Carta abierta a Estela

Querida Estela,

Te escribe una compatriota que, con todo respeto, se permite tutearte (¿vosearte?) aún cuando no te conoce en persona. A lo sumo te vio de lejos varias veces en algún espacio compartido. Acaso la primera vez haya sido en 1995, cuando ofreciste una charla en la escuela de periodismo TEA para los alumnos de primer año. “A lo mejor entre ustedes está mi nieto”, (nos) dijiste.

La última vez fue en 2013, cuando participaste de la inauguración del congreso internacional sobre tortura y otros tratos degradantes que el Ministerio Público de la Defensa organizó en la Biblioteca Nacional. En aquella oportunidad, reivindicaste la “lucha cultural” que consiste en concientizar a la sociedad argentina sobre el rol de la Justicia en tanto única institución capaz de prevenir, sancionar, reparar -si fuera posible erradicar- el ejercicio de violencia estatal.

En esa misma oportunidad me pregunté qué habrías sentido mientras escuchabas las exposiciones de la Defensora General Stella Maris Martínez sobre la vigencia de prácticas ilegales de control y castigo “en todos los ámbitos de encierro a nivel federal y provincial”, y del relator de la ONU Juan Méndez sobre los “grises de jurisprudencia internacional” que en distintos rincones del planeta relativizan la prohibición “absoluta e inderogable” de la tortura.

Te habrán rondado por milésima vez los fantasmas con los que conviviste desde que te entregaron el cuerpo de tu hija asesinada sin el varoncito parido en un centro clandestino de detención. Habrás pensado en las cinco horas escasas que Laura tuvo en brazos a Guido antes de que alguien se lo llevara para dárselo a la familia que terminó criándolo sin contarle la verdad o, en el mejor de los casos, contándosela a medias.

No te conozco personalmente, y sin embargo la noticia de la recuperación caló profundo en mis entrañas. Por lo pronto, ayer corrí las cuadras necesarias para llegar a casa justo antes de que empezara la conferencia de prensa que brindaste escoltada por la igualmente entrañable y admirable Rosa Roisinblit. La garganta se me hizo nudo cuando te referiste a los portarretratos vacíos que ahora enmarcarán fotos de Guido y a los souvenirs -testimonios de tanta presentación en el país y en el extranjero- que por fin podrás regalarle a tu decimocuarto nieto.

Antes de este encuentro soñado, buscaste, solicitaste, archivaste, atesoraste, marchaste, organizaste, te entrevistaste, interpelaste, declaraste, viajaste durante 37 años, o 444 meses, o más de 13 mil días. También anunciaste el nombre y la historia de otros 113 chicos, jóvenes, adultos recuperados.

37 años equivale al 90.24% de mi vida, y a los 41 pierdo rápido la paciencia cuando intento contar hasta cien con la mayor parsimonia posible. El cálculo autorreferencial hace todavía más extraordinaria tu capacidad de resiliencia.

Ojalá medios y ciudadanos sepamos respetar -si fuera posible, contribuir a preservar- la intimidad que vos y tu familia necesitan para conocer a, y estar con, Guido Montoya Carlotto. Ésta sería una buena manera de agradecer el tiempo y la energía que le dedicaste a una lucha al principio individual, peligrosamente solitaria, luego colectiva y nacional.

Publico esta carta a modo de gran abrazo que reconozco virtual pero imagino real. Como el voseo, éste es otro permiso que se da una entre muchos compatriotas felices, conmocionados ante -sin dudas- la mejor noticia de 2014: aquélla que ilustra el triunfo de la memoria, la verdad, la vida y la justicia sobre el olvido, la mentira, la muerte y la impunidad.

Gracias por tanta convicción, fortaleza y serenidad. Hasta siempre, Estela.

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Posts complementarios

 A tiempo
 Estela Carlotto, referente en congreso internacional sobre tortura

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

11 thoughts on “Carta abierta a Estela

  1. Me sumo.
    De paso recomiendo ver la participación de Estela en el programa TVR de este último sábado (9/8/2014, link). La claridad con que expresa sus conceptos, su calidez, su sentido del humor, su inteligencia, producen en mí una mezcla tal de emoción, gratificación y crecimiento intelectual que no puedo hacer otra cosa más que agradecerle y querer seguir escuchándola por horas.
    Es fascinante cómo cuenta el cambio de ser gorila en su juventud (así lo dice) a entender lo terrible que fue esa postura de muchos argentinos (como ella) para lo que vino después. Y también cómo describe su nueva “abuelidad” con Guido/Ignacio, descubriendo cada razgo de la personalidad de su nieto, demostrando su poder de observación a pesar de haber compartido con él pocas horas.
    Abrazos.

  2. Muchas gracias por el link, Aberel.
    Cada nueva aparición mediática de Estela revela a la vez que confirma. Es todo muy emocionante. Y es cierto que la palabra ‘gracias’ nos viene a la mente a vuelta y media. A seguir celebrando la buena nueva y haciendo fuerza por que las Abuelas recuperen a los demás nietos.
    Abrazo para vos ( ya somos cuatro los firmantes 😉 ).

  3. María, a nosostros en Brasil también cayó como una hermosa sorpresa que una abuela, después de tantos años de búsqueda, finalmente haya encontrado a su nieto. Parece que otra abuela más tb lo hizo. Nos alegra que después de sufrir tanto eso ocurriera finalmente.

  4. Qué linda esa alegría de envergadura regional, Flávio. 🙂
    En efecto, el viernes pasado Abuelas anunció la identificación del nieto nº 115 (nieta en realidad). Lamentablemente la abuela que la buscaba falleció años atrás, pero la joven mujer recuperada podrá reencontrar a tíos y primos de su familia biológica.

  5. 1 millon de pesitos por cada nieto… da gusto buscar asi… no???? Ya se termina.. van a tener q trabajar…. Maria.. en algunos de tus brillantes post explica como multiplicar el patrimonio tan rapido como los q hoy gobiernan.. saludos..

  6. Anónimo, explico todo lo que quieras cuando te pongas a mi altura y firmes tus infamias con tu nombre y apellido reales. Demasiada cobardía en tu intervención como para contestarte más que estas palabras.

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