Tributo a la memoria, por 39ª vez

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El 39º aniversario del último golpe de Estado en Argentina es una buena ocasión para reivindicar la importancia de la memoria colectiva.

Deberían frecuentar a un enfermo de Alzheimer quienes subestiman la importancia de la memoria. También quienes encuentran exagerada la estrecha relación entre recuerdo e identidad, y quienes advierten sobre un ejercicio intelectual cuya naturaleza subjetiva atenta contra la presunta neutralidad de la verdad.

Deberían asistir durante un buen tiempo a algún ser querido víctima de olvido patológico y tomar nota de la pérdida progresiva de confianza, lucidez, autonomía, dignidad. Deberían visitarlo con sistematicidad hasta la instancia terminal. Así constatarían que -además de irreversible- la despersonalización es total.

Familiares y amigos de enfermos de Alzheimer sabemos cuán desacertadas son las ilustraciones que muestran uno o varios cajones destinados a almacenar datos, enseñanzas, recuerdos. Antes que la metáfora del compartimento estanco, preferimos aquélla de los engranajes en constante movimiento, pues permite entender mejor el fenómeno de deterioro y anquilosamiento espasmódicos.

Cuando empieza a desconocer su pasado, el paciente deja de entender su presente y se revela incapaz de concebir el futuro. Se convierte en sujeto sin noción de temporalidad y proclive a la repetición discursiva y conductual.

La memoria, por supuesto, es un ejercicio mental empapado de subjetividad. Subjetividad colectiva, no sólo individual, aprendemos familiares y amigos de personas con Alzheimer cuando recurrimos a nuestros propios recuerdos para intentar rellenar los orificios que las primeras dentelladas de la enfermedad provocan en el tejido neuronal.

Mientras hay memoria, es posible revisar, evaluar, actualizar -eventualmente discutir- el pasado. Cuando alguien lo tergiversa, suele intervenir otro para proponer una o varias correcciones. La arista colectiva se manifiesta de nuevo.

El olvido, en cambio, desarraiga. Corta de cuajo el vínculo -y por lo tanto toda articulación- entre el ayer y el hoy. El presente se extiende entonces ilimitadamente y se convierte en pasarela enclenque de un devenir insensato.

Deberían frecuentar a un enfermo de Alzheimer los argentinos convencidos de las presuntas bondades de dejar atrás nuestro pasado. Quizás esta experiencia les sirva para comprender la saludable costumbre de conmemorar cada 24 de marzo y de rendirle tributo a la memoria individual, colectiva, ciudadana… en 2015 por 39ª vez.

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