Ocho años, ocho

En 2014 Espectadores cumple años justo cuando inicia su periplo de 36 funciones para cubrir el 16º Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente. La coincidencia de fechas recuerda dos de las patologías congénitas que afectan a este blog: la cinefilia y cierta obsesión por publicar contenido de elaboración propia. Por esta combinación de factores, hoy también podríamos celebrar la quinta cobertura del BAFICI con legítima credencial de prensa.

Ya en abril de 2006, los blogs empezaban a desencantar en tanto herramienta comunicacional capaz de producir contenidos distintos (en ocasiones de mejor calidad) que aquéllos difundidos por los medios de alcance masivo. La ilusión de revolución fue disolviéndose a medida que las grandes corporaciones informáticas, periodísticas, del entretenimiento fueron incorporando en sus sitios web la novedosa plataforma para aggiornar sus estrategias de fidelización. La actividad blogger al servicio del marketing tiró por la borda los principios del pronetariado y activó el proceso de desintegración de la blogósfera, que se aceleró tras la irrupción de las redes sociales.

Espectadores nació entonces a contramano de una tendencia irreversible. Con perdón del oxímoron trillado, nació viejo. Por eso le sienta bien la metáfora del transporte de otros tiempos. Por eso lo imaginamos tranvía cuando cumplió siete años y hoy lo paseamos en un biplano a hélice para que celebre su octavo aniversario.

Por si cupiera alguna duda o asomo de subestimación, este 3 de abril es un buen día para aclarar/afirmar que no es tarea sencilla llevar adelante un blog durante ocho años casi ininterrumpidos. Cuesta encontrar el tiempo necesario para escribir, corregir, ilustrar, contestar comentarios, pensar e implementar cambios. Cuesta robarles horas de vigilia -sobre todo aquéllas de relativa lucidez- al ganapán, a la vida en familia, al cuidado de la salud.

Cuesta hacerse respetar por los agentes de prensa de distribuidoras y festivales, por los organizadores de conferencias y encuentros, por los asesores de figuras públicas, por los periodistas profesionales. Cuesta (cada vez más) superar las propias limitaciones o, en otras palabras, evitar las reiteraciones, ser medianamente original, seguir interesando, reconocer una y otra vez la imposibilidad de abarcarlo todo, mantener la calma ante ciertas inconductas online.

Es posible que José Pablo Feinmann haya tenido razón cuando dijo «en la Argentina no hay pelotudo que no tenga un block (sic)«. Acaso algún compatriota sepa cuántos pelotudos llevamos ocho años actualizando nuestro espacio.

Por si todavía quedara alguna duda o asomo de subestimación, este 3 de abril es un buen día para declarar mi amor por Espectadores. Lo quiero mucho, primero, porque aquí puedo escribir sobre lo que me gusta, alegra, preocupa, indigna, angustia, entristece sin tener que someterme a exigencias editoriales ni de algún superior ni de auspiciantes. Sólo en este sentido mi blog es un medio independiente. Por lo demás, depende de mis circunstancias, de mi formación, de mis inquietudes, de mis convicciones, de mis sentimientos, de mis numerosos defectos.

La segunda gran razón por la que quiero a este pequeño refugio es por la red de lectores más o menos asiduos que supo construir. La integran Jorge, Mabel, Nico, Aberel, Ariel, Nati, Stella, Jor El, Daniela, La Resistente, Ceci, Pati, Beatriz, Mercedes, Miguel (antes Youth), Horacio, Gabriel, Iris, Caro, Eva Giberti (cuánto orgullo) entre otros.

Para algunos de ellos, 2014 equivale al octavo año de relación -en general amorosa- con Espectadores. A estos infatigables seguidores, sin dudas corresponde agradecerles la compañía, y sobre todo la paciencia.

Hasta el próximo post, queridos amigos. Permítanme mandarles un abrazo cumpleañero, en esta ocasión justo antes de sumergirme en las siempre estimulantes profundidades baficianas

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