Narcisos en el Malba

La película de Moguillansky ganó la competencia de películas nacionales en el 16° BAFICI.
Llinás y Moguillansky, en el extremo izquierdo de la primera fila de personajes que posan para el póster oficial de esta comedia autorreferencial.

El sábado que pasó, el próximo (25 de octubre) y el siguiente (1° de noviembre) son los días que el Malba reservó –siempre a las ocho de la noche– para la proyección de El escarabajo de oro, película con sello de El Pampero Cine que se estrenó en el BAFICI de este año, donde resultó ganadora de la competencia oficial nacional. Para quien suscribe, la ficción escrita y dirigida por Alejo Moguillansky, y cuya producción coordinó Mariano Llinás, fue una de las grandes decepciones del 16° Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente. Es que, lejos de la comedia satírica que promete ser, este largometraje se revela como el divertimento de un grupo de realizadores con un alto concepto de sí mismos.

Sin dudas, Moguillansky hace gala de su creatividad a través de esta fábula donde él y sus amigos/colegas toman los fondos extranjeros obtenidos para filmar la biografía de una ignota feminista danesa, y los desvían con la excusa de financiar otra biopic, sobre Leandro N. Alem. Este segundo film es en realidad una farsa pergeñada para disimular la búsqueda de un tesoro oculto en un pueblito misionero que lleva el nombre del fundador de la Unión Cívica Radical.

Cuesta encontrarle un antecedente directo a este diario de un rodaje que en realidad no es tal. A lo sumo recordaremos que Woody Allen imaginó algo remotamente parecido cuando escribió Ladrones de medio pelo, y que en Argo Ben Affleck contó la historia real de unos agentes de la CIA que simularon producir una película de ciencia ficción para rescatar a compatriotas rehenes en Teherán.

Al principio, el delirio resulta entretenido por la explicación entreverada del plan (a cargo del verborrágico Rafael Spregelburd) y por las características desopilantes del guión presuntamente escrito para homenajear al patriarca Alem. El problema surge -y crece- a medida que el juego de superposiciones narrativas cede terreno al ejercicio de autoadulación.

Dicho de otro modo, en el film confluyen tres crónicas: una cuenta los esfuerzos por distraer a inversores, productores y co-guionista del proyecto cinematográfico original; otra, los pormenores del falso rodaje; la tercera, los obstáculos que dificultan el hallazgo del tesoro. En los tres relatos se cuelan referencias literarias, reflexiones sobre el oficio cinematográfico, boutades sobre las secuelas culturales contemporáneas de la colonización europea en nuestra tierra.

Ante este derroche de intertextualidad, ante la alusión a detalles de la vida privada de Moguillansky, Llinás y demás integrantes de El Pampero Cine, ante el despliegue de un sentido del humor para entendidos, vale sospechar que sólo los admiradores incondicionales de los muchachos de El Pampero Cine sabrán encontrar en El escarabajo de oro otra prueba del bagaje cultural, del ingenio, de la creatividad que alumbraron a las predecesoras Balnearios, El amor. Primera parte, Historias extraordinarias, El estudiante. En cambio, los demás espectadores la entendemos como una de esas fiestas organizadas para exclusiva complacencia de los anfitriones y de una selecta porción de invitados.

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