Almas ancladas en la sal

La opera prima de Arian Frank desembarcó el jueves pasado en el cine Gaumont.
La opera prima de Frank desembarcó el jueves pasado en el Gaumont.

La leyenda de la mujer de Lot se cuela tangencialmente en Los cuadros al sol, documental de Arian Frank que rescata del olvido, y de cierta condición fantasmagórica, al poblado conocido como «La Colonia» en Salinas Grandes, provincia de La Pampa. Las imágenes de los paisajes salineros (hermosa, la fotografía de Julián Borrell y Damián Santander), el testimonio de algunos de los pobladores forzados a abandonar sus casas y radicarse en Macachín (sobre todo las huellas del dolor que provocó ese éxodo impuesto), la irrefrenable necesidad de mirar atrás evocan el recuerdo de esa esposa bíblica sin nombre y desobediente, que Dios convirtió en estatua de sal.

En contra de lo que algunos espectadores puedan imaginar, la opera prima de Frank consiste menos en la reconstrucción de la historia de La Colonia que en un ejercicio reflexivo y poético sobre la relación que los seres humanos mantenemos con nuestro pasado y, en términos de Adolfo Aristarain, con nuestro «lugar en el mundo«. De ahí la decisión de articular los testimonios de los pobladores, de un abogado y de una profesora de música con la voz en off de un narrador que cita o resignifica fragmentos del libro El interior de Martín Caparrós, con la entrañable melodía de guitarra que compuso Joaquín Rajadel y con las postales de los mencionados Borrell y Santander.

Frank utliza pocas fotos de álbumes personales para acompañar los testimonios recogidos y sólo recurre a material de archivo -concretamente artículos periodísticos- cuando los entrevistados recuerdan la huelga que tuvo lugar entre octubre de 1971 y febrero de 1972, y que precipitó la decisión patronal de trasladar la fábrica de Salinas Grandes y reubicar a los obreros. El director también prescinde de los nombres propios: la empresa responsable de la fundación y desaparición del pueblo aparece mencionada de manera genérica, al igual que los gobiernos involucrados. Por otra parte hay que esperar al final del largometraje, a los créditos de cierre, para conocer nombre y apellido de los entrevistados.

Dicho esto, los recuerdos de los ex trabajadores de Cibasa ofrecen indicios suficientes para entender la suerte que corrieron ellos, sus familias y el pueblo modelo devenido en fantasma en el contexto nacional que va de fines de los años ’50 a principios de los ’80. Sólo en este sentido, la historia de La Colonia suena repetida.

En cambio, es original el enfoque ontológico que Frank y Paula Ramírez eligieron para su guión. No se trata de contar «lo que sucedió», sino de mostrar -o al menos sugerir- lo que los entrevistados hicieron (y siguen haciendo) con eso que les sucedió: de qué manera conviven con un pasado que dividen en dos etapas, una idílica, otra desgraciada (he aquí otra reminiscencia bíblica: como a Adán y a Eva, a estos argentinos también los expulsaron del paraíso).

Los protagonistas de Los cuadros del sol no se habrán convertido en estatuas de sal como la mujer de Lot, pero sus almas parecen haber quedado ancladas en las salinas pampeanas. Por eso regresan al lugar que sienten suyo y donde se reencuentran con la ilusión de un tiempo mejor. A algunos espectadores esto les sabrá a castigo divino; otros se sentirán testigos de un pequeño acto de reparadora rebelión.

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PD. El documental de Arian Frank desembarcó el jueves pasado en el cine Gaumont luego de haberse proyectado, este mismo año, en la Primer Muestra de Cine Nacional de Río Grande (Tierra del Fuego) y, en 2014, en la Muestra DOCA y en el Primer Festival Internacional de las Tres Fronteras.