Michael Moore también invade, pero con fines realmente nobles

Un poco como cuando filmó Sicko, Michael Moore vuelve a desplegar su mirada crítica sobre Estados Unidos desde el extranjero.
Un poco como cuando filmó Sicko, Michael Moore vuelve a desplegar su mirada crítica sobre Estados Unidos desde el extranjero.

Desde el jueves de la semana pasada, Michael Moore difunde a través de las redes sociales las opiniones elogiosas que su nuevo largometraje cosechó en el 40° Festival de Cine de Toronto. El documentalista describió el 10 de septiembre como una jornada inolvidable, signada por los 1.700 espectadores que asistieron al anunciado «estreno mundial» de Where to invade next. Ese mismo día, lanzó este primer corto promocional que sugiere la premisa central del film: en vez de bombardear países, Estados Unidos debería visitarlos, identificar sus buenas prácticas e importarlas.

Para la mayoría de los medios anglosajones que cubrieron el TIFF, ésta es la película «más alegre» (en palabras del británico The Independent) de Moore. The Guardian la definió como «el trabajo de un idealista que tomó distancia de su enojo y prefirió dejarse llevar».

Ante esta bienvenida generalizada, The Wrap auguró que Michael tardaría poco en encontrar distribuidor (cosa que, sin embargo, todavía no sucedió). Si bien reconoció la capacidad de convocatoria del realizador, Indiewire fue implacable: «Las películas de Moore son -primero y ante todo- sobre él mismo, tema que rara vez mira con ojo crítico»; «sus simplificaciones pueden ser exasperantes».

The Telegraph ensayó una hipótesis no sólo sobre la alegría que transmite W2IN (atención al título estilizado) sino sobre los seis años de inactividad cinematográfica desde Capitalismo, una historia de amor. Este otro diario británico comparó las películas de Moore con las historias de superhéroes: la calidad de ambas depende de la calidad del villano implicado.

Desde esta perspectiva, la retórica contestataria del autor de Bowling for Columbine habría perdido fuerza al término de la era Bush. «Con Obama, la raison d’être del realizador se hizo menos obvia» sostuvo el periodista Tim Robey.

Primera imagen del largometraje de 110 minutos que los programadores del 40º TIFF eligieron para la sección Presentaciones Especiales.
Primera imagen del largometraje de 110 minutos que los programadores del 40º TIFF eligieron para la sección Presentaciones Especiales.

En esta entrevista que le concedió a la revista Rolling Stone, Moore se refirió al desafío de hacer una película sobre Estados Unidos fuera de Estados Unidos: «¿Cómo mostrarnos sin mostrarnos realmente?», subrayó. Acaso en respuesta a los reproches de simplificación exasperante, dijo que una de sus tareas como cineasta es «señalar cosas que los medios masivos no quieren o no saben mostrar».

Por otra parte sostuvo: «El público se dará cuenta de que no considero perfectos a los países que visité… Sí, en cambio, elegí deliberadamente cosas que esos países hacen bien, e invité a mirarlas y a aprender cómo las hacen».

Francia, Italia, Japón, Finlandia son algunos de los países que Moore invadió para hacer W2IN. La ocurrencia de comparar la propia nación -en este caso, Estados Unidos- con naciones extranjeras evoca el recuerdo de aquel correo electrónico a nombre de Mauricio Macri que la gente de prensa del PRO envió en noviembre pasado, cuando la carrera electoral por la renovación del cargo presidencial había arrancado apenas en nuestra Argentina.

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