Anotaciones sobre la mentalidad hípica en época pre-electoral

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La mentalidad hípica equipara el voto a una apuesta ganadora.

En las redes sociales, en el trabajo, en encuentros con familiares o amigos hay quienes manifiestan su indecisión a la hora de votar. Tras expresar dudas e inquietudes, piden consejo e improvisan encuestas caseras con la esperanza de que alguna respuesta termine de convencerlos antes de entrar al cuarto oscuro.

Sin dudas, la consulta a -y el intercambio de opiniones con- nuestro entorno forman parte de la previa electoral. Nadie pretende descalificar esta práctica ciudadana anterior a la toma de decisión final. Se trata, en cambio, de señalar la impresión que causan los compatriotas aparentemente desesperados por reconocer de antemano al candidato que resultará elegido. Como si la suerte ya estuviera echada, como si el quid de la cuestión pasara por identificar -y apostar- al pingo ganador.

Será porque son pocas las veces en que nuestro preferido ganó o, en palabras sensibleras, porque estamos acostumbrados a perder. Lo cierto es que esa conducta ansiosa sorprende a los argentinos que valoramos el hecho de votar por quienes queremos votar aún cuando encuestadores profesionales y opinólogos mediáticos les pronostiquen un fracaso, a veces estrepitoso.

Oficialistas y opositores agitan el fantasma del voto desperdiciado. «¿Para qué vas a votar a ése si éste otro es el que lleva las de ganar?» es la pregunta retórica que suele favorecer -por citar dos casos ilustrativos- a Daniel Scioli cuando el interlocutor es un simpatizante kirchnerista preocupado por la elección presidencial y a Horacio Rodríguez Larreta cuando el interlocutor es un porteño convencido de que el Gobierno de la Ciudad debe seguir en manos PRO.

Días atrás, un contacto de Facebook -contacto kirchnerista, aclaremos- le reprochó al «obcecado» Jorge Taiana la decisión de mantener su candidatura presidencial «cuando es evidente que el ex canciller no tiene chances de triunfar». A quien suscribe le cuesta entender esta lógica que termina desvirtuando una conquista K: la implementación de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias o PASO.

Esta concepción hípica de las elecciones parece ignorar u olvidar que la representatividad política es un fenómeno social que se construye por etapas. Los candidatos empecinados en mantener sus candidaturas y quienes los apoyamos reconocemos la alta probabilidad de que éste no sea el año de la victoria electoral, pero entendemos que su desempeño en 2015 puede constituir una instancia significativa en el camino hacia esa meta.

En este sentido las PASO ofrecen una herramienta de evaluación interesante para postulantes obcecados como Taiana o Gabriela Cerruti (con perdón de quienes formulan la pregunta retórica de rigor a favor de Mariano Recalde). Para los ciudadanos tercos que los votamos también, pues podemos determinar si estamos contribuyendo a sentar las bases de una carrera promisoria o si las esperanzas que depositamos terminarán diluyéndose en el tiempo.

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Contenidos complementarios
 Carta de intención para 2015
 Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad. Anotaciones sueltas