Murió Mariana Briski. Nos queda la madre negadora de Salsipuedes

Mariana Briski no debería haber muerto ayer. O mejor dicho: Mariana Briski no debería haber muerto a los 48 años. O mejor dicho: el cáncer debería haberle concedido más tiempo, al menos en reconocimiento a la lucha contra la enfermedad que la actriz emprendió con templanza. La misma templanza con la que combatió el encasillamiento mediático que solía relegarla a papeles secundarios con alguna influencia de aquéllos asumidos en los buenos viejos tiempos de Chachachá.

La sobrina de Norman tenía tela para seguir cortando. En los últimos años sorprendió con dos trabajos a contramano de una carrera en general consagrada al ejercicio del humor: contó cuentos para chicos en el canal PakaPaka y encarnó a una madre negadora -acaso cómplice- de la violencia doméstica que padece su hija Tutuca en la prometedora opera prima de Mariano Luque, Salsipuedes.

Tras su presentación en el 14º BAFICI, el largometraje se proyectó sin pena ni gloria en la Ciudad de Buenos Aires a principios de este año. Los porteños indiferentes se perdieron la gran actuación de Mariana en esta ficción capaz de abordar el fenómeno del abuso conyugal sin mencionarlo, casi sin mostrarlo (de hecho, un ojo morado es el único indicio de un drama ambientado en un contexto recreacional: dos días de camping en las sierras de Córdoba).

El trailer del film adelanta algunas de las escenas que Briski compartió con la actriz protagónica Mara Santucho. Vale la pena mirarlas porque ilustran el talento invertido en la composición de esta madre empecinada en maquillar la realidad.

El cáncer y la muerte nos arrebataron a la Mariana que quisimos (queremos) desde los buenos viejos tiempos de Chacachá. Por si eso fuera poco, también nos privaron de esa otra Mariana que algunos espectadores descubrimos en Salsipuedes, y que sin dudas merecía una (muchas) oportunidad(es) para darse a conocer mejor.

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