Qui suis-je?

Pocas horas después de que el atentado contra la redacción de Charlie Hebdo se convirtiera en noticia, miles de usuarios de Facebook adhirieron a la consigna “Je suis Charlie” o “Soy Charlie Hebdo” para expresar solidaridad con las víctimas de las ejecuciones y repudio contra el accionar criminal de un terrorismo que algunos tildan de “fundamentalista” a secas y otros, de “árabe”, “islámico”, “musulmán”, “integrista”, “jihadista”. Casi enseguida, otros suscriptos a la red social difundieron la contra-consigna “No Soy Charlie Hebdo” para explicar el atentado a partir de la conducta imperialista de las potencias occidentales, para acusar al semanario francés de desplegar un humor “racista” o “islamófobo” (por lo tanto funcional al statu quo blanco), para denunciar la hipocresía de una opinión pública que se rasga las vestiduras ante el asesinato de doce ciudadanos franceses pero que asiste con indiferencia a la desaparición de los estudiantes normalistas en México y a la masacre de palestinos en Gaza.

¿Qué pasaría si, a contramano de este fenómeno facebookeano, dejáramos de sostener que (no) somos Charlie y tratáramos de definirnos más allá de una consigna rápida? Esta pregunta inspiró la redacción del siguiente texto en primera persona, titulado “¿Quién soy?” o -a tono con el idioma de la proclama original- “Qui suis-je?”.

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Definirnos más allá de estas consignas. Ésa es la idea.
Definirnos más allá de las consignas que irrumpen en medios tradicionales y redes sociales. Ésa es la idea.

Miércoles 7 de enero, onceavo arrondissement de París. Un grupo comando ingresa a los gritos en la redacción de un semanario satírico francés y, mientras invoca a Alá y a Mahoma, acribilla a siete humoristas gráficos, dos periodistas, un empleado de Sodexo y dos custodios policiales. La noticia irrumpe en la vida cotidiana de los argentinos con una estridencia similar a la que el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York provocó más de una década atrás.

Antes de ver esta filmación difundida por la prensa gala, imagino el asalto como un compendio de escenas con impronta hollywoodense. En otras palabras, recreo lo sucedido con rostros, planos, coreografías, sonidos recurrentes en el cine industrial.

En ese instante, la cabeza amaga con distinguir entre buenos y malos y con sentar posición (entre los buenos, por supuesto). El corazón presiona en nombre de la profesión que elegí (trabajé casi dos años en la redacción de una pequeña editorial porteña) y del vínculo afectivo e intelectual que mantengo con Francia (soy egresada del Liceo Jean Mermoz, tengo familia y amigos franceses).

Presa de esta identificación con los trabajadores de prensa asesinados y con los franceses en general, siento empatía con la proclama “Je suis Charlie”. Pero la afinidad termina revelándose limitada por otras cuestiones que también me definen, y que chocan con parte del discurso esgrimido por los propaladores de la consigna solidaria.

El cine pochoclero habrá condicionado mi imaginación, no así mi percepción de la actualidad mundial. De hecho, soy alérgica a los films que denuncian la existencia de un solo terrorismo (hace rato, de aquél atribuido al “fundamentalismo árabe”) y que reivindican la superioridad moral de un Occidente siempre justo, probo, democrático, civilizado.

Antes que Charlie Hebdo, soy ciudadana de un país periférico. También soy un compendio de pasajes de libros y artículos escritos por Franz Fannon, Edward Said, Noam Chomsky, Eugenio Raúl Zaffaroni. Por eso entiendo que el atentado al semanario satírico se articula en gran medida con las masacres masivas y por goteo que los países centrales perpetran -o contribuyen a perpetrar- dentro y fuera de su territorio. Por eso doy un paso al costado cuando me invitan a acompañar a la distancia la manifestación encabezada por dirigentes que financian, ordenan y silencian matanzas con fines económicos pero, eso sí, en nombre de la democracia, la libertad y la seguridad (inter)nacional.

El sábado pasado, el suplemento humorístico del diario Página/12 le dedicó su tapa a la reacción en cadena que el atentado a Charlie Hebdo provocó en las redes sociales. Clic en esta imagen -apenas un extracto- para ver la versión completa de la portada en cuestión.

Al mismo tiempo, evito jerarquizar crímenes. Sensible a la advertencia de Zaffaroni en este capítulo de La cuestión criminal, discrepo con los adherentes a la contraproclama “No soy Charlie Hebdo” que desdramatizan la muerte de doce ciudadanos franceses con cifras más elevadas, por lo tanto más impresionantes: 43 estudiantes desaparecidos en México y miles de afganos, iraquíes, palestinos asesinados a manos de los Estados Unidos y/o sus aliados.

También rechazo las expresiones, en general solapadas, de una lógica similar a la que engendró la tristemente célebre expresión argentina “Por algo será“. A modo de ejemplo, vale citar la ocurrencia de -justo el 7 de enero- ingresar a muros facebookeanos de contactos visiblemente conmovidos por el atentado para recomendarles La batalla de Árgel de Gillo Pontecorvo. En ese contexto, la sugerencia suena más a provocación que a llamado a la reflexión.

La dicotomía “Soy Charlie” / “No soy Charlie” alienta la simplificación de un conflicto de larga data, tan enorme como complejo, al que deberíamos asomarnos con la mayor prudencia posible y atentos a quiénes somos, cómo pensamos, porqué entendemos como entendemos una realidad que -nos guste o no, y al margen de lo que creamos- conocemos a medias. Somos -o deberíamos ser- algo más que portadores de consignas al servicio de discursos maniqueos que terminan reforzando la idea de que estamos asistiendo a un nuevo episodio de la lucha entre el Bien y el Mal.

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PD
. La publicación de este post resulta en principio extemporánea en el contexto de conmoción nacional que los argentinos experimentamos desde esta mañana cuando nos enteramos de que encontraron muerto al fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman. Sin embargo, el hallazgo de la consigna “Yo soy Nisman” en esta página de Facebook parece devolverles actualidad a observaciones evidentemente irreductibles a un único episodio de nuestra actualidad.

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Contenidos complementarios

 La conveniencia de (re)leer a Edward Said, veinte años después
 La cuestión criminal de Eugenio Raúl Zaffaroni (versión digital, capítulo por capítulo)
 El fin de la criminología negacionista según Zaffaroni (síntesis del capítulo 19 de La cuestión criminal)
 “Plus Jamais Ça”. El liceo francés de Buenos Aires también siembra memoria
 Inmigración francesa en Argentina. El Chaco, escenario ignorado por la Historia oficial

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

5 thoughts on “Qui suis-je?

  1. La verdades q este tema es harto complejo En principio adhiero al repudio x la muerte de periodistas ,humoristas ,dibujantes ,estudiantes ,campesinos y /o etc ,(no importa el número ni la procedencia )como también adhiero a respetar la libertad de expresión ,aunq a mi no me guste .
    Luego pensé;Ser o no ser ? No ser Charlie ,porq Charlie era una publicación intolerante ,provocadora ,guarra y ofensiva Charlie no merecía un ataque terrorista pero si varios juicios por ofensas tal vez .
    .Charlie tenia y tiene derecho a ser y yo a elegir no leerla

  2. Estimada Maria: tema complejo tomar partido. En México, muy penoso el caso Ayotzinapa; como en “Je suis Charlie” mucha gente, según mi opinión, se han”colgado” para defender posiciones totalmente ajenas al suceso. La política de “appeasement” (Neville Chamberlain) de nuestro Presidente con organizaciones sociales disidentes con intereses muy radicales con objetivos políticos que no tienen nada que ver con el asesinato de estudiantes de Guerrero. Vivimos tiempos complejos en que la realidad se oculta tras hechos tan lamentables. Sobre este tema sugiero la lectura de la columna de Raymundo Riva Palacio en el diario “El Financiero” de México. Le mando un afectuoso saludo.

  3. Estamos de acuerdo, Mabel. Dicho esto, pienso que la discusión en torno al sentido del humor de Charlie Hebdo y a las implicancias de la libertad de expresión constituye la punta de un iceberg bien profundo, con el que venimos chocando hace tiempo. Se trata del andamiaje discursivo (cultural, por decirlo de una manera más amplia) sobre el que Occidente monta su hegemonía económica y política.

    En otras palabras, el atentado no fue contra Charlie Hebdo porque Charlie Hebdo ridiculizó a Mahoma y al Corán. En todo caso, el atentado apuntó a la representación de una serie de valores que Occidente define como “universalmente saludables”, cómo lo que “debe ser”, cuando en realidad se trata de valores funcionales a cierto ejercicio de poder mundial. Las caricaturas de Charlie Hebdo fueron la excusa para atentar contra ese andamiaje que Edward Said llamó la “pata cultural del imperialismo“.

    Dicho sea de paso, a mí me causa gracia que Merkel, Hollande, Netanyahu salgan a manifestarse en defensa de la libertad de expresión cuando son ellos los primeros en condicionar la información que la prensa occidental difunde sobre los motivos y resultados de los operativos militares que sus países llevan adelante sin considerar las libertades y la seguridad de las poblaciones atacadas. Perdón, afectadas.

    Estimado Jesús, atenta a sus palabras, busqué a Raymundo Riva Palacio en el sitio web de El Financiero y encontré uno/dos artículos entre tantos otros. Me pregunto si alguno de esos dos es el que usted recomienda.

    Como apenas conozco el trazo grueso de la Historia de México y de su presente, no me siento en condiciones de opinar sobre la desaparición de los estudiantes normalistas ni sobre la gestión de Enrique Peña Nieto. El desconocimiento no me impide, sin embargo, sentir profunda pena por la suerte que corrieron estos jóvenes y tener dudas sobre la voluntad del gobierno mexicano en esclarecer estos crímenes. Acaso usted pueda ayudarme a tener una idea más precisa sobre esta cuestión.

    Gracias a ambos por sus comentarios.

  4. Muy interesante…me acordaba de lo leído en su momento sobre las identidades múltiples, un discurso bastante empleado desde la mirada postmoderna que desmitifica justamente la posibilidad de ser o no ser y nos acerca a las contradicciones con las que vivimos a diario…
    A mí la primera impresión de “Je suis Charlie” me pareció muy buena, muy empática con respecto a las muertes de otros, de otros que quizás no fueran ni los mejores periodistas, ni los más santos, ni nada, solo seres humanos…y entonces viene el tema de la utilización político-mediática…cuando aparece la visión maniquea, ser esto significa no ser lo otro…y ahí paro y digo..eh…yo soy esto Y lo otro…”Soy las mujeres de Nigeria, soy las mujeres de Afganistán, soy Charlie, soy cada uno que sufre…” eh…y también soy parte de Occidente que causa sufrimiento…he ahí la contradicción.

  5. Así es, Carolax… Lo que somos -incluidas nuestras contradicciones- no cabe en ningún slogan ontológico. Es bueno recordarlo, sobre todo ante slogans que pretenden reducir al máximo el complejísimo (y crítico) escenario internacional.

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