A propósito del protagonismo argentino en el Festival de Cannes

Un lector enojado escribió anoche al correo de Espectadores para despotricar contra el post dedicado a las primeras repercusiones de Dos días, una noche en el Festival de Cannes. En realidad, la queja dispara menos contra la atención acordada a la presentación de la nueva película de Pierre y Jean-Luc Dardenne que contra la ausencia de comentarios sobre el desempeño del cine argentino en el gran evento francés. Ante la posibilidad de que otros seguidores del blog coincidan con este reproche, prefiero hacer pública la siguiente respuesta.

Espectadores es un medio chiquito, a cargo de una sola persona, que en ocasiones aborda y en ocasiones se aparta de los temas que tratan los grandes medios. Cuando acompaña, intenta hacerlo desde una perspectiva diferente, a veces crítica de la cobertura masiva, a veces complementaria. Cuando se aparta, lo hace por falta de conocimiento, por falta de interés, porque algún otro tema (en general invisibilizado) le interesa más, porque no quiere repetirse y/o porque se reconoce incapaz de aportar algo nuevo.

Esta última razón explica -en parte- el silencio del blog ante la participación de Argentina en el 67° festival cannois. Dicho de otro modo, cuesta aportar algo enriquecedor a la enorme cantidad de crónicas y reseñas que publica nuestra prensa, cuando uno no está en el lugar del hecho (difícilmente el destino me regale una oportunidad parecida a la de 2007 con el 17° Festival de Biarritz) y cuando uno no vio ninguna de las películas nacionales en competencia (si las hubo, no fui invitada a ninguna avant-première local de Relatos salvajes, Jauja, Refugiado y/o El ardor).

Dadas estas limitaciones, sólo queda replicar la cobertura de los corresponsales y/o de los muy entendidos que saben dar en el clavo sin necesidad de viajar ni de ver los largometrajes seleccionados de Damián Szifrón, Lisandro Alonso, Diego Lerman y Pablo Fendrik. Para eso prefiero usar las redes sociales o el correo electrónico, no este blog.

Distinto es el caso de la atención acordada a Dos días, dos noches. La posibilidad de traducir/sintetizar las primeras reacciones de la prensa extranjera -léase estadounidense, belga, francesa- abre las puertas a una aproximación un poco más original al Festival de Cannes. Al menos así lo habrán entendido los compatriotas que admiran a los Dardenne y que ayer encontraron en Espectadores la información más completa (en castellano) sobre la suerte que el nuevo título de los hermanos cineastas corrió en La Croisette.

Existe otra razón por la cual Espectadores se resiste a sumarse al entusiasmo que el protagonismo cannois del cine argentino provoca en nuestro periodismo y que se extiende a algunos medios extranjeros (por ejemplo El País de España). Tiene que ver con la necesidad de diferenciarse de una conducta paradojalmente chauvinista que consiste en celebrar la producción vernácula porque la reconocen afuera, en este caso los programadores de un festival francés.

Días atrás, el coleccionista y curador Fernando Martín Peña escribió algo parecido en su muro de Facebook, con mayor conocimiento de causa y con palabras que ofendieron a más de uno:

Hace dos décadas que se produce cine argentino excelente o muy bueno (y también muy malo) con regularidad. Los vasos comunicantes entre esos realizadores son pocos y es común que cada cineasta se crea único, lo que siempre sabotea toda idea de movimiento o tendencia, pero no impide la aparición anual de numerosos films memorables. Muchos de esos films se hacen y quedan en los márgenes, por lo que su repercusión pública sería otra discusión, pero se hicieron, se hacen y existen.

Puedo entender que el gran público no lo sepa, suponiendo que existe forma de definir esa abstracción. Lo que no puedo entender es que haya críticos, cronistas, periodistas especializados, gente que se supone sabe, hablando de boom sólo porque los franceses trasnochados del Festival de Cannes deciden que este año van a gustar de varias películas argentinas. La pobreza de esa parte de la crítica empieza en la actitud servil que gusta de sentirse impresionada por farolitos de colores. Que se curtan».

Por sus limitaciones varias, Espectadores dista de satisfacer todas las expectativas de sus lectores. No importa cuán pocos sean: con frecuencia, al menos uno desliza alguna pregunta o reproche en torno a la película que no reseñé, a la buena nueva que no elogié, a la muerte que no lamenté, al escándalo que no repudié. Más o menos solapados, estos reclamos también forman parte de las reglas de juego blogger, y está bien que existan porque contribuyen a la noción de comunidad virtual interactiva, en general asociada a la dinámica de la blogósfera.

Dicho esto, a veces duele un poco el tono de algunas observaciones como la de este lector anónimo (más bien firmó con seudónimo) que me contactó por mail para, dicho mal y pronto, tildarme de francófila insensible a las conquistas internacionales del cine argentino. Pensando en él, concluyo este post con una invitación a navegar la enorme cantidad de crónicas, reseñas, tweets que siguen de cerca la experiencia cannoise de Szifrón, Alonso, Lerman, Fendrik, de los actores que los acompañan, de los directores designados jurados Pablo Trapero y Pablo Giorgelli.

Por su parte, Espectadores seguirá atento a novedades menos explotadas por nuestros medios.

————————————————————————————————————————————————————-
Posts complementarios
 Dos días, una noche. Primeras repercusiones en Cannes
 “Un film no es un tribunal”. Luc y Jean-Pierre Dardenne presentan Dos días, una noche
 Cobertura que Espectadores le dedicó al 17° Festival de Cine de Biarritz
 Otra vez en singular