Balada de un hombre común, de Ethan y Joel Coen

Como la ya reseñada Ella de Spike Jonze, Balada de un hombre común también desembarcará mañana jueves en las salas porteñas. Nominada a dos premios Oscar, la nueva película de los hermanos Ethan y Joel Coen fue otra gran candidata ignorada en la ceremonia de entrega del domingo 2 de marzo: ni siquiera las hermosas canciones que musicalizan el retrato de un cantante folk condenado al fracaso resultaron motivo suficiente para declararla ganadora en la categoría ‘mezcla de sonido’.

Inside Llewyn Davis es el título original del largometraje… y del único disco que el protagonista grabó en su infructuosa carrera como solista. De esta manera, los Coen anticipan su intención de bucear en la vida de un cantautor que -basta una simple alusión final para dejarlo en claro- tuvo el mal tino de aspirar a cierto reconocimiento justo cuando el público estaba asistiendo al surgimiento de una leyenda.

En otras palabras, Davis -magníficamente interpretado por el poco conocido Oscar Isaac- es el Salieri de Bob Dylan. Acaso los hermanos cineastas hayan tenido esta metáfora en mente cuando le asignaron un papel secundario a F. Murray Abraham, actor que décadas atrás encarnó al compositor italiano que codiciaba el talento de Mozart en la taquillera Amadeus.

Llewyn también evoca al memorable Barton Fink que los Coen concibieron y filmaron a principios de los ’90. El personaje que entonces interpretó John Turturro también luchaba contra un destino empecinado en frustrar su carrera artística, en este caso como guionista. La coincidencia es tal que John Goodman encarna la adversidad en ambas historias (en la aquí comentada, el actor comparte con un gato pelirrojo la misión de representar al maldito azar).

Como en la mayoría de sus largometrajes anteriores, en éste Ethan y Joel también ensayan una teoría pesimista del fracaso. A contramano de los libros de autoayuda, los realizadores lo pintan como un sino inevitable y no como una parada aleccionadora en el camino al éxito. Desde esta perspectiva, Davis tiene algo en común con Sisifo: la circularidad del relato cinematográfico evoca la naturaleza imprescriptible de la la pena impuesta al personaje griego.

Balada de un hombre común deja atrás la desilusión que algunos seguidores de los Coen experimentamos cuando vimos la predecesora Temple de acero. Se trata de un reencuentro doblemente reparador: además de demostrar que los hermanos oriundos de Minnesota siguen siendo fieles a sí mismos, recuerda la existencia de ese otro cine estadounidense distinto (más sustancioso y menos previsible) del que suele premiar Hollywood.

Por si esto fuera poco, Inside Llewyn Davis seduce con una banda sonora que cautiva aún a los legos en materia de música folk, y -no importa cuán discreto sea- con un sentido homenaje al poeta Dylan.

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