Carmen Argibay Molina y los rompecabezas

Antes que las necrológicas publicadas tras el anuncio del fallecimiento, resultan más interesantes las semblanzas elaboradas mientras Carmen Argibay Molina vivía y estaba por desempeñarse -o se desempeñaba ya- como jueza de la Corte Suprema de la Nación. Entre tanto material disponible en Internet, quien suscribe rescata el retrato que Martín Granovsky escribió en diciembre de 2003, cuando Néstor Kirchner mocionó la candidatura de esta otra penalista además de la de Eugenio Raúl Zaffaroni, y dos reportajes que Walter Goobar le hizo cuando la entrevistada hacía rato ejercía su cargo más alto.

‘Quién es Carmencita» se titula la nota de Granovsky, que empieza por señalar dos curiosidades. La primera, el apoyo de la incipiente administración kirchnerista a la nominación de una jueza con linaje antiperonista («el padre de Carmen Argibay, Manuel Agustín Argibay Molina, fue ministro de Salud y Asistencia Social de Pedro Eugenio Aramburu en 1955», informa el periodista). La segunda, la nula o muy escasa incidencia de semejante antecedente familiar en una mujer «sin rastros de simpatía hacia cualquier forma de gobierno autoritario» y con la experienca de haber estado nueve meses presa tras el golpe de 1976, en principio por haber escondido a perseguidos políticos.

En relación con esta curiosidad familiar, Granovsky también cuenta que el tío de la jueza -padre del abogado mediático Pablo Argibay Molina- fue uno de los mentores del «Camarón”, tribunal especial creado por la dictadura militar de 1972. Cuando le ofreció a su sobrina un puesto en la cámara penal, ésta lo rechazó, quizás porque supo anticipar en pequeña escala el terrorismo de Estado que se impondría cuatro años después.

«Argibay no tiene tradición de provocadora intelectual como Zaffaroni», sostiene el periodista de Página/12. Y sin embargo su colega Goobar la presenta en esta nota con la siguiente introducción: «Dice que no le gustan los deportes pero siempre nada contra la corriente. No lo hace por placer, sino por convicciones éticas».

Buena parte de esta entrevista responde a la necesidad de entender el voto contra la anulación de la Ley del Indulto. «Es una disidencia parcial», aclara Argibay antes de explicar su pronunciamiento a partir del argumento de Cosa Juzgada: «Mis colegas la interpretan por el lado de la inconstitucionalidad y por lo tanto no pueden dar lugar a una cosa juzgada en firme. Yo estoy de acuerdo en que los indultos son inconstitucionales, pero hace 17 años hubo una decisión de la Corte que dijo que eran constitucionales y eso es Cosa Juzgada».

Ante la insistencia del entrevistador, la jueza desarrolla su punto de vista: «Si yo tuviera ahora un decreto de perdón, de indulto de un procesado, diría ‘esto es inconstitucional; no lo convalido’. Pero hace 17 años hubo otra Corte que dijo que era constitucional y que estaba bien lo que se hizo. Punto. Yo no puedo venir ahora y darlo vuelta porque a mí no me gusta lo que hicieron. Porque pasado mañana viene otro y, por el mismo motivo, da vuelta lo que hicimos nosotros».

Luego agrega: «Este fallo me costó sangre, sudor y lágrimas, en serio. Me costó mucho afrontar este dilema. A nadie le hubiera parecido raro que yo firmara con la mayoría. ¿Pero yo cómo me miraba al espejo al día siguiente? Aunque me duela, aunque no me guste, para mí hay que respetar la Cosa Juzgada».

En esta segunda entrevista, Argibay Molina expresa con vehemencia su oposición a bajar la edad de imputabilidad a los menores. «Bajar la imputabilidad de los menores sin generar políticas sociales inclusivas para niños y adolescentes servirá para encarcelar más, pero no para terminar con la criminalidad» afirma antes de ironizar: «Si están presos los de dieciséis, ¿quiénes son los que van a salir a robar?: los de quince o los de catorce. Metemos presos a los de catorce; entonces van a salir los de doce, porque nadie les enseñó otra cosa (…). Finalmente vamos a encarcelar al nene de tres años porque le pegó al compañerito en el pelotero del jardín de infantes».

En esta misma oportunidad, Carmencita manifiesta sus diferencias con el presidente de la Corte Ricardo Lorenzetti cuando dijo «No puede haber una puerta giratoria para los delincuentes». La jueza replica: «Si tuviéramos una puerta giratoria en la Justicia, ¿me pueden explicar quiénes son los que están en las cárceles? Las cárceles están llenas, sobrepasadas en sus capacidades. Todas. Porque en las cárceles tenemos tipos que no han sido juzgados todavía y que son inocentes. ¿Qué puerta giratoria? Cuando un juez pone en libertad a un tipo que no está condenado, está poniendo en libertad a un inocente. Para mí está cumpliendo con la Ley. Si a eso se le quiere llamar puerta giratoria…».

Gracias a ambas entrevistas de Goobar, nos enteramos de que a Argibay Molina le encantaban los rompecabezas, que prefería los motivos que replican pinturas famosas, y que el de Los nenúfares de Claude Monet le resultaba uno de los más difíciles. A diferencia de lo que sentimos la mayoría de los mortales, para la magistrada fallecida el placer estaba, no en terminar de armarlos, sino en «ir encontrando las piezas».

En este artículo que Página/12 publicó ayer sobre el futuro de la Corte tras el deceso de Argibay, la periodista Irina Hauser descarta grandes escollos para las decisiones supremas ya que, por lo general, la jueza era «la más proclive a votar en disidencia» (de hecho «no formaba parte del elenco estable de votos de mayoría»), y sin embargo «rara vez tenía la función de desempatar». Otra curiosidad (¿contradicción?) digna de una figura inasible como esas piezas difíciles que la difunta se empeñaba tanto en buscar y disfrutaba encontrar antes que ubicar.

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