Los rostros del Oscar en 2014

Liza Minelli y Kim Novak, mejores que la legendaria estatuilla dorada a la hora de representar al Oscar.
Liza Minelli y Kim Novak, mejores que la legendaria estatuilla dorada a la hora de representar al Oscar.

Puestos a personificar la 86ª entrega de los Oscar que concluyó esta madrugada, algunos espectadores echaríamos mano a dos figuras presentes en la ceremonia: Kim Novack, que subió al estrado del brazo de Matthew McConaughey para anunciar el galardón al mejor corto animado, y Liza Minelli, que la cámara tomó de cerca ante dos o tres intervenciones de la conductora Ellen DeGeneres y al término del homenaje dedicado a la memorable actuación de Judy Garland en El mago de Oz. En contraste con el también veterano Sidney Poitier, que compartió otro segmento del evento con Angelina Jolie, la actriz de Vértigo y la actriz, cantante, showwoman, hija de Vincent y la mencionada Judy se han transformado en la caricatura de lo que alguna vez fueron. Igual impresión provocan las últimas versiones del acto anual que la industria de Hollywood monta hace más de ocho décadas para premiar sus títulos.

Las enormes reproducciones ¿de acrílico? del Oscar que los organizadores colocaron en las márgenes de la histórica alfombra roja y sobre el escenario del teatro Dolby parecen responder al mismo criterio estético que guió la cirugía de los rostros de Kim y Liza. El resultado: una despersonalización brutal que dificulta el reconocimiento de rasgos originales, por lo tanto distintivos, y que contribuye a la consolidación de un espectáculo híbrido y serial.

[Comentario al pasar: seguro está de moda el cabello rapado a los costados pero arriba lo suficientemente largo como para engominarlo hacia atrás que lucieron Brad Pitt, Will Smith, Bono entre otros varones ilustres que la TV mostró anoche. En palabras de Charly García, algunos asociamos el «raro peinado nuevo» a este fenómeno de masificación.]

La serialización siempre atenta contra la riqueza de la condición humana y su obra, y sin embargo hay quienes la disculpan -incluso celebran- en algunos contextos. En éste, por ejemplo, la claque festejó dos confusiones (guionadas, por supuesto) de DeGeneres, que en principio pretendieron bromear sobre lo diverso: en la primera ocasión, la conductora presentó como sommelier al somalí Barkhad Abdi (candidato a mejor actor co-protagónico por Capitán Phillips); en la segunda, felicitó «a la mejor doble» de Minelli (al final de este artículo pretendidamente serio, el Washington Post incluye la captura -editada con muy mala leche- de la reacción incómoda de la actriz y cantante).

Los admiradores de Hollywood y su Academia responderán que, con estos gags, la industria se revela menos acartonada de lo que sus detractores sostienen. Y si alguien señalara la hilacha discriminadora de estos chistes, los mismos defensores le recomendarían prestarles atención a las siguientes marcas de compromiso con la diversidad: la conductora de la ceremonia es lesbiana; la película más premiada fue dirigida por un mexicano; una de las películas ganadoras cuenta la historia de un enfermo de sida de vida licenciosa; otra recuerda el pasado esclavista de los Estados Unidos; el ganador del premio al mejor actor co-protagónico dedicó parte de su speech «a los soñadores de Ucrania y Venezuela». ¿Cuánto más abiertos y sensibles pueden ser los organizadores de un evento de estas características?

Los rostros desfigurados de Kim y Liza contrastaron con los rostros ajenos al bisturí de Bruce Dern y June Squibb, también presentes en el teatro Dolby (en tanto actores nominados). La cámara les prestó escasa atención, en parte porque su apariencia desentona con el pretendido glamour hollywoodense, en parte porque ambos trabajaron en la película más injustamente ignorada (Nebraska no ganó siquiera uno de los seis Oscar por los que compitió).

Algunos espectadores relacionamos la previsible preferencia por Gravedad y 12 años de esclavitud con el protagonismo que esta 86ª entrega les acordó a las apariencias artificiosas (cuanto más, mejor). ¿Qué importa la precariedad narrativa de la megaproducción de Alfonso Cuarón cuando ofrece el mejor simulador espacial para pantalla grande? ¿Qué importan películas como The act of killing de Joshua Oppenheimer o La cacería de Thomas Vinterberg, que invitan a reflexionar sobre la complejidad de la violencia humana, cuando el largometraje de Steve McQueen simplifica el tema de la trata de esclavos como si hubiera sido concebido para alumnos iniciales de nuestra escuela secundaria?

Como el rostro de Kirk Douglas en la ceremonia de 2011, los de Novak y Minelli en la edición de 2014 representan al Oscar con mayor elocuencia que la legendaria estatuilla dorada, ahora de apariencia plastificada. De hecho, ilustran el envejecimiento de un premio que disimula la pérdida de brillo propio con distintos bisturíes (la mayoría de origen tecnológico) que lo reducen a la patética caricatura del máximo galardón que ¿alguna vez fue?

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PD 1. El director francés Alain Resnais tuvo el mal gusto de morir un día antes de esta 86ª entrega de los Oscar. Será por este desatino que nadie le dedicó siquiera unas breves palabras anoche en el teatro Dolby.

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PD 2. Este post es producto de la indignación que la premiación de anoche provocó en quien lo redactó. Tal vez (atención: tal vez) este texto habría resultado menos ácido si los miembros de la Academia hubieran votado a Nebraska como mejor película, a Alexander Payne o a Martin Scorsese como mejor director, a Woody Allen como autor del mejor guión original, a Terence Winter como autor del mejor guión adaptado, a Sally Hawkins o a June Squibb como mejor actriz co-protagónica, a Nebraska o a Balada de un hombre común en la categoría «dirección de fotografía».

Si bien no vio todas las películas nominadas en las categorías correspondientes, quien suscribe habría celebrado un Oscar para The act of killing como mejor largometraje documental y otro para La cacería como mejor película extranjera. Asimismo, aunque considera merecidos los galardones para Matthew McConaughey y Jared Leto como mejor actor protagónico y mejor actor co-protagónico respectivamente, habría preferido que ganaran Bruce Dern y Jonah Hill.

Los Oscar concedidos a Cate Blanchett por su desempeño en Blue Jasmine, a Dallas Buyers Club. El club de los desahucidados en la categoría «mejor maquillaje y peinado» y a Gravedad en las categorías «efectos especiales», «edición de sonido» y «mezcla de sonido» constituyen las únicas coincidencias con esta votación personal.

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Hollywood y su muchacho de oro 
 Premios Oscar 2014. Sobre dos nominaciones con poca prensa 
 
Gravedad, de Alfonso Cuarón (reseña)
 
12 años de esclavitud, de Steve McQueen (reseña)
 
Dallas Buyers Club o El club de los desahuciados, de Jean-Marc Vallée
 Blue Jasmine, de Woody Allen
 Nebraska, de Alexander Payne (reseña)
 Philomena, de Stephen Frears (reseña)
 El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese (reseña)
 Agosto, de John Wells
 El sueño de Walt, de John Lee Hancock… y Disney Company (reseña)
 Capitán Phillips, de Paul Greengrass (reseña)
 La cacería, de Thomas Vinterberg (reseña)
 The act of killing, de Joshua Oppenheimer (reseña)