Espectadores actualizó su Política Editorial

La Política Editorial de Espectadores data de septiembre de 2006.

Aunque escrito hace cuatro años y medio, nuestro post Especialistas en molestar se mantiene tan vigente como en enero de 2010. De hecho, desde entonces, los trolls que cada tanto irrumpen en Espectadores siguen siendo visitantes ocasionales que interpretan alguna entrada como una provocación personal, y entonces comentan/replican de manera compulsiva -cada vez más agresiva- con la férrea intención de imponer su contraopinión. Los mensajes intercambiados días atrás en este viejo artículo sobre el merchandising de la (in)seguridad constituyen el ejemplo más reciente de este fenómeno.

Como sus antecesores, este caso también invita a repasar tres posturas básicas ante un fenómeno web que refleja inconductas percibidas offline (o en el mundo real): 1) bloquear estos comentarios en cuanto aparecen (los trolls actúan de manera tan estereotipada que es posible reconocerlos desde la primera o segunda aparición); 2) publicarlos sin responderlos (de lo contrario comienza un duelo verbal que exacerba la voluntad de sembrar discordia); 3) publicarlos y responderlos hasta que la discusión se agote (cosa desgastante) o hasta que la violación de alguna norma de convivencia habilite la expulsión.

Salvo contadas excepciones, Espectadores suscribe a la segunda opción. En otras palabras, la autora/editora de este espacio bloquea de antemano únicamente aquellos comentarios que incluyen insultos groseros. Asimismo sólo responde -eso sí, durante un tiempo acotado- a los trolls que la interpelan directamente (para algunos seres humanos, contestar a quienes nos llaman por el nombre y el apellido constituye una suerte de acto reflejo).

Los trolls rara vez firman con nombre y apellido, y sin embargo una de sus tácticas retóricas recurrentes consiste en atacar la honestidad intelectual ajena. En parte por esto, y en parte porque todo medio digital (incluso uno insignificante como éste) debería regirse por normas de convivencia claras, Espectadores actualizó ayer su Política Editorial.

La página en cuestión fue creada en septiembre de 2006 y, desde entonces, apenas retocada en tres oportunidades. Una de ellas en 2010, cuando quien suscribe se sintió identificada con algunos de los principios de la denominada -y olímpicamente ignorada- «nética del pronetariado«.

Campaña anti-troll, en inglés. No los alimentes; no les respondas; dejalos caer o bloquealos.

La actualización de ayer domingo produjo un texto más contundente que, por un lado, especifica y ordena mejor las reglas aplicadas a la moderación de comments y, por otro lado, explica con mayor precisión los criterios editoriales que definen el tipo de posts y coberturas que los internautas encontrarán en Espectadores. Esta segunda parte retoma fragmentos de la respuesta abierta a un lector que acusó al blog de antiargentino.

Hace un tiempo, los trolls incorporaron una modalidad de acoso inexistente -o apenas ensayada- a principios de 2010, cuando la publicación de ‘Especialistas en molestar’. Se trata del uso de las redes sociales para extender o trasladar el enfrentamiento original: dicho de otro modo, cuando es expulsado del blog donde sembró (y eventualmente cosechó) discordia, el provocador busca reeditarla en Twitter y/o en Facebook. En estos ámbitos las normas de convivencia son más severas que en Espectadores, tanto que la primera recomendación para liberarse de usuarios molestos -sin importar sin realmente son trolls o no- es hacer clic en el correspondiente botón de bloqueo.

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Contenidos complementarios

 Política editorial de Espectadores
 La nética del pronetariado
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 Idiosincrasia web y criolla
 Idiosincrasia argentina; delicias de la libertad
 ¿Los bloggers no celebramos más?
 A propósito del protagonismo argentino en el Festival de Cannes