Lilia, Rodolfo y las constelaciones

Lilia tenía 33 años cuando Rodolfo desapareció.

La noticia de la muerte de Lilia Ferreyra irrumpió ayer martes por la tarde en las redes sociales antes que las ediciones online de los medios tradicionales empezaran a difundirla. Buena parte de los argentinos que lamentamos el deceso de la última pareja de Rodolfo Walsh (estuvieron juntos diez años hasta que el Estado terrorista desapareció al co-fundador de ANCLA el 25 de marzo de 1977) recordamos dos textos que la también periodista publicó en Página/12: éste de marzo de 2007, donde reconstruyó los entretelones de la redacción de la famosa Carta abierta de un escritor a la junta militar, y éste de marzo de 2012 donde transcribió las palabras que pronunció en el Espacio por la Memoria y Derechos Humanos -ex ESMA- cuando la inauguración de los diez paneles de vidrio que exponen el contenido de aquella denuncia pública. Si será difícil apartarla del autor de Operación Masacre, ¿Quién mató a Rosendo?, El caso Satanowsky que la misma Parca eligió llevársela justo en el mes aniversario del fatídico secuestro.

Además de ésos y otros artículos, algunos compatriotas también recordamos la entrevista que Ferreyra le concedió a la Agencia Rodolfo Walsh el 1º de abril de 2007, es decir, hace ocho años exactos. La pregunta «¿Qué siente cuando contempla las estrellas» inspiró el siguiente cierre.

– He vuelto al Delta argentino. He alquilado una casita con una pareja amiga y, en la noche, algunas veces, levanto la cabeza y miro ese cielo bajo el cual estuve con Rodolfo mirando las constelaciones.

– ¿Continúan sus diálogos íntimos con él?

– A veces nos peleamos. Hay un diálogo interno en la memoria, pero yo soy consciente de que no puedo quedar clavada en el pasado, que hay un presente y nuestra obligación moral en todo caso es seguir peleando por un futuro de justicia».

Según el testimonio de quienes la conocieron, Lilia nunca dejó de luchar. Tenía 33 años cuando mataron a su compañero, y murió a los 71 después de haber batallado duro contra el cáncer. Durante esas casi cuatro décadas intermedias entendió que su memoria era el «verdadero cementerio» donde celebraba la vida de Walsh. Acaso ayer haya sabido encontrarlo entre las mismas constelaciones que aprendieron a mirar juntos.

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