Agosto, de John Wells

Que un autor teatral también escriba la versión cinematográfica de su propio trabajo no es garantía de infalibilidad, pero tal vez aumenta las probabilidades de éxito. Ésta es la primera reflexión que irrumpe en la mente de algunos espectadores apenas terminamos de ver Agosto. De hecho, la adaptación que John Wells dirigió con guión del padre de la criatura (el dramaturgo Tracy Letts) atrapa por virtudes de la pieza homónima original, y porque sabe evitar las taras que encontramos en ejercicios similares pero -pequeño detalle- incapaces de superar la instancia de teatro filmado.

Aunque escasas, las escenas ambientadas en exteriores contribuyen a disimular el ADN teatral. Por lo pronto, vuelve más dinámico un relato que, por motivos obvios, fue concebido para un único escenario: la casa de la familia Weston.

Por las dudas, una breve aclaración antes de continuar… Nadie dice que el ADN teatral sea malo por definición, sino que a veces limita la capacidad expresiva del cine.

El jurado de la Academia de Hollywood distinguió a Agosto con dos nominaciones en el rubro actoral: una para la protagónica Meryl Streep; otra para la co-protagónica Julia Roberts. Estas candidaturas inspiran una segunda reflexión en la porción de público mencionada al principio del post, esta vez, sobre el efecto nocivo de la estelaridad.

De nuevo, nadie pretende descalificar. Al contrario, debe decirse que ambas actrices dan lo mejor de sí en la piel de madre e hija al borde de la enemistad. Sin embargo, a algunos espectadores nos parece que Violet y Barbara se parecen demasiado a Meryl y Julia respectivamente. Dicho de otro modo, las estrellas tapan a los personajes*.

Quizás porque los vemos con menos frecuencia, no nos ocurre lo mismo con los excelentes Chris Cooper y Margo Martindale. Tenemos, en cambio, nuestros reparos con Ewan McGregor, Dermot Mulroney, Juliette Lewis.

Desde esta perspectiva, tanta luz estelar constituye el gran defecto de la adaptación cinematográfica aquí comentada. En otras palabras, con actrices protagónicas menos taquilleras, la Agosto de celuloide habría gustado todavía más a cierto segmento (poco representativo, seguramente) de cinéfilos.

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* Puesta a elegir como miembro imaginario del jurado de la Academia de Hollywood, quien suscribe votaría por Cate Blanchett o Judi Dench antes que por Streep, y por June Squibb o Sally Hawkins antes que por Roberts. Que conste: no puede pronunciarse sobre Amy Adams ni Jennifer Lawrence porque todavía no vio Escándalo americano.

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PD. De las reseñas dedicadas a las películas que competirán en la 86ª entrega de los Oscar, ésta es la última que Espectadores publica antes de la ceremonia (quedan para más adelante los posts -o apenas breves comentarios- sobre Escándalo americano, La grande bellezaEllaBala de un hombre común). El blog cubrirá el evento anunciado para la noche del domingo, no en vivo y en directo como años atrás, sino con alguna mezcla de síntesis y opinión que aparecerá online entre la tarde del lunes y la mañana del martes siguientes, feriados de carnaval.

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Dallas Buyers Club o El club de los desahuciados, de Jean-Marc Vallée
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 12 años de esclavitud, de Steve McQueen (reseña)
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 Gravedad, de Alfonso Cuarón (reseña)
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