Digestión de noticias bolivianas, a contramano del sentido común

Escasa atención les prestó el periodismo argentino a dos noticias provenientes de Bolivia que días atrás ocuparon espacio (discreto, eso sí) en la agenda mediática de otras naciones hispanófonas. En términos más precisos, se trata de dos anuncios oficiales: el primero, que la Unesco declaró libre de analfabetismo al país que gobierna Evo Morales y el segundo, la aprobación de la Ley 548 (Código ‘Niño, Niña y Adolescente’) que, entre otras cuestiones, regula el trabajo infantil. A contramano del sentido común que suele arrogarse nuestra opinión pública, algunos lectores consideramos que ambas son buenas nuevas.

El anuncio de la declaración de la Unesco es más sinuoso de lo que a priori parece. Por lo pronto, mientras el organismo internacional todavía no se pronunció oficialmente (al menos no a través de la sección Prensa de su sitio web), el viceministro de Educación Alternativa, Noel Aguirre, dijo el jueves pasado –aquí, la cobertura de La Razón- que “la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura validó la tasa de 3,8% de iletrados, que declara a Bolivia Estado libre de analfabetismo”.

Más atento a las acciones y dichos del Gobierno que su colega La Razón, el diario Cambio amplió (aquí) las declaraciones de Aguirre, que en realidad citó consideraciones de la directora general de la Unesco, Irina Bokova, hechas “un mes atrás”. Buscamos más datos y encontramos esta nota de Página Siete donde consta que, cuando estuvo en Bolivia a mediados de junio, la funcionaria “resató las políticas educativas inclusivas” de la gestión de Evo.

En aquella oportunidad, el ministro de Educación Roberto Aguilar explicó al pasar que la Unesco “acreditó en 2008 la condición de país libre de analfabetismo”. Nos trasladamos entonces a ese año y nos topamos con este artículo de la BBC y con este otro de El Mundo de España: ambos informan sobre los festejos organizados al término de un programa de alfabetización que en “33 meses” redujo el índice de analfabetismo del 15% o 13% (según las distintas fuentes) a menos del 4%, “cifra suficiente para declarar al país libre de iletrados”.

La BBC contó que el entonces director regional de la Unesco, Edouard Matoko, viajó a Cochabamba para participar del acto en cuestión. En ese mismo contexto, el funcionario sostuvo que su visita representaba el reconocimiento del organismo de la ONU a “los esfuerzos del gobierno de Evo Morales” pero también explicó que la acreditación “libre de analfabetismo” tomaría “alrededor de un año”, cuando terminara el “proceso de verificación”.

En agosto pasado, el mencionado La Razón señaló (aquí) la contradicción entre el 3,77% de analfabetismo celebrado en 2008 y el 5,02% que arrojó el censo de 2012. Luego transcribió declaraciones de Aguirre: “Tenemos que ratificar la declaratoria de libre de analfabetismo y ya se hizo el análisis; calculamos alfabetizar por lo menos a 86.000 personas para bajar al 3,7%, la meta es hasta fines de diciembre, dentro de un plan de emergencia”.

El primer anuncio de la semana pasada suena menos a la difusión de una buena nueva sin precedentes que a la respuesta tardía (pero respuesta al fin) a la -nada inocente- observación del periodismo opositor. En todo caso, más que la declaración informal de la Unesco, cabe celebrar que Bolivia mantenga una baja tasa de analfabetismo: aún cuando fuera del 5.02%, lo cierto es que disminuyó dos tercios en menos de tres años.

Los medios bolivianos y extranjeros -ya no sólo los hispanófonos- le dedicaron más espacio a la aprobación de la Ley 548, que defiende los derechos de los niños, niñas y adolescentes en general y de aquéllos que trabajan en particular. En su mayoría, los periódicos redujeron la norma a la reglamentación del trabajo infantil, iniciativa que descalificaron para -de paso- desenmascarar la falsa sensibilidad social del gobierno de Morales.

“Bolivia, el país donde trabajan los niños”… El título que L’Espresso de Italia eligió para su informe especial ilustra la hipocresía o (la ignorancia) de quienes reaccionan ante esta noticia, primero, como si el trabajo infantil fuera un problema exclusivo de ese país y, segundo, como si no existiera relación entre trabajo infantil y vacíos legales acordes.

Quienes coincidan con la definición sesgada de L’Espresso harán bien en leer este otro artículo de la BBC y enterarse de que Bolivia también es el (¿único?) país donde los chicos trabajadores tienen su representación sindical, la Unión de Niños y Niñas Trabajadores de Bolivia o Unatsbo. Es igualmente recomendable la lectura de este viejo cable de la Agenzia Fides que explica que Bolivia es el (¿único?) país con una Constitución (la de 2009) que prohíbe con todas las letras -a través del artículo 61- “el trabajo forzoso y la explotación infantil”.

El día de la promulgación de la Ley 548, el vicepresidente de la Nación Álvaro García Linera se refirió a la dificultad de elaborarla “porque existe un conjunto de convenios internacionales que el Estado ha firmado (…) y existe una realidad boliviana, una forma propia de lo que es el trabajo y la situación de los niños, niñas y adolescentes en nuestro país”. El reconocimiento de este contraste entre contextos global y local debería ser condición sine qua non para analizar y discutir una iniciativa irreductible a títulos burda y maliciosamente simplificadores como “Bolivia autoriza el trabajo infantil desde los diez años” (en boca -otra vez- de La Razón).

A diferencia de la prensa argentina que subestimó ambos anuncios, a diferencia de la prensa boliviana y la de otros países que los presentaron por separado, Espectadores invita a relacionar la regulación del trabajo infantil con el avance alfabetizador. Juntas, estas noticias se convierten en resultados alentadores de una gestión política empecinada en ponerles fin a siglos de explotación y en tratar de garantizarle una vida digna a toda la población. Resulta imposible no celebrarlos, con perdón de los inequívocos portadores de cierto sentido común.

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PD
. Gracias por los datos, Aberel. 😉

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Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

5 respuestas a “Digestión de noticias bolivianas, a contramano del sentido común

  1. María, desde ya comparto absolutamente tu opinión. Esta discusión sobre las leyes y su relación con las realidades lo emparento con lo que comentamos en aquel post sobre “Gobernanza de Internet”, donde se hablaba de quienes opinaban que legislar el uso de internet supone una restricción de la libertad, como si fuera algo natural, o como si la no existencia de leyes fuera garantía de un statu quo mejor. En este caso lo aplico al tema del trabajo infantil.

    De yapa, quisiera sumar el texto que escribí en Facebook sobre este mismo tema, que fue el que inspiró tu post. Creo que ambas publicaciones se complementan y aportan a la misma idea; en tu caso es un análisis más exhaustivo de los datos y las noticias, además de una cronología más rigurosa, y en el mío es más una mirada sobre la manera de pensar y replicar noticias de mucha gente que conozco, a quienes por momentos respeto (hasta compartimos opiniones sobre temas trascendentes), y por momentos tengo que contenerme para no eliminarlos de mis contactos.

    Va el texto:

    Hoy leo dos noticias, provenientes de diferentes fuentes: por un lado “Unesco declara a Bolivia país libre de analfabetismo” , y por otro, “Bolivia aprueba ley que permite el trabajo infantil”.
    Si uno googlea noticias sólo con la palabra “Bolivia” aparece sólo la segunda, es decir la noticia negativa, la “condenable”. Estoy seguro de que mucha gente (incluso conozco varios a quienes considero inteligentes) se harán eco de esa noticia mala, agregando sus comentarios de repudio.
    Es curioso como mucha gente no aplica el más mínimo pensamiento crítico para evaluar de dónde viene una noticia, qué medios la publican, qué información le están ocultando o retaceando dentro de la noticia. Simplemente replican la noticia porque algún otro ya la digirió antes.
    Cuando yo leo la primera noticia, a saber, que el gobierno de Evo Morales ha logrado erradicar el analfabetismo, especialmente en un país con alto índice de pobreza historicamente, además de sentir alegría obviamente, también encuentro una evidente rima, una lógica consecuencia de las políticas de Evo desde el comienzo de su primero mandato (recordemos que va por el segundo, elegido democráticamente). Es decir, este logro va de acuerdo con la ideología y las acciones de gobierno, incluso aunque no se hubiera conseguido en un 100% del resultado deseado.
    En cambio, cuando leo la polémica noticia de que Bolivia aprueba el trabajo infantil, mi primer pensamiento es “no puede ser, acá me falta alguna información”. Por lo tanto me pongo a investigar más, a buscar diferentes fuentes y enfoques, y llego a esta conclusión:
    Seguramente esta ley, vista con los ojos de un paracaidista polaco (como suele decir un amigo) es algo repudiable, y tal vez genere muchas discusiones -que por cierto son bienvenidas siempre-, pero hay que ver a qué realidad responde esa ley, qué se intenta combatir, cuáles serán sus efectos prácticos, etc.
    Pensar en que esta ley promueve el trabajo infantil, sería como pensar que despenalizar el consumo de drogas sería promoverlo. Mi premisa siempre es preguntarme: ¿Cómo era la situación antes de la ley? ¿Será mejor después de ponerla en práctica?
    Esta ley intenta regular y darle derechos a un montón de pibes que ya están en la calle siendo explotados desde antes de la ley. Y una ley no siempre es un objetivo a largo plazo, muchas veces son parches para resolver situaciones a corto plazo. El problema sería que este tipo de leyes sea el ÚNICO plan para enfrentar ese problema. Pero los gobiernos como el de Evo hacen muchísimas otras cosas para atacar estos problemas a largo plazo. Y justamente, la educación pública es una de ellas, empezando por combatir el analfabetismo como primera medida (noticia que parece no tener la misma difusión que la otra).
    Por lo tanto una ley sola, sacada de contexto, no tiene un valor absoluto. Una ley tiene efecto dentro de un conjunto de leyes y políticas efectivas, a corto, mediano y largo plazo. Quien se haga eco de la mala noticia sin analizar el resto de la realidad (políticas de educación, salud, rol del Estado, etc) no tiene ningún interés en hacer un poquito de esfuerzo en pensar, o como dice Dolina, en intentar buscar la relación causa-efecto de una afirmación.

  2. Querida María: Nuestra América profunda está siendo atacada desde todos los frentes posibles por una prensa que mezcla datos, entorpece su comprensión, los quita de su marco referencial para -en el mejor de los casos- disminuir su valor. El mérito grande del blog es contrastar los datos, republicar los anteriores, dar en fin sentido periodístico y valor histórico al trabajo de Bolivia bajo el liderazgo de Evo Morales y García Linera.
    Nunca tan precisa la frase de Noam Chomsky: “El propósito de los medios masivos, no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo a las agendas del poder corporativo dominante”.
    Nada que agregar, todo que pensar.-

  3. Me temo que la apreciación de las noticias provenientes de Bolivia suele estar teñida por el desprecio que los medios de comunicación destilan hacia todo lo sudamericano en general y hacia los mandatarios como Evo en particular. Para el sentido común reinante Evo es un personaje pintoresco y sus metidas de pata verbales son lo único que importa, borrando en cambio el hecho evidente de que ha habido una mejoría en todos los indicadores sociales en Bolivia, desde que él gobierna.

  4. Gracias, Aberel, por la transcripción del texto original que inspiró este post. Como bien se desprende de la reflexión que publicaste en tu muro de Facebook, a través de la Ley 548, el gobierno de Evo Morales no promueve sino que reconoce una problemática de larga data, engendrada al calor del vacío legal.

    En Bolivia y en el resto del mundo, el trabajo infantil es un fenómeno complejo que nadie puede erradicar de la noche a la mañana. Sin dudas, una buena estrategia para enfrentar este síntoma de injusticia y desigualdad social empieza por combatir la explotación. Y para combatir la explotación laboral (también de adultos), es necesario regular la actividad laboral y garantizar las condiciones necesarias para la participación de los trabajadores en la discusión de sus derechos y obligaciones (por eso me parece encomiable la sindicalización de los niños bolivianos laburantes).

    Querido Julio, las palabras de Chomsky lo dicen todo. Considero saludable -si no vital– el doble esfuerzo de, por un lado, visibilizar los datos que la comunicación masiva relega a segundísimos planos (cuando no los silencia del todo) y, por otro lado, contextualizarlos, romper con la costumbre de presentarlos aislados para facilitar su tergiversación. Con todas sus limitaciones, Espectadores intenta aportar algún granito de arena en este sentido; por suerte cuenta con la colaboración (y la paciencia) de sus lectores.

    ¡Qué bueno reencontrarte en Espectadores, Iris! Es lo único que puedo agregar a tu comentario, con el que estoy 100% de acuerdo. 😉

  5. Bolivia esta tan cerca pero su cultura no es absolutamente desconocida .No es la primera vez q Evo defiende su cultura y el contexto q a muchos nos cuesta entender

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