Doble desilusión

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Jorge Taiana, rara avis de nuestra política. Tras renunciar a su cargo de canciller, volvió a militar desde el llano sin buscar ningún tipo de escándalo.

Seis días después de que Cristina Fernández de Kirchner pidiera reducir la cantidad de aspirantes oficialistas a la Presidencia de la Nación y a la gobernación bonaerense, el Movimiento Evita anunció la declinación de las pre-candidaturas de Jorge Taiana y Fernando Chino Navarro para ponerse a disposición de la estrategia que la Primera Mandataria «crea más conveniente». Aunque previsible, el comunicado de prensa causó tristeza y frustración en los argentinos que esperábamos las elecciones primarias del 9 de agosto para votar al ex ministro de Relaciones Exteriores y actual legislador porteño. Algunos sentimos desilusión por partida doble: además de lamentar el apartamiento, observamos que la solicitud o exigencia presidencial cercenó el espíritu de la Ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral (Ley Nº 26.571) que dio origen a las llamadas PASO, y que nació de un proyecto que la propia CFK presentó hace más de un lustro.

Como Taina, sus seguidores también entendemos que «la coyuntura acota las posibilidades y la variedad de propuestas». Por un lado, reconocemos que el recorte de la lista de pre-candidatos favorece la concentración de votos y de esta manera alimenta la ilusión de victoria partidaria asegurada. Por otro lado, contemplamos la (remota) posibilidad de que el redireccionamiento de votos antes acordados a los pre-candidatos renunciantes -además del nuestro, Sergio Urribarri y Agustín Rossi— reduzca las chances de victoria individual que politólogos, encuestadores y periodistas pronostican para el pre-candidato oficialista que menos nos gusta: Daniel Scioli.

Entre los admiradores del ex canciller, una porción sospechábamos que sólo en las PASO podríamos darnos el gusto de votar no sólo con la cabeza, sino con el corazón. En otras palabras, estábamos mentalizados para acudir descorazonados a las elecciones concluyentes del 25 de octubre, no antes.

Algunos argentinos celebramos la sanción de la Ley 26.571 a fines de 2009 porque entendimos que ampliaba la participación ciudadana en términos electorales. Quienes no militamos en ningún partido político consideramos las PASO como una versión abierta de las internas partidarias a las que lógicamente no teníamos acceso. La implementación de esta instancia de pre-selección renovó el interés ciudadano en el acto electoral, primero, porque abrió el juego de (pre)candidaturas, segundo, porque incorporó una etapa intermedia de sondeo y evaluación.

Es posible que la solicitud o exigencia presidencial del 8 de mayo contribuya a mejorar la performance del oficialismo en las PASO presidenciales y bonaerenses, y a aumentar las chances de ganar en los comicios concluyentes. Pero, seguro, limita las opciones de representación política que el mismo kirchnerismo quiso promover seis años atrás. A veces el pragmatismo político provoca éstos y otros disgustos.

Acaso con razón, más de un lector considerará que la autora de este post es una ciudadana necia además de ingenua. Le reprochará lamentar la declinación de una pre-candidatura que ella misma reconoce condenada al fracaso, y por lo tanto destinada a obstaculizar la carrera de los competidores más convocantes.

En respuesta a esa crítica eventual, quien suscribe se permite alterar los factores de la célebre máxima de Blaise Pascal para señalar que el corazón también desconoce -a veces adrede; a veces por pasional- algunas razones de la razón. En este caso, una buena porción de seguidores de Taiana pretendíamos aprovechar las PASO para votarlo porque era nuestro pre-candidato favorito, independientemente de sus condiciones para ganar.

Es más… Esta porción de electores somos conscientes de que Taiana difícilmente triunfe en las urnas. Por un lado, le falta la dosis de cancherismo (algunos hablararán de carisma) necesaria para seducir a una porción significativa de compatriotas. Y a diferencia de otros referentes políticos que tampoco fueron/son cancheros (Fernando de la Rúa, Hermes Binner, Fernando Pino Solanas por ejemplo), el actual legislador porteño se niega a utilizar los lugares comunes sobre honestidad, coherencia, probidad, firmeza que suelen sensibilizar a los argentinos bien pensantes.

Por otro lado, Taiana nunca montó un aparato de propaganda como el de Scioli ni buscó apoyo presidencial como Florencio Randazzo y los mencionados Urribarri y Rossi. Algunos sostendrán que esta conducta revela falta de picardía o pragmatismo políticos; los simpatizantes valoramos la distancia -a nuestro juicio saludable- que nuestro candidato siempre mantuvo con el sciolismo y con CFK, incluso antes de renunciar al cargo de canciller para volver a militar desde el llano, sin cambiar de bando (algo muy infrecuente en nuestra dirigencia política).

Desde entonces, lo consideramos capaz de corregir las imperfecciones del modelo de país que el kirchnerismo diseñó e impulsó una década atrás. Asimismo lo vemos con la determinación necesaria para plantarse ante la tendencia verticalista que a veces nubla el pensamiento crítico peronista, y para enfrentar los intereses nacionales y extranjeros que atentan contra el desarrollo de una Argentina inclusiva y soberana.

Lamentamos no poder darnos el gusto de votarlo este año. Dada la probada maleabilidad de la Ley 26.571, nos cuesta renovar las esperanzas de cara a las elecciones presidenciales de 2019.

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