Tras la muerte de Bob Hoskins, el recuerdo de Albert Passingham

El miércoles pasado, la noticia de la muerte de Bob Hoskins irrumpió en la versión digital de los medios argentinos, más bien atentos a las numerosas expresiones de duelo ante el inesperado deceso de nuestra Norma Pons. Quizás porque las partidas de las figuras públicas locales suelen pesar más, quizás porque el actor inglés rara vez superó su condición de estrella secundaria, lo cierto es que nuestra prensa se limitó a recordar los hitos de una carrera extensa: las innovadoras ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y Super Mario Bros., la consagradora Mona Lisa (por la nominación a un premio Oscar), la entrañable Mi madre es una sirena (inolvidable, la pareja dispareja con Cher), la spielbergiana (y un tanto fallida) Hook y el último trabajo antes del diagnóstico de Parkinson: Blancanieves y el cazador.

Cuesta, en cambio, encontrar la mención de una película en principio menor, que en nuestro territorio se estrenó en DVD y que los canales de cine de la televisión paga proyectan cada tanto. Made in Dagenham es el título original (Mujeres que hicieron historia en castellano) de esta recreación ficcional de la historia real de un grupo de obreras de la sucursal británica de Ford que en 1968 pararon la planta para reclamar igualdad salarial.

Sally Hawkins protagonizó el largometraje dirigido por Nigel Cole, el mismo de El jardín de la alegría y Chicas del calendario. Dos años antes de trabajar bajo las órdenes de Woody Allen en Blue Jasmine, la actriz británica encarnó a la líder improvisada de la protesta, Rita O’Grady. Hoskins la escoltó en la piel de Albert Passingham, el único sindicalista hombre (durante un buen tiempo, el único hombre a secas) que apoya la causa de estas compañeras.

He aquí el diálogo más importante entre ambos personajes:

Albert Passingham: Esta disputa no tiene nada que ver con el nivel de calificación que ustedes poseen. Ford decidió pagarles menos dinero porque puede hacerlo, porque está permitido pagarles a las mujeres un salario inferior al de los hombres. Las mujeres de todo el país cobran menos simplemente porque son mujeres. Ustedes siempre irán detrás. Siempre deberán luchar con desventaja hasta que…

Rita O’Grady: Hasta que cobremos el mismo sueldo.

Albert Passingham: Sí.

Rita O’Grady: Lo que no entiendo es porqué a usted le importamos tanto.

Albert Passingham: A mí me crió mi mamá. A mí y a mis hermanos. Trabajó toda su vida, y le pagó a mi tía Lil para que nos cuidara durante el día. Y fue duro, en especial porque cobraba menos de la mitad que sus compañeros en la fábrica, aún cuando todos hacían el mismo trabajo. En ese entonces nadie siquiera preguntó si eso podría cambiar alguna vez. Al menos nadie consideró a mi madre en este sentido. Por eso alguien tiene que detener a estos bastardos explotadores, impedirles que sigan haciendo lo que vienen haciendo hace años. Y usted puede. Usted puede, Rita, créame».

A los espectadores sensibles a un reclamo todavía insatisfecho no nos importa demasiado si Passingham existió de verdad (un supuesto nieto escribió aquí que sí) o si el guionista William Ivory lo inventó par bajar línea con parlamentos como el arriba transcripto. «Si non è vero, è ben trovato» dicen los italianos y, hecha la aclaración, el sindicalista solidario merece un lugar destacado en la lista de buenos tipos que Hoskins personificó en la pantalla grande. Por eso, tarde pero seguro, hoy despedimos al actor fallecido con este recuerdo ausente en las necrológicas de nuestros medios.

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