El castillo de Valeria

Antes de estrenarse comercialmente, la película de Valeria Bruni Tedeschi se exhibió en el 16º BAFICI y en el
Antes de estrenarse comercialmente, la película de Valeria Bruni Tedeschi se exhibió en el 16º BAFICI y en la 7ª edición de Les Avant-Premières.

Un castillo en Italia se proyectó en Buenos Aires en el BAFICI de 2014 y meses atrás en el ciclo Les Avant-Premières antes de estrenarse comercialmente, ayer. Esta tercera instancia de exhibición confirma la sospecha de que la película de Valeria Bruni Tedeschi no necesita mucho más que su tarjeta de presentación para llamar la atención de los porteños amantes del cine europeo. De hecho, basta la sola invitación a (re)descubrir a la directora y guionista que conviven con la actriz en una misma persona.

Por si esta carnada resultara insuficiente, hay otras tres. Por un lado, el elenco que también conforman Louis Garrel, Filippo Timi, Silvio Orlando (el inolvidable actor de Il caimano), Xavier Beauvois (director de De dioses y de hombres) y la madre de Valeria, Marisa Bruni Tedeschi. En segundo lugar, la promesa de un retrato de familia contemporánea con el colorido telón de fondo de Francia e Italia.

En tercer lugar, influye un dato poco difundido por nuestra prensa vernácula: la medio hermana de Carla – por lo tanto medio cuñada de Nicolas Sarkozy– cocinó su ficción con ingredientes autobiográficos. Por lo pronto, el sitio galo AlloCine cuenta aquí que la realizadora filmó en el castillo familiar, y que -como la Louise de celuloide- tuvo un hermano enfermo de sida y fue pareja de Garrel (la relación duró cinco años en la vida real e incluyó la adopción de una niña senegalesa de nombre Céline).

En una buena porción de los amantes del cine europeo, la presencia de Valeria, la condición estelar y franco-italiana del elenco, la impronta autorreferencial pesarán más que las limitaciones de un trabajo que pretende abarcar mucho y aprieta poco. A una pequeña franja de espectadores, en cambio, la suma de conflictos que enfrenta la protagonista (la obsesión por tener hijos, el envejecimiento de su madre, el sida de un hermano, la inminente bancarrota familiar en el marco de una crisis europea que también afecta a los sectores habituados a vivir de rentas) nos resulta excesiva para un solo largometraje, aún cuando éste dure casi dos horas.

A juicio de esa misma minoría, Bruni Tedeschi parece más cómoda cuando transita por el sendero de la comedia (cabe destacar, por ejemplo, la escena donde la protagonista espera su turno para el implante de óvulos fecundados) que cuando se sumerge en aguas melodramáticas. En esa instancia, Un castillo en Italia pierde ritmo, frescura y por lo tanto termina seduciendo bastante menos que su tarjeta de presentación inicial.

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Contenidos complementarios
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 Bon appétit!
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Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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