Theeb, de Naji Abu Nowar

Cobertura de Espectadores.
Cobertura de Espectadores.

Difícilmente la cartelera comercial porteña vaya a exhibir Theeb, coproduccción entre Jordania, Arabia Saudita, Qatar y el Reino Unido que también compite en la sección oficial internacional del 17° BAFICI. Por este solo hecho, es decir, dada la naturaleza única de esta oportunidad, vale la pena asistir a alguna de las funciones acordadas a la ópera prima de Naji Abu Nowar. Una segunda razón para esta recomendación radica en la destreza del realizador a la hora de contar un relato de supervivencia que un chico beduino protagoniza en un rincón desolado de la provincia otomana de Hijaz, durante la Primera Guerra Mundial.

La destreza en cuestión se origina en un guión concebido con sentido de suspenso verosímil (por oposición a esas aventuras de iniciación que resultan descabelladas). La caracterización de Theeb (el título de la película retoma el nombre propio del protagonista, que en castellano significa ‘Lobo’) revela la capacidad de Nowar para sumergirse -y sumergir al público- en la mente de un niño que deja de ser niño en circunstancias confusas, adversas, devastadoras incluso para los adultos involucrados.

El realizador se revela además como un excelente director de actores, a juzgar por el impresionante desempeño del pequeño gran Jacir Eid Al-Hwietat. De hecho, esta actuación constituye uno de los dos imanes que nos impiden despegar la vista de la pantalla. El otro es la fotografía de Wolfgang Thaler que explota al máximo la riqueza visual y narrativa de los paisajes naturales donde transcurre la historia.

Aunque la Primera Guerra Mundial aparece apenas mencionada, los espectadores interesados en la Historia del siglo veinte reconocerán en Theeb algunos indicios interesantes del (o los) huevo(s) que la serpiente Europa incubó en Oriente Medio, mucho antes del conflicto con el entonces Imperio Otomano. En principio concentrado en contar cómo un chico de once o doce años sobrevive en el desierto, el largometraje de Nowar parece aludir a la responsabilidad que les cabe a las potencias de Occidente en la aparición de enfrentamientos fratricidas al otro lado del estrecho del Bósforo.