¿Woody Allen filmará en Buenos Aires? Una obsesión incurable

Fotomontaje de Espectadores.
Woody Allen posa delante del Obelisco. Fotomontaje de Espectadores.

En esta entrevista que días atrás le concedió a Le Nouvel Observateur a raíz del estreno de Magia a la luz de la luna en Francia, Woody Allen se explayó sobre algo que ya contó varias veces: desde que empezó a filmar fuera de los Estados Unidos, recibe propuestas de financiación para que ambiente sus próximas películas en tal o cual país extranjero. La mención de Buenos Aires entre las ciudades desde donde le llegan estas invitaciones evoca el recuerdo de los anuncios que nuestros medios difundieron con intención de primicia o en tanto expresión de un deseo entre cholulo, chauvinista, cinéfilo, acaso político.

“Se me acercan para decirme ‘Filme en Río, o en Estocolmo, o en Buenos Aires y lo financiaremos’. Incluso recibí propuestas desde Israel y Rusia. Sólo acepto cuando tengo un guión que funcione en este decorado”, explica Allen a LNO antes de entrar en detalles.

Mi hermana, que es productora de mis films, primero viajó a Río, luego a la Argentina. Ella se encarga de que todo esté ok y a mí me toca encontrar una idea. No una idea que podría ambientar en cualquier lugar sino una idea en sintonía con el espíritu de ese lugar. Si decido filmar en Río, quiero que la historia en cuestión sea verosímil sólo en Río. Nada es intercambiable. Ésta es la condición más difícil. No habría podido filmar Vicky Cristina Barcelona en Helsinki”.

“Le advierto que Río no es Europa”, interviene el periodista François Forestier en un arranque ¿de complejo de superioridad continental? “China tampoco, y sin embargo los chinos me acercaron propuestas” contesta Allen. Enseguida pone paños fríos a cualquier expextativa: “A mi mujer le gustaría ir allá pero es un viaje muy largo”.

En el transcurso de cinco años, Clarín coqueteó dos veces con la posibilidad de que Woody se trasladara a Buenos Aires para filmar un próximo largometraje. La estrategia periodística fue similar en ambas ocasiones: aprovechar dos entrevistas promocionales para sacar el tema y convertir la respuesta en título entusiasta.

Concretamente, Pablo Scholz entrevistó al cineasta a raíz del estreno local de Scoop en marzo de 2007 y de A Roma con amor en junio de 2012. En la primera charla le sugirió “Aquí en la Argentina también tiene su público. Podría venir a hacer una película…”; en la segunda le preguntó “Sé que un distribuidor argentino se reunió en Nueva York con su hermana Letty y lo invitó a Buenos Aires. ¿Va a venir a tocar jazz o a filmar?”.

La respuesta a la sugerencia de 2007 inspiró el título “Woody Allen: ‘No dudaría en ir a hacer una película a la Argentina'”. La respuesta a la pregunta de 2012 mereció un recuadro titulado: “Se viene a Buenos Aires…”.

El título del recuadro resultó tan temerario que sonó a primicia para unos cuantos. De ahí las réplicas en medios de alcance nacional (Diario Popular), provincial (Tucumán a las 7, que apostó al presunto anticipo clarinesco con un título conjugado en futuro simple y no en el cauto modo potencial) y regional (El Universal de México).

Pocos días después, en ese mismo junio de 2012, Leonardo Tarifeño aprovechó el estreno de A Roma con amor (en realidad, una coincidencia de afiches en la vía pública del centro porteño) para ironizar en el diario La Nación sobre nuestra actualidad nacional. “La película del paro que Woody Allen podría filmar” se tituló el texto que, ahora a la distancia, también parece inspirado en el recuadro de Clarín.

El mes siguiente, El Cronista publicó este artículo cuyo título no figura en la versión online del periódico pero que sí podemos deducir gracias al link correspondiente: “Traer a Woody Allen para que filme en Buenos Aires cuesta U$ 18 millones”. Según la nota sin firma, “se sabe que el dinero que necesita el realizador para hacer una película ronda los u$s 18 millones, pero juntando la mitad se puede empezar a charlar” *. Tras invocar a “una importante fuente del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”, el autor anónimo también reveló que “la idea está y es posible, pero no depende exclusivamente de la caja porteña sino más que nada de los sponsors que puedan sumarse, quienes obviamente contarían con el auspicio y toda la logística e infraestructura comunal”.

En la entrevista que le concedió a La Nación poco antes del estreno porteño de Magia a la luz de la luna, Allen contó que estuvo “muy cerca” de hacer una película en Buenos Aires. “Lo hablamos muy seriamente”, recordó.

Mi hermana Letty Aronson, que es también una de mis productoras, fue a Buenos Aires junto a otro de mis productores para ver las posibilidades. Busqué una idea que fuera buena para Buenos Aires, pero no la encontraba. Después las conversaciones se fueron apagando. Fue un poco mi culpa: si hubiera dicho ‘Sí, tengo esta idea, hagamos rápido los contratos’, podría haber sido distinto. Quizás algún día la haga. Me dijeron que me va a gustar Buenos Aires, que es muy lindo, que es como París”.

El realizador contó esta anécdota en respuesta al comentario de la periodista Nathalie Kantt: “Sabe bastante sobre la Argentina, casi podría hacer una película…”. Quizás porque el intercambio de palabras evoca la estrategia que Clarín implementó a través de Scholz, algunos espectadores nos preguntamos cuántas veces más nuestros medios insistirán en convertir en primicia una expresión de deseo cholulo, chauvinista, cinéfilo, acaso político.

Por momentos, da la sensación de que seguirán preguntando/anunciando mientras alguien considere que al gobierno porteño -o de alguna otra localidad argentina- le conviene financiar un largometraje de Woody antes que invertir en pauta publicitaria convencional (Federico Aikawa hizo esta observación dos años atrás en su blog Sala 8) y mientras los administradores de otras ciudades intenten hacerlo. En este sentido, cabe recordar el precedente (por ahora infructuoso) que sentaron los alcaldes de Jerusalén y Tel Aviv en 2012 y de Río de Janeiro el año pasado.

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* “¿Cómo trabaja con sus productores extranjeros?” le preguntó Forestier a Allen en la entrevista que Le Nouvel Observateur publicó antes de ayer. La respuesta del director confirma parte de lo que El Cronista sostuvo en 2012: “Viajo al lugar con mi hermana y le presentamos un presupuesto con un monto máximo, 18 millones de dólares por ejemplo. Ellos aceptan y a su vez detallan el monto de los sueldos. En general, nuestros interlocutores son muy colaboradores”.

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María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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