont, a las 12:55 y a las 16:15.

Desde el jueves de la semana pasada se exhibe en el cine Gaumont Silo, documental que Leandro Bartoletti hizo sobre la trayectoria intelectual y política del fundador del Movimiento Humanista en Argentina, el mendocino Mario Luis Rodríguez Cobos. Como toda aproximación cinematográfica a una figura más o menos pública, ésta también enfrenta dos grandes desafíos: llamar la atención de quienes saben poco o nada del referente en cuestión, y satisfacer las expectativas de quienes sí lo conocen (seguidores o detractores). Esta reseña fue redactada desde la primera perspectiva o, en otras palabras, desde el descubrimiento.

Bartoletti utiliza una buena carnada al principio de éste, su primer largometraje. La presentación de fotos familiares y una breve síntesis de la infancia de Mario Luis, en adelante Silo, promete la semblanza de un individuo fuera de lo común. El director tienta enseguida con una primera anécdota: la del niño que recién empieza a hablar a los cuatro años de edad, con elocuencia inusitada.

La primera mitad de la película resulta seductora porque coquetea con ésa y otras excentricidades que alimentan la sensación de que estamos ante un hombre digno de atención. El material de prensa gráfica, radial y televisiva ayuda en este sentido porque abre el juego a las dudas, suspicacias, críticas que suelen provocar los espíritus solitarios con repentina capacidad de convocatoria.

Los espectadores sensibles a la (in)conducta mediática también encontramos en esta instancia una interesante invitación a repasarla en un contexto histórico y ante un fenómeno acotados. El mismo Silo la analiza en más de una oportunidad ante cámara, y sale airoso de los clásicos intentos de estereotipación y eventual lapidación pública.

Lamentablemente, Bartoletti abandona -parece cansarse de- este contrapunto cuando promedia el film. De hecho, a lo largo de la segunda mitad, el realizador privilegia el testimonio de compañeros, seguidores, herederos del referente humanista. El retrato se convierte casi-casi en hagiográfico, a diferencia de la memorable ópera prima que Adrián Dagotto hizo tres años atrás en torno a otra figura polémica: Ceferino Namuncurá.

Para los espectadores sin compromiso afectivo con el líder mendocino, la película pierde puntos a medida que avanza. Sin dudas, la recordaremos por haber recortado nuestra ignorancia, pero también por habernos dejado con las ganas de asomarnos a algo más que una estampita.

Por si hiciera falta, vale aclarar que esta opinión es absolutamente sesgada. Son altas las probabilidades de que los seguidores de Silo celebren la existencia de esta única semblanza cinematográfica dedicada a su -ya fallecido- líder.

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Contenido complementario
 Ceferino mapuche. La hora del santo de Adrián Dagotto (reseña)

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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